A UN PA­SO DE...

Tiempo - - ACTUALIDAD - Por Luis Al­go­rri Fo­to: Fe­de­ri­co Pa­rra/AFP

Si se pue­de ha­cer ca­so de lo que unos y otros di­cen en las re­des so­cia­les, la in­men­sa ma­yo­ría de los ve­ne­zo­la­nos es­tán de acuer­do en una co­sa: en res­tau­rar la pe­na de muer­te, des­de lue­go pa­ra los del otro ban­do. Ve­ne­zue­la fue el pri­mer país del mun­do en abo­lir (fue en 1863) la pe­na ca­pi­tal, que aho­ra mis­mo la mi­tad del país re­cla­ma pa­ra la otra mi­tad, o al me­nos pa­ra los que les acau­di­llan. El país es­tá par­ti­do en dos por una si­ma de ren­cor que du­ra­rá mu­chos años, qui­zá ge­ne­ra­cio­nes. “Y el her­mano en­tre­ga­rá a la muer­te al her­mano, y el pa­dre al hi­jo; y los hi­jos se le­van­ta­rán con­tra los pa­dres, y les cau­sa­rán la muer­te” (Ma­teo, 10:21). Los ro­jos de arri­ba son los fie­les a Ma­du­ro. Los de aba­jo, la opo­si­ción.

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