EL MAL EJEM­PLO IR­LAN­DÉS

Tiempo - - ECONOMÍA -

El Go­bierno tie­ne ya ejem­plos de có­mo no se ges­tio­na un ban­co ma­lo. El más pró­xi­mo, de ha­ce so­lo dos años, es el NA­MA, nom­bre de la en­ti­dad que re­co­gió to­dos los ac­ti­vos in­mo­bi­lia­rios de la ban­ca de Ir­lan­da, en­ton­ces que­bra­da. Los ir­lan­de­ses co­me­tie­ron dos erro­res que aho­ra es­tán pa­gan­do. Hi­cie­ron una qui­ta del va­lor de los ac­ti­vos del 50%, que en­vió una se­ñal de pre­cios equi­vo­ca­da. Cuan­do la en­ti­dad em­pe­zó a ven­der ac­ti­vos el mer­ca­do no acep­tó esa de­va­lua­ción y exi­gió re­ba­jas adi­cio­na­les, lo que obli­gó a pro­vi­sio­nar de nue­vo al ban­co. Con­se­cuen­cia: pér­di­das pa­ra el ban­co y pér­di­das pa­ra el era­rio pú­bli­co. El se­gun­do error fue dar la ges­tión del ban­co a fun­cio­na­rios. El Go­bierno cre­yó que los fun­cio­na­rios eran más dis­ci­pli­na­dos y más neu­tra­les al no es­tar con­ta­mi­na­dos por el mer­ca­do. Tar­da­ron en arran­car el do­ble de tiem­po que si hu­bie­ran si­do pro­fe­sio­na­les in­mo­bi­lia­rios, y ade­más su ges­tión de­ja mu­cho que desear. Bus­can an­tes ha­cer ven­tas que con­se­guir ren­ta­bi­li­dad. El mer­ca­do se ha ins­ta­la­do en una es­pi­ral de re­ba­jas que no tie­ne fin. Con­clu­sión, han tar­da­do dos años en em­pe­zar a ob­te­ner re­sul­ta­dos y no pre­ci­sa­men­te bri­llan­tes.

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