EL EM­PRE­SA­RIO DE LA CA­ZA EN ÁFRI­CA

Tiempo - - PORTADA -

El es­ta­dou­ni­den­se Jeffrey Rann es la per­so­na que apa­re­ce jun­to al Rey en las dos fotos de 2006 en las que am­bos po­san tras aba­tir un ele­fan­te y un par de bú­fa­los. Las dos imá­ge­nes es­ta­ban en su pá­gi­na web (www. rann­sa­fa­ris.com), que fue can­ce­la­da po­cas ho­ras des­pués de que se co­no­cie­se que el mo­nar­ca se ha­bía ro­to la ca­de­ra mien­tras se en­con­tra­ba de ca­za en Bot­sua­na. Rann (en la fo­to, con su hi­jo Ja­red por­tan­do dos col­mi­llos de ele­fan­te) es un exi­to­so em­pre­sa­rio pro­ce­den­te de Te­xas que ha en­con­tra­do en Áfri­ca su par­ti­cu­lar mo­do de vi­da. Des­de ha­ce años or­ga­ni­za sa­fa­ris pa­ra aris­tó­cra­tas y gen­te de di­ne­ro de to­do el mun­do y cuan­do al­guien tan co­no­ci­do co­mo don Juan Car­los se pre­sen­ta en sus fin­cas del del­ta del Oka­van­go, no du­da en acom­pa­ñar­le y ha­cer­se una fo­to de re­cuer­do con pa­qui­der­mos o ani­ma­les co­mo los leo­nes, leo­par­dos o ri­no­ce­ron­tes pa­ra pu­bli­ci­tar su ne­go­cio. Una es­tan­cia de en­tre una se­ma­na y do­ce días en uno de sus cam­pa­men­tos con­lle­va una li­cen­cia es­pe­cial del Go­bierno de Bot­sua­na pa­ra ca­zar un nú­me­ro muy res­trin­gi­do de ani­ma­les. El ele­fan­te es la pie­za más co­di­cia­da, ya que su­pera los 35.000 eu­ros en fun­ción de su tamaño. La ca­za de un león o un leo­par­do pue­de acer­car­se a es­ta ci­fra, mien­tras que la ca­za de un bú­fa­lo os­ci­la al­re­de­dor de los 20.000 eu­ros y la de otros ani­ma­les más pe­que­ños, de los 10.000 eu­ros. So­bre la ho­ra en la que el mo­nar­ca su­frió el per­can­ce, en­tre las 04.00 y las 05.00 ho­ras del día 13 de abril, va­rios fo­ros ci­ne­gé­ti­cos han ad­ver­ti­do que esa ho­ra, en ple­na no­che ce­rra­da, es la me­jor pa­ra sa­lir a ca­zar fe­li­nos co­mo el leo­par­do o el gue­par­do, que sue­len acu­dir a la lla­ma­da del ce­bo del an­tí­lo­pe. Se­gún el Dia­rio de Na­va­rra, “no es de ex­tra­ñar que la ca­za de es­tas fie­ras es­tu­vie­ra en el pro­gra­ma del safari” que el Rey tuvo que in­te­rrum­pir tras tro­pe­zar con un es­ca­lón que ha­bía en su re­si­den­cia y rom­per­se la ca­de­ra. Los ca­za­do­res es­pa­ño­les, jun­to a los es­ta­dou­ni­den­ses, son más da­dos a ir a por el trofeo en la ca­za ma­yor, mien­tras que otros aman­tes de la ca­za, co­mo los ale­ma­nes o bri­tá­ni­cos, son más par­ti­da­rios de vi­vir la ex­pe­rien­cia del lan­ce. Rann sa­cia la adre­na­li­na de sus clien­tes ofre­cien­do las me­jo­res fin­cas del nor­te de Bot­sua­na, con re­si­den­cias de lu­jo y los me­jo­res ca­za­do­res de la zo­na pa­ra que el safari siem­pre sea un éxi­to. Don Juan Car­los ha es­ta­do más de una vez en es­te lu­gar del sur de Áfri­ca ya que en 2005, tras el ac­ci­den­te del Cougar en Af­ga­nis­tán en el que mu­rie­ron 17 mi­li­ta­res es­pa­ño­les, se su­po que es­ta­ba de ca­ce­ría en Bot­sua­na. El Prín­ci­pe fue el en­car­ga­do de re­ci­bir los cuer­pos sin vi­da en Ma­drid.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.