A por nue­ces

Tiempo - - OPINIÓN - ELI­SA BE­NI

el nue­vo pa­pel de los ciu­da­da­nos en la so­cie­dad de In­ter­net lle­va a los po­lí­ti­cos al re­tor­te­ro. El pa­pel es nue­vo, pe­ro los elec­to­res son los mis­mos. Ha­bas con­ta­das.

Hay, pues, que cor­te­jar­los, con­ven­cer­los y se­du­cir­los con sus pro­pios me­dios. En ello an­dan, la ma­yo­ría de fal­se­ras. In­du­ci­dos y obli­ga­dos por sus ma­gos de la co­mu­ni­ca­ción. Apa­re­cen pe­ro no es­tán y, por tan­to, no con­ven­cen. El pú­bli­co es exi­gen­te y pi­de ho­nes­ti­dad en es­te es­fuer­zo, le ca­brean los opor­tu­nis­tas.

Ca­da vez apa­re­cen más elec­tos que pa­san la prue­ba del al­go­dón. Esos que se re­ve­lan co­mo las nue­vas for­mas de ser y de es­tar en la po­lí­ti­ca. Los hay en todos los par­ti­dos. Pron­to se­rán le­gión. No se tra­ta de un ca­mino sin es­pi­nas. Exis­ten ries­gos que los ser­vi­do­res pú­bli­cos tam­bién de­be­rán sor­tear. Ob­viar el rui­do. La Red es co­mo un ca­ble de al­ta ten­sión, lo pro­du­ce en su pro­pia

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