VERSOS SUELTOS

VOGUE (Spain) - - Vogue Belleza - C. Lan­cha­res

La ac­triz Kris­ten Ste­wart se con­vier­te en al­ter ego de la jo­ven Ga­brie­lle Cha­nel, un es­pí­ri­tu li­bre que pa­só de un or­fa­na­to a lo más al­to de la moda y que aho­ra ins­pi­ra el último per­fu­me de la fir­ma.

En Cha­nel no dan pun­ta­da sin hi­lo. Y si 2017 iba a ser el año de Ga­brie­lle, no bas­ta­ba con bau­ti­zar un bolso y un per­fu­me con el nom­bre, el au­tén­ti­co, de la fundadora de la mar­ca. Ha­bía que do­tar a ambas crea­cio­nes de la per­so­na­li­dad re­bel­de, in­de­pen­dien­te y am­bi­gua de aque­lla jo­ven que cre­ció en un or­fa­na­to y lle­gó a ser quien se pro­pu­so ser. Su ado­les­cen­cia en el hos­pi­cio de Au­ba­zi­ne, don­de apren­dió a co­ser, fue tris­te y so­li­ta­ria. Tras salir de allí, con 18 años, tra­ba­jó co­mo de­pen­dien­ta y co­ris­ta. Po­co ha­cía pre­sa­giar en­ton­ces que aque­lla jo­ven re­vo­lu­cio­na­ría el mun­do de la cos­tu­ra con pren­das có­mo­das y an­dró­gi­nas, su­pri­mien­do los rí­gi­dos cor­sés. Pe­ro Ga­brie­lle no se sal­tó so­lo las nor­mas del ves­tir de la época sino que des­po­ja­da de la mo­ji­ga­te­ría del mo­men­to, y ha­cien­do ca­so omi­so a su cues­tio­na­da repu­tación co­mo aman­te de hom­bres ri­cos y po­de­ro­sos, su­po apro­ve­char las cir­cuns­tan­cias y opor­tu­ni­da­des de ese nue­vo en­torno pa­ra for­jar su pro­pio des­tino. Pri­me­ro con una som­bre­re­ría; lue­go, con una lí­nea de ro­pa y des­pués con su pro­pio ne­go­cio de moda con el que al­can­za­ría la fa­ma, la for­tu­na y el re­co­no­ci­mien­to. Cu­rio­sa­men­te, Cha­nel no ha te­ni­do que bus­car muy le­jos pa­ra en­car­nar ese tem­pe­ra­men­to au­daz y ex­tra­or­di­na­rio de Ga­brie­lle. Esa per­so­na ya mi­li­ta­ba en sus fi­las des­de 2013, cuando Karl La­ger­feld pu­so su ave­za­do ojo en Kris­ten Ste­wart (Ca­li­for­nia, 1990). De res­pues­tas rá­pi­das y dis­cur­so bien ma­du­ra­do, aho­ra la ac­triz ha­bla pa­ra Vogue.

¿Qué te ins­pi­ra el personaje de Ga­brie­lle?

En aque­llos tiem­pos no era fá­cil ser mu­jer y me­nos te­ner ideas in­no­va­do­ras. La ra­zón por la que Cha­nel exis­te es por­que Ga­brie­lle nun­ca pa­ró de in­da­gar y no tu­vo mie­do de que el res­to es­tu­vie­se en desacuer­do. Su vida fue un con­ti­nuo su­bir y

ba­jar pe­ro, en ge­ne­ral, re­sul­tó im­pre­sio­nan­te. As­pi­ro a in­ter­pre­tar esos atri­bu­tos. No es fá­cil, pe­ro no te­mo co­me­ter erro­res.

¿Crees que las mu­je­res hoy con­ti­núan rea­li­zan­do su pro­pia re­vo­lu­ción?

Per­ci­bo un sen­ti­mien­to de co­mu­ni­dad que nun­ca ha­bía sen­ti­do. Cier­to que so­lo ten­go 27 años y no he si­do tes­ti­go de to­do lo an­te­rior; pe­ro creo que hay un mo­vi­mien­to po­ten­te de unión en­tre mu­je­res. Tam­bién ten­go la sen­sa­ción de que nun­ca ha si­do fá­cil ser mu­jer. Por eso ad­mi­ro a las per­so­nas que hacen lo que les da la ga­na, a aque­llas que mi­ran al fren­te y van ha­cia ade­lan­te. Aho­ra me doy cuen­ta de que las mu­je­res que de ver­dad me fas­ci­nan son co­mo Ga­brie­lle. La ra­zón úl­ti­ma por la que es­ta­mos aho­ra aquí es por­que sin­tió algo, fue a por ello y nun­ca pa­ró. Y da igual los vai­ve­nes, si la ad­mi­ra­ban o la cri­ti­ca­ban, sim­ple­men­te hi­zo lo que qui­so.

¿A quién ad­mi­ras?

A mi ma­dre, a Patty Smith y, francamente, a Ju­lian­ne Moo­re. Es muy au­tén­ti­ca y tie­ne una bue­na éti­ca de tra­ba­jo. Me gus­tan las per­so­nas así.

El gran gol­pe de suer­te de Kris­ten en tér­mi­nos de po­pu­la­ri­dad le lle­gó con el pa­pel de Be­lla en la sa­ga Cre­púscu­lo; cin­co pe­lí­cu­las que la lle­va­ron a lo más al­to, in­clui­do el tí­tu­lo de ac­triz me­jor pa­ga­da, se­gún pu­bli­ca­ba For­bes en 2012. Con unos 40 tí­tu­los a sus es­pal­das, la ac­triz se ha co­dea­do con gran­des co­mo Jo­die Fos­ter, con quien tra­ba­jó en La ha­bi­ta­ción del pá­ni­co (2002) o Ju­liet­te Bi­no­che, com­pa­ñe­ra de re­par­to en Viaje a Sils Ma­ria (2014), por la que ob­tu­vo un Cé­sar a la me­jor ac­triz se­cun­da­ria a las ór­de­nes de Oli­vier As­sa­yas, di­rec­tor con el que re­pe­ti­ría en Per­so­nal Shop­per (2016). Tam­bién la vi­mos en Siem­pre Ali­ce (2014) jun­to a su ad­mi­ra­da Ju­lian­ne Moo­re; y Woody Allen con­ta­ría con ella en Ca­fé So­ciety (2016) aun sin ha­ber vis­to sus pe­lí­cu­las de vam­pi­ros, se­gún co­men­tó el di­rec­tor. Es­te año, la ac­triz se ha es­tre­na­do co­mo directora con el corto Co­me Swim; y en 2018 la ve­re­mos en Un­der­wa­ter, de Wi­lliam Eu­bank.

«Mi ma­yor re­to ha si­do des­ha­cer­me de esas co­sas que me pe­sa­ban. Ya no ten­go mie­do a caer­me»

¿Hay al­gu­na pe­lí­cu­la que con­si­de­res la más im­por­tan­te?

Real­men­te no. En to­das me he sen­ti­do ins­pi­ra­da por otras per­so­nas o ideas; y aun­que a ve­ces el pro­duc­to fi­nal no fue­se lo bas­tan­te bueno, no me preo­cu­pa si la ex­pe­rien­cia me­re­ció la pe­na.

¿Cuál ha si­do tu pa­pel más di­fí­cil?

Si algo me pa­re­ce fá­cil, pien­so que he co­me­ti­do un error. To­do lo que ha­go es por­que me se­du­ce ins­tin­ti­va­men­te.

¿Tie­nes una fi­lo­so­fía de tra­ba­jo?

Re­cien­te­men­te me he da­do cuen­ta de que no hay que te­ner mie­do a no ha­cer bien el tra­ba­jo y que es­te no sea per­fec­to. Tan so­lo pien­so: «Tie­nes que ha­cer lo que te atrae, por­que no es­tás so­la en es­to. Vas a en­con­trar per­so­nas que inevi­ta­ble­men­te com­par­tan esos sen­ti­mien­tos». Y la ra­zón por la que ha­ce­mos arte es pa­ra po­ner en co­mún una idea. En­ton­ces te di­ces: «Jo­der, al­guien me es­tá es­cu­chan­do» y te sien­tes me­nos so­la. Po­der com­par­tir to­do eso ha­ce la vida más bo­ni­ta.

¿Cuál ha si­do tu ma­yor re­to?

¡Qué pre­gun­ta más in­ten­sa! Pro­ba­ble­men­te, pen­sar demasiado. A me­di­da que he ido cre­cien­do me he ob­se­sio­na­do por el ex­ce­so de con­trol. El sim­ple he­cho de no sa­ber algo siem­pre me ha mo­les­ta­do mu­chí­si­mo. Sin em­bar­go, aho­ra me en­can­ta lo des­co­no­ci­do. No me im­por­ta asu­mir ries­gos. Así que el ma­yor re­to que he te­ni­do ha si­do pro­ba­ble­men­te des­ha­cer­me de esas co­sas que me pe­sa­ban. Aho­ra no ten­go mie­do a caer­me.

¿Có­mo de­fi­ni­rías tu mo­men­to ac­tual?

Me sien­to muy bien. Lle­vo ac­tuan­do des­de los diez años y no quie­ro pa­rar. Me han pre­gun­ta­do mu­cho por la idea de di­ri­gir y creo que no hay real­men­te una di­fe­ren­cia muy gran­de en­tre ac­tuar y di­ri­gir. En am­bos ca­sos se tra­ta de trans­mi­tir un sen­ti­mien­to y lle­gar al ma­yor nú­me­ro po­si­ble de per­so­nas. Me he pues­to al ser­vi­cio de las ideas ajenas y aho­ra me gus­ta­ría ha­cer >

sen­tir así a otros. Así que sí, quie­ro di­ri­gir pe­lí­cu­las. Ese es mi plan ac­tual.

Si bien Kris­ten es de las po­cas fa­mo­sas mi­lé­ni­cas a las que no le gus­ta ai­rear su vida en las re­des so­cia­les, el mun­do se obs­ti­na en es­cu­dri­ñar to­do lo que di­ce o ha­ce. Has­ta el mis­mí­si­mo Trump se atre­vió, en 2013, a opi­nar a tra­vés de Twit­ter so­bre su rup­tu­ra sen­ti­men­tal con Ro­bert Pat­tin­son. Aun­que en­ton­ces Kris­ten ca­lló, el pa­sa­do 4 de febrero la ac­triz (en un ges­to au­daz) uti­li­za­ría su pre­sen­cia en Sa­tur­day Night Li­ve pa­ra re­pli­car y zan­jar el te­ma con el aho­ra pre­si­den­te al tiem­po que con­fir­ma­ba al mun­do su ho­mo­se­xua­li­dad. Tam­bién sus cam­bios de look, co­mo su último ra­pa­do pa­ra in­ter­pre­tar Un­der­wa­ter, son ob­je­to del mi­nu­cio­so es­cru­ti­nio me­diá­ti­co.

Pa­re­ces có­mo­da con los cam­bios de ima­gen, in­clu­so con los drás­ti­cos. ¿Los uti­li­zas co­mo una forma de ex­pre­sión?

Sí, por su­pues­to. Aun­que a ve­ces no eres cons­cien­te cuando su­ce­de, lue­go, al mi­rar atrás, pien­so que lle­va­ba el pe­lo de una ma­ne­ra u otra pa­ra decir algo. La pri­me­ra vez que me cor­té la me­le­na y me de­jé so­lo unos cen­tí­me­tros tu­ve la sen­sa­ción de no te­ner que es­con­der­me más. No es que an­tes me qui­sie­ra ocul­tar, pe­ro des­pe­jar to­tal­men­te la ca­ra fue algo que me cam­bió. Me re­sul­tó ho­nes­to y muy re­ve­la­dor. Con es­te cor­te de aho­ra me sien­to muy có­mo­da.

¿Pres­tas mu­cha aten­ción a tu ima­gen? ¿Te gus­ta la moda?

No me ob­se­sio­na. En reali­dad, la ro­pa me im­por­ta po­co pe­ro, cuando fun­cio­na, es co­mo si li­be­ra­se algo en ti. Tam­po­co me fas­ci­na la moda en sí mis­ma, pe­ro sí quie­nes es­tán de­trás y hacen co­sas bo­ni­tas por­que sien­ten que de­ben ha­cer­lo. Por ejem­plo, es muy ins­pi­ra­dor ver al pe­que­ño gru­po de per­so­nas que tra­ba­jan en Cha­nel y su amor por lo que hacen. Po­ner­me algo que han idea­do y ver­les emo­cio­nar­se por­que te ven co­mo lo ha­bían ima­gi­na­do me lle­na de sa­tis­fac­ción. Cuando un buen diseñador, o un di­rec­tor, te di­ce «veo algo en ti que tú no ves y te lo voy a dar» sien­tes una tre­men­da gra­ti­tud. Es un re­ga­lo. Cuando las co­sas fun­cio­nan así, es pu­ro arte.

¿Qué im­por­tan­cia das a per­fu­mar­te?

Lle­var una fragancia ese pe­que­ño ges­to que crea una at­mós­fe­ra. No se tra­ta so­lo de có­mo te veas fí­si­ca­men­te, sino de có­mo te sien­tes. No im­por­ta que no ha­ya na­die con­ti­go pa­ra oler­te, por­que se tra­ta de tu ex­pe­rien­cia. Es un pla­cer. No es algo ne­ce­sa­rio; pe­ro eso es lo bo­ni­to.

Kris­ten Ste­wart po­sa en el or­fa­na­to de Au­ba­zi­ne, don­de cre­ció Ga­brie­lle Cha­nel.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.