Gen­te. La cró­ni­ca se­ma­nal de Ire­ne Por­te­ro

Tiempo - - CARTA DEL DIRECTOR - Ire­ne Por­te­ro

Hay gen­te que que­dó muy, pe­ro que muy mar­ca­da por las can­cio­nes que oía de crío, y así les va. Ca­da vez que las oyen vuel­ven a ser jó­ve­nes, co­mo le pa­sa­ba a Po­pe­ye con las es­pi­na­cas. Mi pos­cu­ña­do Pa­blo, por ejem­plo, de­bió de enamo­rar­se oyen­do Yo na­cí en una ri­be­ra del

Arau­ca vi­bra­dor y ahí si­gue, en­cas­qui­lla­do, que se in­fla­ma ca­da vez oye ha­blar a Ma­du­ro, que es un se­ñor que no can­ta pe­ro que ca­da vez que abre la bo­ca pa­re­ce que es­tá de­cla­man­do ran­che­ras de Jor­ge Negrete. Pues eso le pa­sa a mu­cha gen­te. Los Pet Shop Boys, por ejem­plo, son un gru­po (gru­po pe­que­ño, por­que son dos) de ha­ce trein­ta y tan­tos años. Pues han da­do un con­cier­to en el Tea­tro Real, que se di­ce pron­to, y allí han acu­di­do los fa­mo­sos a es­cu­char las can­cio­nes de su ju­ven­tud, co­mo muy bien ex­pli­ca­ba Ro­cío Dúr­cal.

El pro­ble­ma era, sin em­bar­go, di­fí­cil: ¿có­mo se vis­te una? ¿Co­mo pa­ra ir al Tea­tro Real o co­mo pa­ra ir a un con­cier­to de los Pet Shop Boys? Pues ca­da cual hi­zo lo que pu­do. Alas­ka y Ma­rio Va­que­ri­zo (que ca­da día que pa­sa me re­cuer­dan más a la rei­na Isa­bel II de España y a su ma­ri­do, Fran­cis­co de Asís) se vis­tie­ron des­pa­re­jos: ella, de Tea­tro Real; él, de pal­me­ro de los Chun­gui­tos. Na­ta­lia Ver­be­ke y Patricia Pé­rez, las dos de Tea­tro Real tam­bién, muy de ne­gro, muy pues­tas, con bol­so. Eva Ha­che tra­tó de ves­tir­se de Pet Shop

Boys, pe­ro en reali­dad pa­re­cía que ha­bía pillado en el ar­ma­rio lo pri­me­ro que en­con­tró, y cuan­do lo bus­có era de no­che y se ha­bía ido la luz. Y Eu­ge­nia

Martínez de Iru­jo se vis­tió tam­bién de Tea­tro Real, o sea, de ella mis­ma.

Otra co­sa es ir a un tea­tro más apa­ña­di­to, ¿ver­dad? En el Al­cá­zar de Ma­drid se pre­sen­ta­ba El prín­ci­pe y la co­ris­ta, que es la ver­sión tea­tral de una pe­lí­cu­la de cuan­do no ha­bía­mos na­ci­do, y la gen­te fue al es­treno in­flui­da por la mú­si­ca pe­ro so­bre to­do por el ca­lor. Ma­le­na Al­te­rio se vis­tió de có­di­go de ba­rras, que pa­ra el ca­lor es­tá muy bien, mi­ren si no las ce­bras del Ka­laha­ri. To­ni Acos­ta, de ca­mu­fla­je de los ma­ri­nes, que es muy su­fri­do. Eva Isan­ta

y Cris­ti­na Pla­zas, muy suel­tas y muy vo­lan­de­ras ellas; Verónica For­qué es­ta­ba pre­cio­sa en su atuen­do de al­dea­na del bos­que de Sher­wood, y To­ni Can­tó sen­ci­lla­men­te no se cam­bió de ro­pa: fue al tea­tro con lo que lle­va­ba pues­to des­de por la ma­ña­na. Mien­tras, en la pla­ya, ca­da uno se po­ne lo que le dic­tan las can­cio­nes de su ju­ven­tud.

Ra­quel Me­ro­ño, en Ta­ri­fa, iba de Oye­mé, tú que eres jo­ven. En Mar­be­lla, Pau­la Eche­va­rría no se vis­tió de na­da es­pe­cial, pe­ro veías a La Tra­via­ta. Y en Ibi­za, Cris­tiano Ro­nal­do en ba­ña­dor re­cor­da­ba el Ro­man­ce de

la rei­na Mer­ce­des: “Que quie­ras o que no quie­ras, y aun­que te que­des ca­lla­do, se no­ta por tus oje­ras que es­tás muy enamo­ra­do”.

Ah...— ¿De quién?

Alas­ka con Ma­rio Va­que­ri­zo y las Nancys Ru­bias

Cri­tiano Ro­nal­do con Geor­gi­na Ro­drí­guez

Ra­quel Me­ro­ño

Pau­la Eche­va­rría

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