“No so­por­ta­ría te­ner a To­ri­to en ca­sa vein­ti­cua­tro ho­ras al día”

Tiempo - - VIVIR - Luis Al­go­rri lal­go­rri.tiem­po@gru­po­ze­ta.es

Con cuál de los dos es­toy ha­blan­do? ¿Con Qui­que o con To­ri­to? Con el que quie­ras. Es­to es co­mo las te­le­ope­ra­do­ras, a gus­to del con­su­mi­dor: ¿por quién pre­gun­ta? Qui­que, por fa­vor. Le pa­so [ri­sas]. Yo tam­bién lo pre­fie­ro, pe­ro es­te li­bro es co­sa de To­ri­to. De no ha­ber si­do por él... Es que son quin­ce años de ca­rre­ra, de tra­ba­jo, de alu­ci­nar, de anéc­do­tas. Y pa­ra una vez que es­cri­bo, por­que no voy a es­cri­bir otro li­bro nun­ca más, pues que­ría sacar to­do lo que ten­go den­tro. Pe­ro no te pien­ses que estás ha­blan­do con Jo­sé Luis Mo­reno, ¿eh?, que ya no se sa­be cuán­do es él y cuán­do es el cuervo ese. Yo soy yo. A ve­ces da la im­pre­sión de que no se lle­van del to­do bien us­ted y su

mr. Hy­de. Pues es ver­dad. No siem­pre. To­ri­to es un trans­gre­sor al que le en­can­tan las si­tua­cio­nes ex­tre­mas, ra­ras, de al­ta ve­lo­ci­dad. Yo soy otra co­sa: no so­por­ta­ría te­ner a To­ri­to en mi ca­sa 24 ho­ras al día. Creo que soy mu­cho más tran­qui­lo y nor­ma­li­to que él. Soy sen­si­ble, soy emo­ti­vo, ho­ga­re­ño. Me en­can­ta es­tar con mi pa­re­ja y con mi hi­jo. Y voy a cum­plir 40 años, que se dice pron­to. ¿De ver­dad le re­sul­tó tan trau­má­ti­co de­cir­le a sus pa­dres que era gay? Sí. Es que vi­vi­mos en una bur­bu­ja. Pen­sa­mos que to­do el mun­do es co­mo la gen­te que nos ro­dea, y no es ver­dad. Hay mu­chos pue­blos, hay mu­chos pa­dres que no ha­blan a sus hi­jos por­que son gais. Aho­ra me es­cri­be mu­chí­si­ma gen­te que se ti­ró a la pis­ci­na y no ha­bía agua, que lo con­tó en ca­sa y fue un desas­tre. A mí no me pa­só por­que ten­go unos pa­dres ge­nia­les, pe­ro con­fie­so que es­ta­ba ate­rro­ri­za­do. Y lo fui de­jan­do, de­jan­do... Has­ta que al fin me atre­ví. Y sí, sa­lió muy bien. Hay si­tua­cio­nes en las que tie­nes que afron­tar la reali­dad. Y no pue­des sacar a To­ri­to. ¿Qué ha si­do lo más di­fí­cil de es­te li­bro au­to­bio­grá­fi­co? Te iba a de­cir que ser sin­ce­ro, pe­ro, no. Lo más di­fí­cil ha si­do de­cir la ver­dad sin ha­cer da­ño a la gen­te a la que más quie­ro, a mi pa­re­ja o a mis pa­dres. Nun­ca sa­bes cuán­do vas a ofen­der a al­guien sin que­rer. ¿Por qué dice que nun­ca más vol­ve­rá a es­cri­bir un li­bro? Por­que no soy es­cri­tor. Es­to es una ca­sua­li­dad y no quie­ro que na­die se ofen­da. Aun­que re­co­noz­co que me lo he pa­sa­do muy bien es­cri­bien­do. Y he tra­ba­ja­do mu­cho. ¿Qué quie­re ser cuan­do sea ma­yor, Qui­que? Ya es­toy lle­gan­do a ser ma­yor por­que he lo­gra­do lo que que­ría en la vi­da: ser fe­liz con mi pa­re­ja, con mi hi­jo, con mi tra­ba­jo... Ser fe­liz.

“HAY VE­CES EN QUE HAY QUE AFRON­TAR LA REALI­DAD SIN USAR A TO­RI­TO”

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