“Mis fans son mis te­ra­peu­tas”

Tiempo - - VIVIR - Dirk Stein­metz (DPA)

Ha via­ja­do mu­cho, por lo que el ál­bum no ha sido crea­do en un solo lu­gar. ¿Có­mo lo ha he­cho? Al­gu­nas can­cio­nes las gra­bé en Los Án­ge­les, otras en Lon­dres. Y otras en ha­bi­ta­cio­nes de ho­tel en las que me alo­ja­ba o en la que se en­con­tra­ba al­gún com­pa­ñe­ro con el que he tra­ba­ja­do. Por eso el ál­bum es un po­co es­qui­zo­fré­ni­co, vie­ne de to­das par­tes, pe­ro tie­ne una fres­cu­ra y una ener­gía que me gus­tan mu­cho.

A sus fans les gus­ta es­pe­cu­lar en In­ter­net so­bre el au­tén­ti­co sig­ni­fi­ca­do de sus can­cio­nes. En al­gu­nas es evi­den­te, mien­tras que en otras to­do es po­si­ble. ¿Qué opina? Me gus­tan mu­cho, mis fans son mis te­ra­peu­tas y me di­cen lo que me ocu­rre. A ve­ces son co­sas so­bre las que no he pen­sa­do tan­to, ya que al es­cri­bir, to­do flu­ye des­de mi in­te­rior.

Hay per­so­nas que solo pue­den tra­ba­jar ba­jo pre­sión y que cuan­do tie­nen to­do el tiem­po no con­si­guen sa­car na­da. ¿Es ese su ca­so? Bueno, para Lo­ve Me Bet­ter, por ejem­plo, solo tu­ve cua­tro ho­ras con Ryan Ted­der y para gra­bar la voz solo tu­vi­mos una ho­ra y me­dia. A ve­ces esa pre­sión es de mu­cha ayu­da. Otra can­ción la es­cri­bí en un vue­lo de Ve­ne­cia a Áms­ter­dam y des­pués la gra­bé en solo tres ho­ras, se tra­ta de mi te­ma fa­vo­ri­to del nue­vo dis­co, Lo­se My Num­ber. La pre­sión es a ve­ces muy bue­na.

Ha ven­di­do 20 mi­llo­nes de dis­cos y aho­ra ha cam­bia­do li­ge­ra­men­te el so­ni­do. ¿Es­tá ner­vio­so por lo que opi­nen los fans? Sí. Es mi quin­to ál­bum y to­do lo de­más per­te­ne­ce al pa­sa­do. No quie­ro ha­cer siem­pre lo mis­mo.

Su pa­dre es­tu­vo en el Ejér­ci­to y la fa­mi­lia vi­vió en mu­chos lu­ga­res di­fe­ren­tes. ¿Có­mo le ha in­flui­do? Para un ni­ño es al­go ex­tra­ño te­ner que mu­dar­se siem­pre jun­to a su pa­dre. Vi­ví dos años en Chi­pre, dos años en Hong Kong y dos años en Ale­ma­nia. Lue­go dos años en el nor­te de In­gla­te­rra y otros dos en el sur. Siem­pre es­ta­ba via­jan­do. Cuan­do era pe­que­ño siem­pre te­nía que ha­cer nue­vos ami­gos, lla­mar a la puer­ta de los ve­ci­nos y pre­gun­tar: “¿Vi­ve aquí al­guien de mi edad?”. Por eso no me sien­to solo bri­tá­ni­co, sino que tam­bién en mí hay par­tes de los paí­ses en los que he vi­vi­do.

Se­gu­ra­men­te le ven­dría bien a to­do el mun­do am­pliar sus ho­ri­zon­tes. Ab­so­lu­ta­men­te. Con nues­tras di­fe­ren­cias so­mos más in­tere­san­tes, de­be­ría­mos ce­le­brar­las.

Us­ted eli­gió la mis­ma ca­rre­ra que su pa­dre y es­tu­vo tra­ba­jan­do co­mo sol­da­do en Ko­so­vo. Eso me cam­bió. Des­de en­ton­ces soy cons­cien­te de la suer­te que te­ne­mos de vi­vir en paí­ses que en ge­ne­ral son muy se­gu­ros.

“DE­BE­RÍA­MOS CE­LE­BRAR NUES­TRAS DI­FE­REN­CIAS, NOS HA­CEN IN­TERE­SAN­TES”

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