Ver­da­de­ro maes­tro de la ci­no­fi­lia

Todo Perros - - Educación -

A lo lar­go de los años, he co­no­ci­do a po­cos maes­tros que ha­yan ca­la­do hon­do en mi per­so­na. Uno de ellos, y sin du­da el más im­por­tan­te, se lla­ma Phi­lip­pe Cle­ment. Es­te maes­tro en­tre maes­tros, na­ci­do en Pa­ris en el año 55 del si­glo pa­sa­do, de as­pec­to afa­ble y una ca­li­dad hu­ma­na in­su­pe­ra­ble, fue uno de los pro­mo­to­res de la cul­tu­ra ca­ni­na ( en­fo­ca­da a la uti­li­dad) en in­fi­ni­dad de pai­ses, tan­to eu­ro­peos co­mo a ni­vel mun­dial en los años 80. Es una emi­nen­cia en el am­bi­to de las di­fe­ren­tes dis­ci­pli­nas uti­li­ta­rias de tra­ba­jo: juez internacional de ver­tien­tes de­fen­si­vas, de ring, y una re­fe­ren­cia en la fa­bri­ca­cion de tra­jes y ma­te­rial en­ca­mi­na­do al adies­tra­mien­to y la de­fen­sa ( de he­cho, es uno de los fa­bri­can­tes y dis­tri­bui­do­res más re­co­no­ci­dos a ni­vel mun­dial). Es­te ver­da­de­ro me­ce­nas de la en­se­ñan­za, ami­go de sus ami­gos, es asi­mis­mo una le­yen­da vi­va de sabiduria, crea­ti­vi­dad y co­no­ci­mien­to del am­plio mun­do ca­nino. El des­tino me de­pa­ró la gran suer­te de co­no­cer­lo en mis ini­cios, ha­ce ya más de 15 años. Hombre de es­pi­ri­tu nó­ma­da y co­ra­zón de lo­bo, gra­dua­do en la uni­ver­si­dad de la vi­da, es una en­ci­clo­pe­dia an­dan­te de sabiduria, así co­mo una per­so­na de pa­la­bra y de fuertes con­vic­cio­nes, que ha he­cho de la ho­nes­ti­dad su car­ta de pre­sen­ta­ción.

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