BE­LIN­DA WAS­HING­TON

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AC­TRIZ Be­lin­da Was­hing­ton (Ches­hi­re, In­gla

te­rra, 1963) sal­tó a la fa­ma cuan­do Je­sús Hermida la eli­gió pa­ra tra­ba­jar

en uno de sus pro­gra­mas. Lue­go en­fo­có su ca­rre­ra ha­cia la in­ter­pre­ta­ción y aho­ra es­tá co­se­chan­do un gran éxi­to gra­cias a su par­ti­ci­pa­ción en el mu­si­cal que re­crea las aven­tu­ras del per­so­na­je in­fan­til Ge­ró­ni­mo Stil­ton, un ra­tón crea­do por la ita­lia­na Elisabetta Da­mi y que lle­va ven­di­dos 46 mi­llo­nes

de li­bros en to­do el mun­do. ¿Al­gu­na vez se ima­gi­nó que aca­ba­ría tra­ba­jan­do en un mu­si­cal in­fan­til? No. Ha­bía he­cho mu­si­ca­les, pe­ro un in­fan­til nun­ca. Es mi pri­me­ra fun­ción pa­ra ni­ños y me lo pa­so me­jor que ellos. ¿Co­no­cía el fe­nó­meno de Stil­ton? Sí, a mis hi­jas les he leí­do más de un li­bro. ¿Y ellas qué pien­san del mu­si­cal? Lo han vis­to un mon­tón de ve­ces, se sa­ben las can­cio­nes y les en­can­ta. ¿Cuál cree que es el se­cre­to del éxi­to de Ge­ró­ni­mo Stil­ton? Yo creo que es el he­cho de que Ge­ró­ni­mo sea un per­so­na­je lim­pio y pu­ro. Es cu­rio­so: Stil­ton es pe­rio­dis­ta y es­cri­be en una vie­ja má­qui­na de es­cri­bir, pe­ro se­gu­ra­men­te los ni­ños ni si­quie­ra se­pan qué es ese ar­ti­lu­gio… Yo creo que los ni­ños lo que quie­ren es vi­vir una aven­tu­ra, lo de­más les da igual. ¿Per­ci­be di­fe­ren­cias en­tre el pú­bli­co adul­to y el in­fan­til? Sí, con los ni­ños la cuar­ta pa­red de­sa­pa­re­ce por com­ple­to, mien­tras que los adul­tos cuan­do van al teatro son me­nos in­ter­ac­ti­vos. En cual­quier ca­so, yo no­to más di­fe­ren­cias en­tre el pú­bli­co de los di­fe­ren­tes lu­ga­res de España que en­tre los adul­tos y los ni­ños. No es lo mis­mo ac­tuar en Bil­bao que en Va­len­cia. ¿Y cuál es el me­jor pú­bli­co? El que quie­re di­ver­tir­se. Aho­ra mis­mo es­tá vol­ca­da en la in­ter­pre­ta­ción, pe­ro se le re­sis­te el ci­ne. ¿Pa­ra cuán­do el salto a la pan­ta­lla gran­de? Pues no sé, qui­zás cuan­do ten­ga 80 años me ofrez­can ha­cer Pa­sean­do a Miss Daisy. Pe­ro me da igual, yo se­gui­ré tra­ba­jan­do y lo que ten­ga que ve­nir ven­drá. ¿Siem­pre qui­so ser ac­triz? Sí, aun­que tu­ve que es­pe­rar a des­pués de la ca­rre­ra por de­seo de mis pa­dres y a que Hermida me co­gie­ra pa­ra su pro­gra­ma. ¿Có­mo le con­tra­tó Je­sús Hermida? Pues sen­ci­lla­men­te me di­jo: “No sé pa­ra qué sir­ves, pe­ro sé que sir­ves”. Y, a pe­sar de eso, en aque­llos tiem­pos me tem­bla­ba to­do por­que yo siem­pre fui muy tí­mi­da, has­ta el pun­to de que cuan­do iba a la fa­cul­tad me cam­bia­ba de ace­ra pa­ra no en­con­trar­me con la gen­te. Aho­ra ya de tí­mi­da no ten­go na­da, lo he su­pe­ra­do. In­ter­pre­ta, can­ta, pre­sen­ta... Es us­ted una mu­jer muy po­li­fa­cé­ti­ca, pe­ro en España la ver­sa­ti­li­dad no es­tá bien vis­ta. Sí, es un po­co frus­tran­te. ¿Por qué al­guien que es­cri­be no pue­de pin­tar tam­bién? A mí me gus­tan mu­chas co­sas, des­de in­ter­pre­tar, can­tar o pre­sen­tar has­ta es­cri­bir, bai­lar, pin­tar, ha­cer pun­to, e in­clu­so voy a em­pe­zar a ha­cer mer­me­la­das. ¿Có­mo ve la cri­sis eco­nó­mi­ca? Pues veo mu­cha ma­ni­pu­la­ción, mu­chos in­tere­ses ocul­tos, mu­chos in­ten­tos de asus­tar a la gen­te… Y lue­go hay co­sas que no en­tien­do: el teatro es­tá lleno todos los días, lle­gan las va­ca­cio­nes y Ma­drid se que­da va­cío, los ban­cos si­guen te­nien­do be­ne­fi­cios... Es­tos días se cum­ple un año del 15-M. ¿Qué le pa­re­ce es­te mo­vi­mien­to? Cuan­do sur­gió me gus­tó mu­cho y di­je: “Ole, ole y ole”. Pe­ro aho­ra, pa­sa­do el tiem­po, creo que al mo­vi­mien­to le ha­ce fal­ta un guía, un gu­rú. No­to que el 15-M es­tá un po­qui­to des­mem­bra­do y le ven­dría bien to­mar más po­ten­cia.

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