En los úl­ti­mos 17 años la ca­pi­tal ha lo­gra­do re­du­cir en un 40% las emi­sio­nes de C0

Tiempo - - MEDIO AMBIENTE -

vin­cu­la­ción que es­ta­ble­ce su plan en­tre soluciones ver­des y cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co y crea­ción de em­pleo. Tam­bién fue al­ta­men­te va­lo­ra­da la efec­ti­va cam­pa­ña de co­mu­ni­ca­ción que la ciu­dad ha sa­bi­do lle­var a ca­bo, lo­gran­do que sus ciu­da­da­nos se sien­tan par­te de la so­lu­ción.

Un cam­bio de mo­de­lo vi­sio­na­rio.

Aun­que, en reali­dad, la con­cien­cia eco­lo­gis­ta de los da­ne­ses lle­va dé­ca­das ma­du­ran­do. El ori­gen se en­cuen­tra en el vi­sio­na­rio cam­bio de mo­de­lo ener­gé­ti­co que es­ta na­ción adop­tó a raíz de la cri­sis del pe­tró­leo de me­dia­dos de los 70. Más allá de con­ver­tir­se en el pri­mer país del mun­do en es­ta­ble­cer un Mi­nis­te­rio del Me­dio Am­bien­te, Di­na­mar­ca em­pe­zó a tra­ba­jar de lleno pa­ra dis­mi­nuir su de­pen­den­cia de los com­bus­ti­bles fó­si­les, in­vir­tien­do con con­vic­ción en el to­da­vía po­co evo­lu­cio­na­do cam­po de las re­no­va­bles. Es­tra­te­gia que man­tu­vo in­clu­so tras des­cu­brir im­por­tan­tes re­ser­vas de gas y pe­tró­leo cer­ca de sus cos­tas. Di­na­mar­ca tam­bién ce­rró sus puer­tas a la pro­duc­ción de energía nu­clear en 1985.

Des­de su es­ta­tus de ca­pi­tal, Co­pen­ha­gue se ha con­ver­ti­do en em­ble­ma de es­te mo­de­lo. En los úl­ti­mos 17 años ha lo­gra­do re­du­cir en un 40% las emi­sio­nes de dió­xi­do de car­bono (CO ) y su ob­je­ti­vo aho­ra es anu­lar­las por com­ple­to pa­ra 2025. Pa­ra ello, ha ela­bo­ra­do un de­ta­lla­do plan en el que se con­cre­tan tan­to las me­di­das co­mo las in­ver­sio­nes que se ne­ce­si­tan pa­ra al­can­zar es­ta me­ta.

La más am­bi­cio­sa es la tran­si­ción com­ple­ta de las cen­tra­les de pro­duc­ción de energía a las re­no­va­bles, que pro­ce­de­rán del vien­to, la bio­ma­sa y la energía geo­tér­mi­ca, prin­ci­pal­men­te. Otro ob­je­ti­vo es que al me­nos el 75% de los des­pla­za­mien­tos den­tro de la ciu­dad se reali­cen a pie, en bi­ci­cle­ta o en trans­por­te pú­bli­co, cu­ya con­ver­sión a la energía eléc­tri­ca o a los bio­com­bus­ti­bles tam­bién se­rá to­tal.

Aun así, Co­pen­ha­gue se­gui­rá pro­du­cien­do un mí­ni­mo de emi­sio­nes por­que, en­tre otros mo­ti­vos, re­sul­ta im­pro­ba­ble que to­dos los ciu­da­da­nos re­nun­cien al co­che o se pa­sen al mo­de­lo eléc­tri­co. Con es­to en men­te, la ciu­dad se ha com­pro­me­ti­do a pro­du­cir más energía ver­de de la que ne­ce­si­ta pa­ra lo­grar así que la ba­lan­za to­tal aca­be sien­do igual a ce­ro.

A pe­da­les. Las bi­ci­cle­tas en Co­pen­ha­gue han ido sus­ti­tu­yen­do po­co a po­co a los coches.

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