LOS AMIGOS DE PIE­RRE

Son gua­pos, ri­cos y fa­mo­sos. Com­po­nen una ex­clu­si­va for­ma­da al­re­de­dor de Pie­rre Casiraghi, hi­jo de Ca­ro­li­na de Mó­na­co, que igual bri­lla en even­tos gla­mu­ro­sos que pro­ta­go­ni­za las pá­gi­nas de sucesos.

Tiempo - - SOCIEDAD - MA­CU LLO­REN­TE

En torno a Pie­rre, el ter­cer hi­jo de Ca­ro­li­na de Mó­na­co y Ste­fano Casiraghi, gra­vi­ta la al­ta so­cie­dad in­ter­na­cio­nal. Con un ai­re en­tre snob y chic, el jo­ven Gri­mal­di aca­pa­ra la aten­ción de los me­dios y allá don­de va pro­vo­ca una gran ex­pec­ta­ción. Al igual que sus her­ma­nos ha pro­ta­go­ni­za­do cien­tos de por­ta­das, tan­to por su bue­na pre­sen­cia co­mo por su mo­do de vi­da, que en oca­sio­nes tie­ne más que ver con los ba­jos fon­dos que con las bue­nas ma­ne­ras de pa­la­cio. Co­mo al­gu­nos miem­bros de su fa­mi­lia, el prín­ci­pe dís­co­lo pa­re­ce que ha he­cho de la re­bel­día su mo­do de vi­da y se em­pe­ña en com­pli­car­se la vi­da es­can­da­li­zan­do a pro­pios y ex­tra­ños.

Y co­mo no po­día ser de otra for­ma, por­que Dios les cría y ellos se jun­tan, dos de sus com­pa­ñías ha­bi­tua­les son Vla­di­mir Res­toin- Roit­feld y Sta­vros Niar­chos III. Bas­ta con leer sus ape­lli­dos pa­ra ha­cer­nos una idea de su po­de­río. Jun­tos han crea­do una pan­di­lla en la que so­lo los gla­mu­ro­sos, ri­cos y fa­mo­sos de fa­mi­lia bien tie­nen ca­bi­da. Una lis­ta en la que es­tás o no es­tás y no hay me­dias tin­tas.

Los co­le­gas de Pie­rre tie­nen en común la per­te­nen­cia a fa­mi­lias que es­tán fo­rra­das. Han te­ni­do la vi­da muy fá­cil, por eso, lo más ha­bi­tual es en­con­trar­les en pla­yas ex­clu­si­vas, dis­co­te­cas de mo­da y even­tos de al­to ca­ché a los que so­lo pue­den asis­tir unos cuan­tos afor­tu­na­dos. Lo su­yo es so­bre to­do la fies­ta y no hay ci­ta im­por­tan­te que no cuen­te con su pre­sen­cia, por al­go son ex­per­tos en ani­mar las sa­raos más in de las ca­pi­ta­les de mo­da. Aun­que a ve­ces se les va la mano y la mon­tan. Pe­ro no im­por­ta, has­ta pa­ra eso tie­nen cla­se.

La úl­ti­ma sa­li­da agi­ta­da que pro­ta­go­ni­za­ron tuvo lu­gar ha­ce po­cos me­ses en Nue­va York, en el club Dou­ble Se­ven si­tua­do en el Meat­pac­king Dis­trict, uno de los ba­rrios de mo­da de Man­hat­tan. Pie­rre, Vla­di­mir y Sta­vros sa­lie­ron a di­ver­tir­se y la lia­ron a lo gran­de con el due­ño del lo­cal. Tras la pe­lea, el hi­jo de Ca­ro­li­na su­frió cor­tes pro­fun­dos en el ros­tro y aca­bó en el hos­pi­tal, aun­que fue da­do de al­ta la mis­ma no­che. Pa­re­ce que una bo­te­lla de vod­ka de 500 dó­la­res (390 eu­ros) y su afán por sen­tar­se en la me­jor me­sa de la dis­co­te­ca fue­ron los mo­ti­vos que lle­va­ron al prín­ci­pe mo­ne­gas­co a par­tir­se la ca­ra con el due­ño, el em­pre­sa­rio es­ta­dou­ni­den­se Adam Hock.

Los cir­cui­tos de la mo­da.

¿Pe­ro quié­nes son es­tos chi­cos que han es­tu­dia­do en co­le­gios in­ter­na­cio­na­les y han re­ci­bi­do una ex­qui­si­ta educación,

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