“A Ve­ces he Be­bi­do Tan­to que he Ol­vi­da­do las Le­tras”

CHAR­LOT­TE GAINS­BOURG PRE­SEN­TA ‘REST’, SU NUE­VO Y RE­VE­LA­DOR ÁL­BUM. AQUÍ SE CON­FIE­SA

Vanity Fair (Spain) - - MÚSICA - – LI­SA RO­BIN­SON

o me da­ba mie­do que fue­ran de­ma­sia­do per­so­na­les”, cuen­ta Char­lot­te Gains­bourg so­bre las can­cio­nes que ha crea­do pa­ra Rest, su nue­vo y re­ve­la­dor ál­bum, el quin­to ya. La ac­triz- can­tan­te- au­to­ra-icono de la mo­da (hi­ja de los tam­bién ac­to­res y can­tan­tes Ser­ge Gains­bourg y Ja­ne Bir­kin) ya es­tá acos­tum­bra­da a la po­lé­mi­ca: con tan so­lo 13 años gra­bó jun­to con su pa­dre un pro­vo­ca­ti­vo te­ma ( Le­mon In­cest), y sus pa­pe­les pa­ra Lars Von Trier ( Nymp­ho­ma­niac, An­ti­cris­to) han si­do igual de es­can­da­lo­sos. Aquí se con­fie­sa so­bre el mie­do es­cé­ni­co, la mú­si­ca y su au­to­im­pues­to “exi­lio”. VANI T Y FAIR: Lle­va tres años vi­vien­do en N. Y. y ha di­cho que es ca­si co­mo un exi­lio. ¿Por qué se fue de Pa­rís? CHARLOT TE GAINS­BOURG: Per­dí a mi her­ma­na, Ka­te [hi­ja de Bir­kin y del com­po­si­tor John Barry], ha­ce tres años y me­dio, no po­día so­por­tar se­guir en Pa­rís. Ka­te siem­pre tu­vo eta­pas muy com­pli­ca­das y, aun­que no sa­be­mos exac­ta­men­te qué pa­só, se sui­ci­dó. Es­tá­ba­mos muy uni­das. Cre­ci­mos jun­tas. Vi­vir en Pa­rís sin Ka­te se me hi­zo im­po­si­ble. V. F. : Se mu­dó con su pa­re­ja [el di­rec­tor y ac­tor Yvan At­tal] y sus tres hi­jos [Ben, Ali­ce y Jo]. ¿Có­mo ha si­do el cam­bio? C. G: He po­di­do res­pi­rar otra vez. Me he li­be­ra­do. No me re­co­no­ce mu­cha gen­te y, cuan­do lo ha­cen, es por mis dis­cos o pe­lí­cu­las. En Fran­cia, las per­so­nas son ama­bles y dis­cre­tas, pe­ro nun­ca po­día re­la­jar­me del to­do. Aquí, pue­do ha­cer lo que quie­ra: re­co­ger a mis hi­jos en el co­le­gio, co­ci­nar… Es una nue­va vi­da. Ne­ce­si­ta­ba con­cen­trar­me pa­ra gra­bar el dis­co. V. F. : Su an­te­rior ál­bum [ IRM, 2009] lo pro­du­jo Beck. Pa­ra es­te ha con­ta­do con el ar­tis­ta y pro­duc­tor fran­cés de mú­si­ca elec­tró­ni­ca Se­bas­tian. ¿Por qué ha tar­da­do cua­tro años en ter­mi­nar? C. G: Es­ta­ba muy ocu­pa­da con el ci­ne (in­clu­yen­do El mu­ñe­co de nie­ve, que aca­ba de es­tre­nar­se), que era prio­ri­ta­rio. No po­día pe­dir­le a un di­rec­tor que me es­pe­ra­se has­ta ter­mi­nar el dis­co. Que­ría ha­cer elec­tró­ni­ca y tra­ba­jar con Se­bas­tian, nos lle­vó mu­cho tiem­po po­der jun­tar­nos. Cuan­do per­dí a Ka­te, to­do em­pe­zó a te­ner sen­ti­do, por­que ya no me cues­tio­na­ba las le­tras que es­cri­bía, que sa­len de bue­na par­te de mis dia­rios y de co­sas que me pa­san. Pe­ro nun­ca aca­ba­ba los te­mas: vol­vía al es­tu­dio y cam­bia­ba una pa­la­bra. Es un es­pa­cio en el que no me sien­to có­mo­da, aun­que es­toy acos­tum­bra­da. Me gus­tan los re­tos. Me gus­ta no sen­tir­me có­mo­da. V. F. : Ha gra­ba­do una can­ción, Song­bird in a Ca­ge, com­pues­ta por Paul McCart­ney, quien to­ca el piano y el ba­jo. ¿Có­mo sur­gió la co­la­bo­ra­ción? C. G: Lo ado­ro. Le pe­dí que co­mié­se­mos jun­tos ha­ce seis años. Fue muy dul­ce. Le di­je: “Si al­gún día tie­nes una can­ción que no quie­ras pa­ra ti, me en­can­ta­ría tra­ba­jar con­ti­go”. Una se­ma­na des­pués, me en­vió el te­ma. Se lo pu­se a Se­bas­tian y más o me­nos lo hi­ci­mos pe­da­zos: lo vol­vi­mos más caó­ti­co. V. F. : C. G: Es­toy ate­rro­ri­za­da. No sé quién se su­po­ne que de­bo ser so­bre el es­ce­na­rio. No me sien­to can­tan­te, pe­ro eso no sig­ni­fi­ca que no pue­da ha­cer un ál­bum, sé que pue­do, pe­ro ten­go que tras­pa­sar mis lí­mi­tes en di­rec­to. De­bo en­con­trar al­go que sea más fuer­te que mis mie­dos. In­ten­to que aho­ra me im­por­te me­nos… La úni­ca ma­ne­ra que ten­go de ha­cer­lo es re­la­ján­do­me. V. F. : Char­lot­te Gains­bourg C. G: Sí, pe­ro a ve­ces he be­bi­do tan­to que he ol­vi­da­do del to­do las le­tras.

Su­fre de mie­do es­cé­ni­co. ¿Va a dar con­cier­tos? Pa­ra eso exis­te el al­cohol…

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