Los la­va­bos de los ba­ños SE REA­LI­ZAN CON PE­SE­BRES de pie­dra fre­ga­de­ra

Vivir en el Campo - - REFORMA EN SALAMANCA -

La nue­va edi­fi­ca­ción se des­ti­na al tu­ris­mo eco­ru­ral con la ven­ta­ja de su pri­vi­le­gia­do em­pla­za­mien­to. Es­tá a tan sólo 35 ki­ló­me­tros de la ciu­dad Sa­la­man­ca y muy bien co­mu­ni­ca­da pa­ra vi­si­tar el res­to de la pro­vin­cia. Ade­más de es­tar en un pa­ra­je de dehe­sa de en­ci­na y pra­de­ra, se ubi­ca en pleno cam­po, lo que ga­ran­ti­za una tran­qui­li­dad ab­so­lu­ta pa­ra los que hu­yen del aje­treo de la ciu­dad y es­tá si­tua­da a mil me­tros de al­ti­tud con unas im­pre­sio­nan­tes vis­tas. La ca­sa es­tá cons­trui­da con ma­te­ria­les de la zo­na; los mu­ros ex­te­rio­res, que son de pie­dra de gra­ni­to, no se mo­di­fi­ca­ron du­ran­te su reha­bi­li­ta­ción; los ta­bi­ques in­te­rio­res que se­pa­ran las di­fe­ren­tes ha­bi­ta­cio­nes y las an­ti­guas al­co­bas son de ado­be, ba­rro y pa­ja, que aís­lan co­rrec­ta­men­te del rui­do y la tem­pe­ra­tu­ra. Los sue­los son de baldosa hi­dráu­li­ca y ha­cen di­bu­jos di­fe­ren­tes en ca­da en de­pen­den­cia, so­lo fue ne­ce­sa­rio cam­biar el de la co­ci­na, ya que era la zo­na en que es­ta­ba más de­te­rio­ra­do. Las ven­ta­nas están rea­li­za­das con con­tra­ven­ta­na de ma­de­ra, la cu­bier­ta es de ma­de­ra de cas­ta­ño y te­ja ára­be y las puer­tas de ac­ce­so son de ti­po­lo­gía cas­te­lla­na, de ma­de­ra de en­ci­na y con do­ble ho­ja. Du­ran­te la reha­bi­li­ta­ción no se to­có la es­truc­tu­ra ori­gi­nal pe­ro hu­bo que mo­di­fi­car al­go la dis­tri­bu­ción pa­ra in­cor­po­rar las co­mo­di­da­des ac­tua­les, co­mo ba­ño en to­das las ha­bi­ta­cio­nes, ca­le­fac­ción y agua co­rrien­te. Se su­pri­mie­ron dos pe­que­ñas al­co­bas, que eran ha­bi­ta­cio­nes sin ven­ta­nas en las que sólo ca­bía una ca­ma, y se ubi­ca­ron los ba­ños. Ade­más se hi­cie­ron las ven­ta­nas un po­co más gran­des de lo que es ha­bi­tual en la ar­qui­tec­tu­ra agra­ria de Cas­ti­lla que, de­bi­do al cli­ma tan ex­tre­mo, acon­se­ja­ba po­cas ven­ta­nas y pe­que­ñas. Asi­mis­mo en lo que era el co­rral se hi­zo un sa­lón co­me­dor con muy bue­nas vis­tas al cam­po. A pe­sar de ser ca­si to­da la cons­truc­ción nue­va, ya que sólo se man­tu­vie­ron dos mu­ros de pie­dra, tam­bién se res­pe­tó la mis­ma lí­nea y los mis­mos ma­te­ria­les, sal­vo el sue­lo que se ha pa­vi­men­ta­do con bal­do­sas de ba­rro co­ci­do. En cuan­to al mo­bi­lia­rio, se ha in­ten­ta­do que sea acor­de con el es­ti­lo rús­ti­co cas­te­llano. Por un la­do, la ma­yo­ría de mue­bles son de he­ren­cia fa­mi­liar, co­mo los ar­ma­rios de las ha­bi­ta­cio­nes, el per­che­ro de la en­tra­da pa­ra co­lo­car los som­bre­ros y los bas­to­nes, el apa­ra­dor pa­ra la va­ji­lla del co­me­dor y la vitrina de ma­de­ra de cas­ta­ño del co­me­dor. Otros pro­ce­den de an­ti­cua­rios, co­mo el ca­ba­lli­to de ma­de­ra de la en­tra­da, el ar­cón pa­ra guar­dar ropa que hay en una de las ha­bi­ta­cio­nes y las me­si­llas. Y tam­bién los hay de res­ca­ta­dos en al­gún mer­ca­di­llo, co­mo el tri­llo con el que se hi­zo la ba­rra de bar, los la­va­bos an­ti­guos y los ca­be­ce­ros de las ca­mas. Una de las pie­zas que más lla­ma la aten­ción son los la­va­bos de los ba­ños, que son pe­se­bres de pie­dra fre­ga­de­ra.

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