Su­ce­dió en sep­tiem­bre

El nú­me­ro de sep­tiem­bre es co­mo el pri­me ti­me te­le­vi­si­vo: la fran­ja de tiem­po en la que to­do el mun­do quie­re apa­re­cer. Fo­tó­gra­fos, mo­de­los, di­se­ña­do­res… na­die es in­mu­ne a la se­duc­ción que el mes de la vuel­ta al co­le­gio ejer­ce den­tro del mun­do de la moda.

VOGUE (Spain) - - News -

Al­guien di­rá que ca­re­ce de sen­ti­do que la pre­sen­ta­ción de las colecciones de oto­ño ten­ga más tras­cen­den­cia y au­ra que las de pri­ma­ve­ra (sin­ce­ra­men­te, mar­zo no go­za de la mis­ma mís­ti­ca). Y, to­da­vía más, otro apun­ta­rá que con el caos de tem­po­ra­das y colecciones en el que es­ta­mos in­mer­sos la me­ra idea de que un mes im­por­te más que otro pue­de re­sul­tar ca­du­ca. Pe­ro así son los sím­bo­los: ni se eli­gen ni tie­nen por qué ser ra­cio­na­les.

A mí los nú­me­ros de sep­tiem­bre siem­pre me pro­du­cen un cos­qui­lleo es­pe­cial. Re­cuer­do abrir­los con au­tén­ti­ca ex­ci­ta­ción a lo largo de to­da mi vida. In­clu­so aho­ra que las colecciones se ex­po­nen me­diá­ti­ca­men­te al mis­mo tiem­po que se pre­sen­tan y el sen­ti­do de des­cu­bri­mien­to se ha vis­to re­cor­ta­do, hay en ellos una al­qui­mia es­pe­cial. La sien­to mien­tras re­pa­so el mu­ro con las pá­gi­nas pre­pa­ra­das pa­ra salir. Cuando veo la forma en la que Pa­trick De­mar­che­lier y Em­ma Sum­mer­ton han cap­tu­ra­do la co­lo­ris­ta, ecléc­ti­ca y ex­ce­si­va tem­po­ra­da que vi­mos en pa­sa­re­la seis me­ses –se di­ría, me­dia vida– atrás. Mien­tras ad­mi­ro la pre­ci­sión con la que Ni­co y Gor­ka Pos­ti­go han re­tra­ta­do dos de los ele­men­tos cla­ve de las colecciones co­mo son las bo­tas al­tí­si­mas y la pa­na. Mien­tras sa­bo­reo las sa­bias pa­la­bras de Dries van No­ten, cu­ya fie­ra in­de­pen­den­cia ce­le­bra sus 100 des­fi­les es­te oto­ño.

Hoy, más que nun­ca, las re­vis­tas de­ben ofre­cer un pun­to de vis­ta. Na­da ejem­pli­fi­ca me­jor es­te es­pí­ri­tu que el nú­me­ro de sep­tiem­bre y ahí re­si­de su va­lor sim­bó­li­co. Es una mi­ra­da edi­ta­da, la se­lec­ción de lo que en Vogue con­si­de­ra­mos re­le­van­te y de­fi­ni­to­rio de es­ta fran­ja de tiem­po que nos ha to­ca­do vi­vir. Y tes­ti­mo­niar. En es­te ám­bi­to, po­cos cro­nis­tas de nues­tra era son equi­pa­ra­bles al diseñador y fo­tó­gra­fo He­di Sli­ma­ne. Pa­sar tiem­po con él mien­tras in­mor­ta­li­za­ba el fes­ti­val bar­ce­lo­nés Pri­ma­ve­ra Sound con su in­so­bor­na­ble ojo fue una de esas ex­pe­rien­cias sig­ni­fi­ca­ti­vas y va­lio­sas que te re­cuer­dan lo me­jor de es­ta in­dus­tria. En es­te nú­me­ro –y en el com­ple­tí­si­mo su­ple­men­to Colecciones que lo acom­pa­ña– ex­pli­ca­mos de­ta­lla­da­men­te qué y có­mo se lle­va es­ta tem­po­ra­da. Pe­ro no es­tá de más re­cor­dar que la pa­sión y la au­ten­ti­ci­dad nun­ca pa­san de moda.

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