MARGARITA SA­LAS

Tiempo - - LA ÚLTIMA -

BIÓ­LO­GA Aca­ba de pre­si­dir el ju­ra­do de las be­cas L’Oréal-Unesco. En tiem­pos de re­cor­tes su­pon­go que la apor­ta­ción de las em­pre­sas es más ne­ce­sa­ria que nun­ca... Sí, las ayu­das es­ca­sean, y mu­cho más pa­ra la gen­te jo­ven que es­tá em­pe­zan­do. Esas be­cas son pa­ra mu­je­res. ¿Hay mu­cho ma­chis­mo en el mun­do de la cien­cia? Ca­da vez me­nos, pe­ro sí es ver­dad que la mu­jer to­da­vía ne­ce­si­ta un em­pu­jón. Sin em­bar­go, he vis­to que en el lu­gar en el que us­ted tra­ba­ja [Cen­tro de Bio­lo­gía Mo­le­cu­lar Se­ve­ro Ochoa] la ma­yo­ría del per­so­nal son mu­je­res. Sí, en los la­bo­ra­to­rios hay ma­yo­ría de mu­je­res, pe­ro, a me­di­da que va­mos su­bien­do en el ni­vel pro­fe­sio­nal, hay me­nos. Las mu­je­res to­da­vía no han lle­ga­do a la di­rec­ción. ¿Y lle­ga­rán al­gún día? Se­gu­ro. Calcu­lo que co­mo mu­cho en 15 o 20 años al­can­za­rán el ni­vel que les co­rres­pon­de por ca­pa­ci­dad y tra­ba­jo. Yo no quie­ro cuo­tas. Quie­ro que las mu­je­res en­tre­mos en los si­tios por mé­ri­tos pro­pios. ¿Se in­ves­ti­ga bien en Es­pa­ña? Sí. El pro­ble­ma es la fal­ta de re­cur­sos eco­nó­mi­cos, por­que es­ta­mos muy por de­ba­jo de la me­dia eu­ro­pea. Y en­ci­ma lo pri­me­ro que se sue­le re­cor­tar en tiem­pos de cri­sis es la in­ves­ti­ga­ción. Sí, pe­ro la ver­dad es que es po­co ra­zo­na­ble re­cor­tar en cien­cia. Co­mo de­cía Se­ve­ro Ochoa, “un país sin in­ves­ti­ga­ción es un país sin desa­rro­llo”. El di­ne­ro de la cien­cia no es mu­cho y, pa­ra lo po­co que es, se ha­ce mu­cho da­ño cuan­do se re­cor­ta. Es el cho­co­la­te del lo­ro. Pe­ro es que los po­lí­ti­cos pien­san en el cor­to pla­zo, no en el fu­tu­ro... Ese es el pro­ble­ma, que la cien­cia no es cor­to­pla­cis­ta, y los po­lí­ti­cos so­lo pien­san en pe­rio­dos de cua­tro años. ¿Le cons­ta que se es­tén mar­chan­do nues­tros ce­re­bros fue­ra de Es­pa­ña? Al­gu­nos sí. Los que más es­tán su­frien­do son los jó­ve­nes in­ves­ti­ga­do­res. Una vez que ter­mi­nan la te­sis, el pa­no­ra­ma es com­pli­ca­do. Si se que­dan en Es­pa­ña, ma­lo por­que no hay sa­li­das. Y si se van al ex­tran­je­ro, la vuel­ta se­rá muy di­fí­cil. Y lo más pro­ba­ble es que, si les va bien fue­ra, se aca­ben que­dan­do en el país de aco­gi­da. “¡Que in­ven­ten ellos!”. ¿El ca­rác­ter es­pa­ñol es­tá re­ñi­do con la cien­cia? Eso es un mi­to. El es­pa­ñol es­tá tan do­ta­do pa­ra la cien­cia co­mo cual­quie­ra. ¿Ten­dre­mos al­gún día otro pre­mio No­bel de cien­cias? Sí, cla­ro, pe­ro cuan­do ha­ya más in­ves­ti­ga­do­res. El pro­ble­ma es que en Es­pa­ña no hay ma­sa crí­ti­ca. Hay bue­nos in­ves­ti­ga­do­res, pe­ro pocos. Pa­ra que sal­ga un pre­mio No­bel ha­cen fal­ta mu­chos más. ¿Qué sien­te cuan­do ve que va­rios cen­tros de edu­ca­ción lle­van su nom­bre? Una sa­tis­fac­ción enor­me. En Es­pa­ña es po­co co­mún ese ti­po de re­co­no­ci­mien­tos en vi­da... Sí, nor­mal­men­te se sue­len acor­dar de ti cuan­do te mue­res. ¿Us­ted pien­sa ju­bi­lar­se al­gu­na vez? En teo­ría es­toy jubilada, pe­ro si­go tra­ba­jan­do y es­pe­ro que me de­jen tra­ba­jar has­ta que el cuer­po aguan­te. Si fue­ra por mí no me ju­bi­la­ría nun­ca. Es­te tra­ba­jo es mi vi­da.

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