JUAN FRAN­CIS­CO JI­MENO

Tiempo - - VIVIR - Her­nan­do F. Ca­lle­ja DOC­TOR EN ECO­NO­MÍA

“las po­lí­ti­cas ac­ti­vas de em­pleo no son una pa­na­cea”

Su li­bro, ‘Cre­ci­mien­to y em­pleo. Una re­la­ción tur­bu­len­ta e in­com­pren­di­da’, ha­ce sal­tar al­gu­nos tó­pi­cos y po­ne cor­du­ra y ex­pe­rien­cia en la bús­que­da de so­lu­cio­nes al dra­ma del des­em­pleo.

¿Cuál es la re­la­ción en­tre cre­ci­mien­to y em­pleo, sim­bió­ti­ca, pa­ra­si­ta­ria, equi­li­bra­da?

Es una re­la­ción pro­por­cio­nal. Cre­ci­mien­to de em­pleo y cre­ci­mien­to del PIB van en pa­ra­le­lo, se de­ter­mi­nan con­jun­ta­men­te. De he­cho, la va­ria­ble que in­ter­ce­de en­tre am­bas es el cre­ci­mien­to de la pro­duc­ti­vi­dad, que es cla­ve para el bie­nes­tar y para el desa­rro­llo so­cial. Sin cre­ci­mien­to de la pro­duc­ti­vi­dad no es po­si­ble man­te­ner es­tán­da­res cre­cien­tes de vi­da y no es po­si­ble ha­cer fren­te a los gra­ves le­ga­dos del pa­sa­do, co­mo el en­deu­da­mien­to o el en­ve­je­ci­mien­to de la po­bla­ción.

Con fre­cuen­cia se in­tro­du­ce una cu­ña en­tre cre­ci­mien­to y em­pleo, que es el re­par­to.

Se di­ce que, co­mo hay lí­mi­tes al cre­ci­mien­to y al cre­ci­mien­to del em­pleo solo es po­si­ble crear em­pleo re­par­tién­do­lo. Es una idea bas­tan­te equi­vo­ca­da. Los eco­no­mis­tas te­ne­mos un tér­mino para re­fe­rir­nos a ella, que es la fa­la­cia de la can­ti­dad fi­ja de tra­ba­jo. Es­ta idea de que la can­ti­dad de tra­ba­jo es­tá li­mi­ta­da y que, por tan­to, si que­re­mos au­men­tar el nú­me­ro de per­so­nas ocu­pa­das hay que re­par­tir el em­pleo, ca­re­ce de fun­da­men­to teó­ri­co, la reali­dad em­pí­ri­ca va to­tal­men­te en con­tra de ella y las po­lí­ti­cas de em­pleo que han in­ten­ta­do ha­cer­lo han sido un com­ple­to fra­ca­so.

Una pre­gun­ta re­cu­rren­te: ¿cuán­to hay que cre­cer para crear em­pleo? ¿Ha ba­ja­do el um­bral en es­ta sa­li­da de la cri­sis?

Des­de que en los años ochen­ta se li­be­ra­li­za­ron los con­tra­tos tem­po­ra­les, cuan­do cre­ce­mos, se crea mu­cho em­pleo y en las re­ce­sio­nes se des­tru­ye mu­cho em­pleo. Des­de en­ton­ces, ese um­bral de cre­ci­mien­to para crear em­pleo es muy ba­jo, es­tá en­tre el 0% y el 1%. No es to­tal­men­te cier­to que se ha­ya re­du­ci­do el um­bral para la crea­ción de em­pleo. Y si así fue­ra, no se­ría un buen desa­rro­llo, por­que de­cir que se re­du­ce ese um­bral es de­cir que se re­du­ce el cre­ci­mien­to de la pro­duc­ti­vi­dad.

Se ha­bla de po­lí­ti­cas de em­pleo, po­lí­ti­cas ac­ti­vas, po­lí­ti­cas de gas­to. ¿Hay una re­la­ción di­rec­ta en­tre su cos­te y su efi­ca­cia?

Las po­lí­ti­cas ac­ti­vas tie­nen dos ré­mo­ras. Una es que se efec­túan en épo­cas de re­ce­sión, du­ran­te las cua­les se crean po­cos pues­tos de tra­ba­jo, con lo que, por mu­cho que me­jo­res la em­plea­bi­li­dad, los re­sul­ta­dos no son evi­den­tes en el cor­to pla­zo. La se­gun­da es que la efi­ca­cia de las po­lí­ti­cas ac­ti­vas de­pen­de mu­cho de otras de­ci­sio­nes. Aun­que se gas­te en for­ma­ción, si los em­pre­sa­rios uti­li­zan ma­si­va­men­te los con­tra­tos tem­po­ra­les, ni están muy in­tere­sa­dos en esa for­ma­ción ni es­ta tie­ne efec­tos po­si­ti­vos.

Y ade­más, ¿en qué for­mar a los tra­ba­ja­do­res?

En es­ta lla­ma­da cuar­ta re­vo­lu­ción in­dus­trial hay un pro­ble­ma adi­cio­nal a las po­lí­ti­cas ac­ti­vas: sa­be­mos po­co so­bre el ti­po de em­pleo, el ti­po de pro­fe­sio­nes que va­mos a te­ner de aquí a cin­co o diez años. Hay que ha­cer po­lí­ti­cas ac­ti­vas, pe­ro no son la pa­na­cea para re­sol­ver nues­tros pro­ble­mas de em­pleo.

Se pre­go­nan po­lí­ti­cas pa­lia­ti­vas co­mo la ren­ta bá­si­ca, las pres­ta­cio­nes de des­em­pleo más ge­ne­ro­sas o más pro­lon­ga­das. ¿No fre­nan la crea­ción de em­pleo?

Si es­tas po­lí­ti­cas son muy ge­ne­ro­sas o no están bien di­se­ña­das, son muy cos­to­sas y dis­tor­sio­nan la ofer­ta de tra­ba­jo. En al­gu­nos paí­ses se ha­bla de la tram­pa de la po­bre­za. La gente ac­ce­de a pres­ta­cio­nes que no son muy ele­va­das, pe­ro ha­cen que la gente pier­da el in­cen­ti­vo a sa­lir de la si­tua­ción. Hay pro­pues­tas más efec­ti­vas, co­mo los com­ple­men­tos sa­la­ria­les, di­ri­gi­dos a fa­mi­lias po­bres y des­pro­te­gi­das en el mercado de tra­ba­jo, que así su­ple­men­tan el sa­la­rio. Es­tas po­lí­ti­cas re­du­cen las de­sigual­da­des, pro­te­gen a las fa­mi­lias y no ge­ne­ran des­in­cen­ti­vos para el tra­ba­jo.

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