“A la cul­tu­ra se le pue­de apo­yar de mu­chas ma­ne­ras, pe­ro no su­bien­do el IVA”

Tiempo - - CULTURA - POR JUAN AN­TO­NIO LLO­REN­TE

en el mun­do de las sin­fo­nías exis­te un nú­me­ro fa­tal: el 9, que no pu­die­ron su­pe­rar ni Beet­ho­ven ni Schu­bert, en­tre otros. Ha­ce dos me­ses, To­más Mar­co (Ma­drid, 1942), atra­ve­sa­ba el te­mi­do Rubicón con el es­treno de su Dé­ci­ma sin­fo­nía, In­fi­ni­ta. Un tí­tu­lo que des­cri­be su pro­duc­ción, en la que ca­ben más de 250 obras en to­dos los for­ma­tos. Prue­ba del tra­ba­jo de un com­po­si­tor que ha sa­bi­do si­mul­ta­near su ac­ti­vi­dad con las fa­ce­tas de es­cri­tor, pe­da­go­go o crí­ti­co; o un em­pren­de­dor que ha pues­to en mar­cha re­vis­tas co­mo Son­da; o un ges­tor, co­mo di­rec­tor téc­ni­co de la Or­ques­ta Na­cio­nal de Es­pa­ña. In­clu­so po­lí­ti­co, co­mo di­rec­tor ge­ne­ral del Inaem... La SGAE ce­le­bra aho­ra el 70 aniver­sa­rio de Mar­co con un con­cier­to en el Au­di­to­rio 400 de Ma­drid en torno a su mú­si­ca. Los compositores con­tem­po­rá­neos se que­jan de que no se pro­gra­ma su mú­si­ca. No es su ca­so. Creo que no so­lo ocu­rre con la mú­si­ca de los con­tem­po­rá­neos. En ge­ne­ral, lo que no se pro­gra­ma en las or­ques­tas de nues­tro país es mú­si­ca es­pa­ño­la. De vez en cuan­do la sin­fo­nía de Arria­ga y mu­chas ve­ces El som­bre­ro de tres pi­cos o el Con­cier­to de Aran­juez. Quien re­pa­se la ofer­ta pa­ra es­te año, que me di­ga cuán­tas obras en­cuen­tra de Es­plá, Tu­ri­na o Gu­ri­di. Prác­ti­ca­men­te nin­gu­na. El mis­mo de­re­cho que te­ne­mos a que­jar­nos los vi­vos po­drían te­ner­lo los compositores del XVIII o XIX. En 1967, en su pri­mer ar­tícu­lo en Son­da, de­cía: “Siem­pre me ha in­tere­sa­do el hu­mor en la mú­si­ca”. ¿Hay que qui­tar­le se­rie­dad pa­ra ga­nar adep­tos? El pro­ble­ma no es tan­to ha­cer hu­mor co­mo res­tar­le tras­cen­den­cia y sa­cra­li­dad. Qui­tar­le el al­mi­dón, di­ga­mos. Us­ted ha crea­do fes­ti­va­les pa­ra la mú­si­ca con­tem­po­rá­nea en Gra­na­da o Ali­can­te. ¿Era su vía de ayu­da? Fue la que tu­ve en la me­di­da en que con­té con ca­pa­ci­dad de or­ga­ni­za­ción en una épo­ca. Pe­ro hay mu­chas otras ma­ne­ras. Los que de­be­rían apo­yar­la aho­ra, que son las cla­ses di­ri­gen­tes y los po­lí­ti­cos, tie­nen ar­mas en su mano pa­ra ha­cer­lo, en lu­gar de des­tro­zar­la. A la cul­tu­ra se la pue­de apo­yar de mu­chas ma­ne­ras, en nin­gún ca­so su­bien­do el IVA o co­sas así. ¿Sus co­le­gas le han re­co­no­ci­do el em­pe­ño? Su­pon­go que unos sí y otros no. Co­mo pa­sa en to­das las co­sas. Pe­ro no es al­go que me qui­te el sue­ño [ríe]. ¿Su nom­bre es tan familiar fue­ra co­mo en Es­pa­ña? Se me co­no­ce, sa­ben quién soy. Al­gu­na de las obras cir­cu­la por ahí. Pe­ro es­ta es otra de las co­sas en las que, de ca­ra al ex­te­rior, ca­re­ce­mos de un apo­yo real de nues­tro país. Otros lo de­fien­den de ma­ne­ra mu­cho más vi­va. Pe­ro eso siem­pre ha ocu­rri­do. En ópe­ras, va por la sex­ta. Es un te­rreno que me in­tere­sa. Pri­me­ro fue el tea­tro mu­si­cal; lue­go vi­nie­ron las ópe­ras. Ten­go la suer­te de que, ex­cep­to una, to­das se han es­tre­na­do. In­clu­so se han re­pues­to va­rias de ellas. Eso no es de­ma­sia­do ha­bi­tual. El ca­ba­lle­ro de la tris­te fi­gu­ra, por ejem- plo, que se aca­ba de re­pre­sen­tar en El Es­co­rial, va aho­ra al fes­ti­val cer­van­tino de Gua­na­jua­to. ¿Cuál no ha es­tre­na­do? Te­no­rio, en torno al te­ma de Don Juan. Un en­car­go del fes­ti­val de Bur­gos, que me pa­ga­ron y de la que se lle­gó a es­tre­nar una pe­que­ña se­lec­ción. Pe­ro con la cri­sis no hu­bo di­ne­ro pa­ra el mon­ta­je. ¿No se ani­ma al gran for­ma­to? A mi edad, si em­pren­die­se un tra­ba­ja­zo co­mo es­cri­bir una ópe­ra de gran for­ma­to ten­dría que ser pa­ra al­guien que de ver­dad la fue­ra a ha­cer, no pa­ra guar­dar­la en el ca­jón. A esas co­sas te atre­ves cuan­do eres jo­ven. ¿En­tre sus as­pi­ra­cio­nes/frus­tra­cio­nes es­ta­ría la po­si­bi­li­dad de que lle­ga­se al Tea­tro Real, al Li­ceu...? Las co­sas a las que no pue­do ac­ce­der no me qui­tan el sue­ño. Por no ser fi­na­lis­ta en Fór­mu­la 1 o ga­nar el Ro­land Ga­rros no voy a de­jar de dor­mir. Eso la gen­te lo com­pren­de, pe­ro no que no me qui­te el sue­ño no ac­ce­der al Real. Si al­gu­na vez me brin­dan la opor­tu­ni­dad, lo ha­ré. Si no se da el ca­so, no me con­si­de­ra­ré en ab­so­lu­to frus­tra­do.

¿Al­gu­na idea a ex­plo­tar?

Cuan­do hi­ce Selene, que es de 1974, em­pe­cé un ópe­ra con idea de que fue­se en for­ma­to gran­de, cen­tra­da en el San

An­to­nio de Flau­bert. Con­ser­vo ma­te­ria­les y co­sas he­chas, así co­mo la mi­tad del li­bre­to, que no lle­gué a ter­mi­nar. Si se me ofre­cie­se la po­si­bi­li­dad, no sé si ha­ría eso u otra co­sa.

Den­tro de unos me­ses se cum­ple me­dio si­glo del es­treno de su pri­me­ra obra. ¿Se re­co­no­ce en ella?

Uno se re­co­no­ce siem­pre en to­das sus obras. Evo­lu­cio­nas, ma­du­ras y, aun­que no pue­des de­cir si tus me­jo­res obras son las pri­me­ras o las úl­ti­mas, en to­das hay una im­pron­ta del au­tor. Uno ha­ce lo que sien­te, y eso se no­ta.

¿Se le ha ol­vi­da­do su pa­so por la Ad­mi­nis­tra­ción?

No, pe­ro cuan­do ter­mino un co­sa, voy a otra. Aque­llo ha exis­ti­do, y es­tá ahí. No le ten­go ren­cor. Tal vez ca­ri­ño, pe­ro nun­ca nos­tal­gia. He he­cho ra­dio y me gus­ta­ba mu­cho, pe­ro no me he vuel­to a acor­dar mu­cho de aque­llo. He he­cho ges­tión en fes­ti­va­les y or­ques­tas, y tam­bién le ten­go ca­ri­ño. Hay al­gu­nas co­sas que han que­da­do ahí, pe­ro no es pa­ra ir­lo pro­cla­man­do pa­ra que me lo re­co­noz­can ni pa­ra na­da. Ahí es­tán.

Di­ce Bor­ges: “Cual­quier des­tino, por lar­go y com­pli­ca­do que sea, cons­ta en reali­dad de un so­lo mo­men­to: aquel en el que el hom­bre sa­be pa­ra siem­pre quién es”. ¿Tie­ne cla­ro el su­yo?

Pro­ba­ble­men­te uno no sa­be quién es has­ta el fi­nal. Se di­ce que en los úl­ti­mos ins­tan­tes de la vi­da pa­sa por tu ca­be­za con ni­ti­dez to­da tu exis­ten­cia, pe­ro no he pa­sa­do por ahí. De ser así, en el mo­men­to en que lo sa­bes ya no te sir­ve pa­ra na­da. Tie­nes que ir ha­cién­do­te mien­tras.

De los ho­me­na­jes es­tos me­ses, ¿ha ha­bi­do al­guno es­pe­cial­men­te emo­cio­nan­te?

To­do ha si­do muy bo­ni­to, em­pe­zan­do por tan­tos estrenos. Y emo­cio­nan­te, por­que cual­quier re­co­no­ci­mien­to o es­tí­mu­lo te lle­gan al al­ma. Co­mo que la Co­mu­ni­dad de Ma­drid me con­ce­die­ra la Cruz del Dos de Ma­yo, que no me es­pe­ra­ba en ab­so­lu­to. Ni sa­bía que exis­tía.

Al te­ner to­dos los nom­bra­mien­tos aca­dé­mi­cos e ins­ti­tu­cio­na­les, se di­ría que no le que­dan hue­cos pa­ra más sor­pre­sas.

No lo crea. No ten­go, por ejem­plo, la Me­da­lla de las Be­llas Ar­tes...

¿La echa en fal­ta?

No, pe­ro lo he di­cho por­que me ha sa­li­do así...

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.