DI­VINO TE­SO­RO

La ju­ven­tud –pro­pia y aje­na– ins­pi­ra la obra de Inés Maes­tre. Una ar­tis­ta que, con ape­nas 25 años, ha con­se­gui­do cap­tar la pe­sa­dum­bre de la ado­les­cen­cia.

VOGUE (Spain) - - AGENDA -

Al día si­guien­te de gra­duar­se en Di­se­ño de Mo­da en IED, Inés Maes­tre (Ma­drid, 1992) inau­gu­ró su pri­me­ra ex­po­si­ción de ilus­tra­cio­nes, Prom, en la ma­dri­le­ña Mon­key Gar­den (mon­key­gar­den.com) y, des­de en­ton­ces, su tra­ba­jo ha lle­ga­do a un pú­bli­co más am­plio. Na­da más ter­mi­nar sus es­tu­dios, fue fi­cha­da por el gru­po In­di­tex y co­men­zó a al­ter­nar su tra­ba­jo de di­se­ña­do­ra con la pin­tu­ra y la ilus­tra­ción. Fun­dó In3s­ta­ble (in3s­ta­ble. com), una suer­te de cuaderno per­so­nal en el que mues­tra su tra­ba­jo, y em­pe­zó a co­la­bo­rar con dis­tin­tos me­dios na­cio­na­les e in­ter­na­cio­na­les. Par­ti­ci­pó en la co­lec­ti­va Mi­llen­nial Girls, den­tro del fes­ti­val (y fe­ria de ar­te Hy­brid), y ex­pu­so sus si­guien­tes se­ries, He­roes y Fa­ces, en dis­tin­tos es­ce­na­rios.

Aho­ra, a pun­to de inau­gu­rar su pri­me­ra mues­tra en Lon­dres –en don­de re­si­de des­de ha­ce me­ses–, al­gu­nos ya la co­no­cen co­mo ‘la Hop­per mi­lé­ni­ca’. Sus re­co­no­ci­bles e in­tros­pec­ti­vos re­tra­tos de jó­ve­nes re­fle­jan de for­ma ex­cep­cio­nal a una ge­ne­ra­ción que ha cre­ci­do año­ran­do una épo­ca en la que po­dían ser li­bres. O al me­nos, des­pro­vis­tos de la pre­sión que ac­tual­men­te ejer­cen las re­des so­cia­les, lu­char por ello.

«Mi pri­me­ra se­rie, Prom (bai­le de graduación), ha­bla­ba de las eta­pas que atra­ve­sa­mos en la ju­ven­tud; de que es­tas no son co­mo se su­po­ne, co­mo te cuen­tan que de­be­rían ser», ex­pli­ca ella, con la ma­du­rez pro­pia de quien ha vi­vi­do rá­pi­do. «En He­roes tam­bién ha­blo de la ado­les­cen­cia y el pa­so del tiem­po. La lla­mé así por­que la em­pe­cé cuan­do mu­rió mi hé­roe fa­vo­ri­to: Da­vid Bo­wie. Tra­ta de esas pri­me­ras ex­pe­rien­cias que se vi­ven en esa épo­ca», aña­de. Nin­gún te­ma es ta­bú: se­xo, dro­gas, de­pre­sión… Na­die di­jo que ser jo­ven ha­ya si­do nun­ca sen­ci­llo. «En la úl­ti­ma se­rie que he he­cho, Fa­ces, ha­blo

del re­na­cer. O del des­apa­re­cer, se­gún se mi­re. Y aho­ra es­toy tra­ba­jan­do en Li­lith, que ex­pon­dré pron­to en Lon­dres, so­bre la igual­dad en­tre los se­res hu­ma­nos y sa­lir­se de los es­tán­da­res es­ta­ble­ci­dos», di­ce. En Fa­ces, la ar­tis­ta in­tro­du­ce al­gu­nas no­ve­da­des que vi­ran su es­ti­lo ha­cia el ex­pre­sio­nis­mo. «Es di­fí­cil man­te­ner el equi­li­brio en­tre un es­ti­lo pro­pio y no re­sul­tar abu­rri­do o abu­rrir­te a ti mis­mo». Pe­ro esas ex­pre­sio­nes, esas (vi­ví­si­mas) mi­ra­das, que son el au­tén­ti­co leit­mo­tiv de su obra, si­guen ahí. «Creo que eso es una de las co­sas que más gus­tan de mi tra­ba­jo: que las mi­ra­das de mis per­so­na­jes co­nec­tan bien con los ojos del que ob­ser­va», re­fle­xio­na la ar­tis­ta.

En sus pin­tu­ras, no es di­fí­cil ver la in­fluen­cia no so­lo de Ed­ward Hop­per, sino tam­bién de Lu­cian Freud, Da­vid Hock­ney, Larry Clark o la ge­ne­ra­ción Beat al com­ple­to. Los Es­ta­dos Uni­dos apa­re­cen de for­ma re­cu­rren­te a tra­vés de ico­nos pop co­mo el sím­bo­lo de McDo­nalds. «Mis tra­ba­jos siem­pre han te­ni­do las mis­mas ba­ses. Gi­ran en torno a vi­vir al día y el pa­so del tiem­po», di­ce. La mo­da, de mo­men­to, ha que­da­do apar­ca­da. «Aun­que no creo que la ha­ya de­ja­do en reali­dad. Lo que pa­sa es que mi vi­sión acer­ca de ella es­tá to­man­do otro ca­mino», ter­mi­na. Es­te­fa­nía Asen­jo

« Creo que lo que más gus­ta de mi tra­ba­jo es que las mi­ra­das de mis per­so­na­jes co­nec­tan bien con los ojos del que ob­ser­va »

LA PIS­CI­NA, DE LA SE­RIE PROM.

NI­ÑA RO­JA, DE LA SE­RIE PROM.

IN, DE LA SE­RIE FA­CES.

INÉS MAES­TRE

CAT BOYS, DE LA SE­RIE HE­ROES.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.