Da igual lo jo­di­do que es­té el país. No ten­gan ten­ta­cio­nes. Trái­gan­los sa­nos y sal­vos aun­que cues­te una pas­ta

Tiempo - - OPINIÓN ESPAÑA -

co­que­tea­ron con los avio­nes de ba­ja es­to­fa y así pa­só lo que pa­só. Fue­ron los mis­mos que no tu­vie­ron des­pués la de­cen­cia y las aga­llas de su­pe­di­tar sus in­tere­ses po­lí­ti­cos a la obli­ga­ción mo­ral y le­gal de de­vol­ver­les los res­tos de sus se­res que­ri­dos a esas fa­mi­lias que ha­bían en­tre­ga­do a la pa­tria lo me­jor que te­nían. Les die­ron ga­to por lie­bre y eso bue­na par­te del Ejér­ci­to no lo ha asi­mi­la­do. Son ague­rri­dos, es­for­za­dos, su­fri­dos y bien man­da­dos y las per­so­nas que les es­pe­ran en Es­pa­ña, tam­bién. No jue­guen con eso. Trái­gan­los sa­nos y sal­vos aun­que cues­te una pas­ta. To­tal, ya es­ta­mos em­pe­ña­dos has­ta quién sa­be qué ge­ne­ra­ción pa­ra pa­gar las aven­tu­ras de los ban­que­ros y los in­tere­ses, a los que se fo­rran con nues­tro do­lor. No ju­gue­mos con la po­si­bi­li­dad de in­fli­gir­lo de for­ma in­de­le­ble por unos cuan­tos mi­llo­nes.

No es­ca­ti­men.

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