So­lo en la re­edi­ción del es­pí­ri­tu de con­cor­dia po­drá en­con­trar al­gún ali­vio la si­tua­ción so­cial que vi­vi­mos

Tiempo - - OPINIÓN -

a ha­blar con Mas. Van a oír a Drag­hi y al sur­sun­cor­da si les in­tere­sa.

El in­cre­men­to de las de­sigual­da­des, de las pe­nu­rias del pue­blo, de los mo­vi­mien­tos de re­cha­zo a la so­lu­ción in­jus­ta que se es­tá dan­do a la cri­sis, de­be­rían ha­ber de­ri­va­do ya en una su­ce­sión de reunio­nes a to­das las ban­das, de diá­lo­gos de los po­lí­ti­cos con los ciu­da­da­nos y con la so­cie­dad ci­vil. So­lo en esa re­edi­ción del es­pí­ri­tu de con­cor­dia, de acer­ca­mien­to de po­si­cio­nes, de pac­to, de transac­ción de­mo­crá­ti­ca po­drá en­con­trar al­gún ali­vio la si­tua­ción so­cial en gra­ve de­te­rio­ro que vi­vi­mos. Eso se­ría si hu­bie­ra po­lí­ti­cos con al­tu­ra de mi­ras.

No lo ve­re­mos. Son los que ad­mi­ran tan­to a los ale­ma­nes -has­ta cuan­do nos fus­ti­gan- los que no quie­ren ver que los vo­tos no neu­tra­li­zan la vo­lun­tad en per­ma­nen­te evo­lu­ción de los pue­blos. Así nos va a ir.

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