El Thys­sen re­cu­pe­ra en su nue­va mues­tra al gran ol­vi­da­do del im­pre­sio­nis­mo del si­glo XIX, Gus­ta­ve Cai­lle­bot­te.

El Thys­sen re­cu­pe­ra en su nue­va mues­tra al gran ol­vi­da­do de la nó­mi­na im­pre­sio­nis­ta del si­glo XIX. Cai­lle­bot­te era con­si­de­ra­do por los de­más co­mo un afi­cio­na­do. Es­tá cla­ro que no lo era.

Tiempo - - SUMARIO - Ja­vier Mem­ba

PI­RA­GUAS EN EL RÍO YE­RRES (1877)

Es­te río, pró­xi­mo a una de las pro­pie­da­des de su fa­mi­lia que sir­vió de es­ce­na­rio a va­rias de sus pin­tu­ras, no fue el úni­co. Afi­cio­na­do al pi­ra­güis­mo, el flu­vial fue uno de los te­mas re­cu­rren­tes en la obra del ar­tis­ta. Los re­me­ros, las bar­ca­zas y los puen­tes del Se­na son fre­cuen­tes en su úl­ti­mo dis­cur­so. En opinión de la crí­ti­ca ac­tual, el agua dio un gran di­na­mis­mo a su pin­tu­ra.

BAL­CÓN, BU­LE­VAR HAUSS­MANN (1880)

El Pa­rís de Cai­lle­bot­te fue el de la mo­der­ni­dad ur­ba­nís­ti­ca im­pul­sa­da por Na­po­león III y el ba­rón Hauss­mann. Se ale­jó de los ca­fés, las es­ta­cio­nes y de­más ám­bi­tos del ar­te ur­bano ca­nó­ni­co de la épo­ca, para pin­tar las gran­des ave­ni­das que iban de­jan­do las re­for­mas.

RE­ME­RO CON SOM­BRE­RO DE CO­PA (1878)

Pe­se a que su for­ma­ción era aca­dé­mi­ca, fue rechazado en el pri­mer sa­lón con­tro­la­do por la Aca­de­mia de Be­llas Ar­tes al que se pre­sen­tó. Ape­nas des­cu­brió el im­pre­sio­nis­mo (la rup­tu­ra con el aca­de­mi­cis­mo) se rin­dió fas­ci­na­do a la nue­va es­té­ti­ca. Los orí­ge­nes de su amis­tad con De­gas se re­mon­tan a 1874.

PIN­TO­RES EN UN EDI­FI­CIO (1877)

Ya en su pri­me­ra ex­po­si­ción, la crí­ti­ca con­si­de­ró una vul­ga­ri­dad que un ar­tis­ta re­tra­ta­se a unos obre­ros acu­chi­llan­do el parqué de un sue­lo. A ese Cai­lle­bot­te de ins­pi­ra­ción la­bo­ral tam­bién hay que ads­cri­bir es­te óleo ce­di­do para la oca­sión por una co­lec­ción pri­va­da pa­ri­si­na.

CA­MINO DEL JAR­DÍN Y MACIZOS DE DA­LIAS (1890-91)

A me­nu­do la pos­te­ri­dad dis­pen­sa a los ar­tis­tas una glo­ria que les ne­gó su tiem­po. Ese fue el ca­so de Gus­ta­ve Cai­lle­bot­te. Con­si­de­ra­do en vi­da un me­ce­nas o mar­chan­te de los im­pre­sio­nis­tas, pe­ro po­co más que un di­le­tan­te, ac­tual­men­te es te­ni­do por un des­ta­ca­do miem­bro del gru­po. Es­pe­cial­men­te do­ta­do para la pin­tu­ra de jar­di­nes, es­te óleo es un buen ejem­plo.

CA­LLE DE PA­RÍS, TIEM­PO LLU­VIO­SO (1877)

Fue uno de los pri­me­ros co­lec­cio­nis­tas de Cé­zan­ne, Ma­net, De­gas y Pis­sa­rro. Pe­se a que él mis­mo in­te­gró la pla­na ma­yor del im­pre­sio­nis­mo, de Cai­lle­bot­te sue­le de­cir­se que an­te­pu­so el na­tu­ra­lis­mo a la emo­ción para me­nos­ca­bar­le. La his­to­ria tien­de a ol­vi­dar­le co­mo él se ol­vi­dó de pin­tar el ros­tro de los pro­ta­go­nis­tas de es­te óleo que, pe­se a ser un bo­ce­to, es una de sus obras más co­no­ci­das

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