La Dis­cre­ta Da­ma de los Ag­ne­lli

GINEVRA ELKANN GES­TIO­NA LA COLECCIÓN DE AR­TE FA­MI­LIAR LE­JOS DE LOS ES­CÁN­DA­LOS

Vanity Fair (Spain) - - AGENDA - – SO­RA­YA MEL­GUI­ZO

er un Ag­ne­lli en Ita­lia no es fá­cil. Que se lo pre­gun­ten si no a

La­po , siem­pre ace­cha­do por el ob­je­ti­vo Elkann de los pa­pa­raz­zi. Los hi­jos y nie­tos del fun­da­dor de Fiat, , y de la

Gian­ni Ag­ne­lli prin­ce­sa ,

Ma­re­lla Ca­rac­cio­lo di Cas­tag­ne­to han cre­ci­do en­tre el lu­jo y los es­cán­da­los. Di­vor­cios­mul­ti­mi­llo­na­rios, sui­ci­dios, dro­gas y gue­rras fra­tri­ci­das de las que siem­pre ha sa­bi­do sa­lir ai­ro­sa la ben­ja­mi­na del clan, la ci­neas­ta yme­ce­nas

Ginevra Elkann (Lon­dres, 1979). Tras la des­apa­ri­ción de su abue­lo, le fue en­co­men­da­da la jo­ya de la co­ro­na: la colección de ar­te fa­mi­liar pla­ga­da de ca­na­let­tos, mo­di­glia­nis o pi­cas­sos, y que cuel­ga de las pa­re­des del Lin­got­to, la fá­bri­ca de Tu­rín en la que el Av­vo­ca­to for­jó su im­pe­rio, re­con­ver­ti­da hoy en el mu­seo de Gio­van­ni y Ma­re­lla Ag­ne­lli. La pi­na­co­te­ca­pre­sen­tahas­ta el 28de ju­nioLa Vir­gen del Di­vino Amor de , res­tau­ra­do

Ra­fael tras su pa­so por el Pra­do y el Lou­vre. VA­NITY FAIR:

Pre­si­de es­ta pi­na­co­te­ca, pe­ro

tam­bién ha si­do ele­gi­da por

Va­riety

como ta­len­to emer­gen­te del ci­ne. ¿Dón­de se en­cuen­tra más có­mo­da? GINEVRA ELKANN: Son dos mun­dos muy pa­re­ci­dos, no ten­go pre­fe­ren­cias. Es­tu­dié ci­ne en Lon­dres y en es­te mo­men­to es­toy con­cen­tra­da en la pro­duc­ción y la dis­tri­bu­ción, pe­ro creo que es­ta­ría có­mo­da en cual­quier ám­bi­to re­la­cio­na­do con el ar­te. V. F.:

¿Cuán­to

pe­sa en los dos mun­dos ser una Ag­ne­lli? G. E.: Tra­ba­jo des­de ha­ce mu­chos años y creo ha­ber de­mos­tra­do mi pro­fe­sio­na­li­dad. Por eso no es un pro­ble­ma ape­lli­dar­me Ag­ne­lli. Mi pa­dre es es­cri­tor, mi ma­dre pin­to­ra, mis abue­los han es­ta­do siem­pre in­tere­sa­dos en el ar­te. Pa­ra mí es al­go fun­da­men­tal en la vida. Es un pri­vi­le­gio ve­nir de la fa­mi­lia de la que ven­go. V. F.:

¿Y con una fa­mi­lia tan gran­de y tan ar­tís­ti­ca a quién le pi­de opi­nión? G. E.: A mi pa­dre, sin du­da. Es es­cri­tor, pe­ro tam­bién ha tra­ba­ja­do en mu­seos y co­no­ce­muy bien el uni­ver­so del ar­te en to­do el mun­do. Es la per­so­na per­fec­ta pa­ra dar con­se­jos. V. F.:

¿Cuál es pa­ra us­ted el es­ta­do de sa­lud de la cul­tu­ra en Ita­lia? G. E.: Es di­fí­cil de en­ten­der, so­bre to­do en un país como Ita­lia, don­de el bien más gran­de que te­ne­mos es la cul­tu­ra, que no se va­lo­re y tu­te­le mu­cho más nues­tro pa­tri­mo­nio. De­be­ría ser una prio­ri­dad. V. F.:

Le lla­man la “Ag­ne­lli in­vi­si­ble“. ¿Le gus­ta pa­sar des­aper­ci­bi­da? G. E.: Creo que ha­go un tra­ba­jo por el que es­toy me­nos ex­pues­ta que mis her­ma­nos. Pe­ro des­de lue­go no me dis­gus­ta, es más fá­cil vi­vir así. Ten­go más li­ber­tad.

Ginevra Elkann

en su es­tu­dio.

De­ba­jo: La Vir­gen

del Di­vino Amor

de Ra­fael.

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