CAN-SCHOOL

PE­RROS Y NI­ÑOS

Todo Perros - - Sumario - Por In­grid González

El nú­me­ro de pe­rros en nues­tra so­cie­dad ca­da día cre­ce más. Só­lo la ca­pi­tal tie­ne cen­sa­dos más de me­dio mi­llón, se­gún el Co­le­gio Ofi­cial de Ve­te­ri­na­rios de Ma­drid, y la ci­fra au­men­ta ca­da año. To­dos ve­mos, día a día, que son más los lo­ca­les don­de se de­ja en­trar con pe­rros. Ca­da vez que sa­li­mos de ca­sa nos cru­za­mos con va­rios, e in­clu­so es ra­ra la co­mu­ni­dad de ve­ci­nos en la que no se con­vi­va con al­gún pe­rro. Pe­ro ¿qué sa­be­mos de ellos? ¿Có­mo nos in­ter­pre­tan? ¿Por qué tie­nen al­gu­nas reac­cio­nes? Pue­de que los cam­bios de­mo­grá­fi­cos vi­vi­dos en las úl­ti­mas dé­ca­das, como el en­ve­je­ci­mien­to de la po­bla­ción, el in­cre­men­to de ho­ga­res con un so­lo miem­bro o la dis­mi­nu­ción del nú­me­ro de hi­jos, ha­yan con­tri­bui­do a que los ani­ma­les, es­pe­cial­men­te los pe­rros, sean vis­tos como unos miem­bros más de la fa­mi­lia. No en vano, se­gún la Fun­da­ción Ba­yer, más del 80 % de las fa­mi­lias es­pa­ño­las con­si­de­ra que su ani­mal de com­pa­ñía es una fuen­te de bie­nes­tar. La ciencia ya lo ha com­pro­ba­do: la con­vi­ven­cia con una mas­co­ta re­du­ce los ni­ve­les de es­trés y la pre­sión ar­te­rial, po­ten­cia la au­to­es­ti­ma y la ha­bi­li­dad so­cial en los due­ños.

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