Car­men Ma­chi,

“La reali­dad siem­pre su­pera a la fic­ción”

Tiempo - - SUMARIO -

ac­triz: “La reali­dad siem­pre su­pera a la fic­ción”.

¿Quién te­me a Vir­gi­nia Woolf? es una obra tre­men­da, car­ga­da de ten­sión y sin ape­nas pau­sas... ¿Su­fre mu­cho des­gas­te ha­cién­do­la ca­da tar­de? Sí, es una fun­ción heavy, pe­ro, más que por lo fí­si­co, por­que se aden­tra en mun­dos os­cu­ros. Ago­ta so­bre to­do des­de el pun­to de vis­ta emo­cio­nal. ¿Le lle­ga a afec­tar más allá de la fun­ción, en su vi­da dia­ria cuan­do sa­le del tea­tro? No, no, so­lo du­ran­te la fun­ción. Los ac­to­res so­mos ex­per­tos en des­co­nec­tar y a mí no me afec­ta en ab­so­lu­to. Cuan­do me ba­jo del es­ce­na­rio soy yo, no el personaje. ¿Mart­ha y Geor­ge, los pro­ta­go­nis­tas de la obra, real­men­te se quie­ren? Sí, sí. La ma­yo­ría de la gen­te dis­cu­te y, a pe­sar de ello, se quie­re. El mun­do de la pa­re­ja es muy com­pli­ca­do. ¿Pe­ro es­te ti­po de pa­re­jas exis­te en la reali­dad? Sí, yo to­da­vía no he he­cho nin­gún personaje que no exis­ta en la reali­dad. Es más, la reali­dad siem­pre su­pera a la fic­ción. Y si en­ci­ma el al­cohol es­tá de por me­dio, co­mo pa­sa en es­ta obra... Cla­ro. Cuan­do co­rre el al­cohol pue­den pa­sar mu­chí­si­mas co­sas y se di­cen co­sas que nun­ca se di­cen sin to­mar­se an­tes cua­tro co­pas. El al­cohol po­ten­cia los es­ta­dos in­ter­nos y te vuel­ves más lú­ci­do, por eso se sue­le co­men­tar que los bo­rra­chos siem­pre di­cen la ver­dad. ¿A quién te­me Car­men Ma­chi? No te­mo a na­die ni a na­da. Qui­zás a la muer­te, pe­ro co­mo to­do el mun­do. Pe­ro sí creo que le po­ne al­go ner­vio­sa el mo­men­to de sa­lu­dar al pú­bli­co des­pués de ca­da fun­ción... Ner­vio­sa no, pe­ro me da ver­güen­za por­que soy muy tí­mi­da, co­mo ca­si to­dos los ac­to­res. ¿Y có­mo lo lle­va cuan­do la gen­te la pa­ra por la ca­lle? Son mu­chos años y ya lo ten­go asu­mi­do. Men­ti­ría si di­je­ra que no me gus­ta que me di­gan co­sas por la ca­lle, pe­ro sí es cier­to que a ve­ces es ago­ta­dor. ¿No es in­jus­to que lle­ve ha­cien­do tea­tro des­de 1982 y el gran pú­bli­co no la ha­ya co­no­ci­do has­ta que lle­gó a la te­le­vi­sión en el año 2000? No, no. ¿Qué más da? Sa­lir en te­le­vi­sión no sig­ni­fi­ca te­ner éxi­to, y de­jar de sa­lir tam­po­co tie­ne por qué ser un fra­ca­so. ¿Y qué es el éxi­to en­ton­ces? El éxi­to es ha­cer en ca­da mo­men­to los tra­ba­jos que me ape­te­cen. Han es­tre­na­do es­ta obra de tea­tro con el IVA re­cién subido al 21%. ¿Qué efec­to es­tá te­nien­do en la re­cau­da­ción? Pues de mo­men­to la gen­te si­gue vi­nien­do, y eso sig­ni­fi­ca que el tea­tro es muy im­por­tan­te pa­ra mu­cha gen­te. El tea­tro es un ali­men­to es­pi­ri­tual pa­ra mu­chos y pue­de lle­gar a ser has­ta te­ra­péu­ti­co. La gen­te que vie­ne al tea­tro no sa­le igual que en­tra, les ayu­da­mos a re­fle­xio­nar. ¿Y pue­de ha­ber al­guien in­tere­sa­do en que no se re­fle­xio­ne? Cla­ro. Cuan­to más sa­bes, más pe­li­gro­so te con­vier­tes pa­ra el po­der. Es al­go muy an­ti­guo, por eso la subida del IVA hue­le a eso. No obs­tan­te, creo que suben el IVA del tea­tro por ig­no­ran­cia más que por ma­la in­ten­ción. La ig­no­ran­cia siem­pre ha si­do muy atre­vi­da.

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