An­drés Velencoso, a pun­to de cum­plir 40, ce­le­bra 20 años de­di­ca­dos a la mo­da.

Ha­ce dos dé­ca­das que An­drés Velencoso se me­tió al mun­do de la mo­da en el bol­si­llo; aho­ra con­ci­lia sus com­pro­mi­sos en la in­dus­tria con unos pu­jan­tes ini­cios co­mo ac­tor y ope­ra desde su ho­gar en Lon­dres, a don­de se mu­dó pa­ra dis­fru­tar del tea­tro y el buen g

VOGUE (Spain) - - Sumario - Fo­to­gra­fía DA­NIEL RIERA Rea­li­za­ción MA­RI­NA GA­LLO Tex­to ELSA FER­NÁN­DEZ-SAN­TOS

Sor­pren­de es­cu­char a An­drés Velencoso dis­cul­par­se por re­sul­tar «de­ma­sia­do se­rio». «Cuan­do ten­go con­fian­za no lo soy tan­to y di­go cual­quier bar­ba­ri­dad», in­sis­te sin caer en la cuen­ta de que es esa cua­li­dad (que en su ca­so no im­pli­ca frial­dad o dis­tan­cia) uno de sus ma­yo­res atrac­ti­vos. El mo­de­lo y ac­tor (Tos­sa de Mar, Gi­ro­na, 1978) cum­ple 40 años el pró­xi­mo 11 de mar­zo, efe­mé­ri­de que ca­si coin­ci­de con dos dé­ca­das de triun­fal tra­ba­jo de­lan­te de una cá­ma­ra y so­bre las pa­sa­re­las. Cin­co días des­pués de so­plar las 40 ve­las, le lle­ga ade­más un re­ga­lo an­he­la­do: el es­treno de la se­rie Edha, crea­da y di­ri­gi­da por el ci­neas­ta Da­niel Bur­man ( El abra­zo par

ti­do –2004–, El rey del On­ce –2016–), la pri­me­ra que Net­flix fir­ma en Ar­gen­ti­na y la ter­ce­ra en cas­te­llano des­pués de Nar­cos y Las chi­cas del ca­ble. Una se­rie en la que in­ter­pre­ta a uno de los per­so­na­jes prin­ci­pa­les, Teo, un mis­te­rio­so y atí­pi­co mo­de­lo que ate­rri­za en el mun­do de la mo­da desde el sub­sue­lo de Bue­nos Aires.

Desde ha­ce dos años Velencoso re­si­de en Lon­dres (ase­gu­ra que practicar buen golf e ir to­do lo que pue­de al tea­tro son dos ra­zo­nes de pe­so pa­ra vi­vir allí), pe­ro lle­va unos días en Pa­rís coin­ci­dien­do con la se­ma­na de la mo­da mas­cu­li­na. En el pa­si­llo del es­tu­dio pa­ri­sino don­de se ha­ce la se­sión de fo­to­gra­fías y la en­tre­vis­ta pa­ra Vo­gue Es­pa­ña una mu­jer se ha caí­do al sue­lo sin que na­die –ex­cep­to él– re­pa­re en ello. Velencoso le­van­ta la voz: «¿Es que na­die ve que se ha caí­do? ¿Se­gu­ro que es­tá us­ted bien?», pre­gun­ta en fran­cés, aten­to don­de na­die su­po es­tar­lo. Ex­pan­si­vo y re­suel­to de­lan­te de la cá­ma­ra, de­trás se es­fuer­za por ser pre­ci­so y cau­to.

De pa­dre man­che­go y ma­dre an­da­lu­za, el mo­de­lo y ac­tor guar­da un fuer­te víncu­lo emo­cio­nal con la Cos­ta Bra­va, don­de na­ció y cre­ció. Su ma­dre, de la que lle­va el nom­bre, Lu­cía, ta­tua­do en el pe­cho, fa­lle­ció cuan­do él te­nía 24 años. El ta­tua­je y una ci­ca­triz pro­fun­da en el to­bi­llo de­re­cho son las úni­cas ‘he­ri­das’ que aso­man en su lar­go cuer­po. Quie­nes lo co­no­cen di­cen que no se de­ja lle­var por su fa­bu­lo­sa fa­cha­da, pisa tie­rra, es tra­ba­ja­dor. «Va­lo­ro las co­sas, lo que cues­tan. Nun­ca he si­do muy ca­pri­cho­so, aun­que me gus­ta ir a un buen res­tau­ran­te y sé apre­ciar el no mi­rar los pre­cios de una car­ta. Es pro­ba­ble que el ma­yor ca­pri­cho que me he da­do en mi vi­da ha­ya si­do ir­me a Lon­dres. Me gus­ta vi­vir allí, apro­ve­char to­do lo que ofre­ce, aun­que al fi­nal no ha­go ni la mi­tad de lo que que­rría. So­ña­ba con apun­tar­me a un mi­llón de cur­sos y de mo­men­to no he te­ni­do tiem­po pa­ra ha­cer nin­guno».

Po­co a po­co asume el inevi­ta­ble cam­bio de es­ta­tus en su tra­ba­jo de mo­de­lo y apren­de a dis­fru­tar desde un lu­gar nue­vo. «Me pa­re­ce men­ti­ra cum­plir 40 años. De al­gu­na for­ma no me lo creo. Me pa­re­ce un nú­me­ro tan ra­ro. Re­cuer­do ver a mi pa­dre con esa edad, me pa­re­cía muy ma­yor. Lo cier­to es que aun­que pa­ra mi edad aún tra­ba­jo mu­cho, mi ca­rre­ra ya ha cam­bia­do. Aho­ra me invitan a ver los des­fi­les sen­ta­do. Es cu­rio­so; ayer mis­mo, en Ber­lu­ti, des­fi­la­ba Ste­lla Ten­nant, que ron­da los 50 y tie­ne una hi­ja de 19 años. Y lo cier­to es que es­tá ma­ra­vi­llo­sa. Es una mo­de­lo que siem­pre me gus­tó. Siem­pre lo di­go: hay mu­cha gen­te gua­pa, pe­ro pa­ra ser buen mo­de­lo hay que te­ner per­so­na­li­dad. Tam­bién hay que ser pa­cien­te y te­ner ga­nas de tra­ba­jar».

Qui­zás por­que siem­pre ha vi­vi­do ro­dea­do de mu­je­res no se sien­te ame­na­za­do por la ola de con­cien­cia fe­mi­nis­ta que ha pren­di­do en una par­te im­por­tan­te de la so­cie­dad oc­ci­den­tal. «En mi fa­mi­lia hay mu­chas mu­je­res, ten­go dos her­ma­nas y mi ma­dre te­nía cua­tro her­ma­nas. En mi ca­sa las mu­je­res siem­pre han te­ni­do mu­cha fuer­za y yo nun­ca he te­ni­do nin­gún pro­ble­ma con ese po­der. Tam­bién es cier­to que mi ma­dre no es­tu­dió por­que mi abue­lo se ne­gó a que ella y sus her­ma­nas es­tu­dia­sen. Eso le pe­só siem­pre a mi ma­dre. Era gen­te de cam­po, que tra­ba­ja la tie­rra; otra cul­tu­ra. Afor­tu­na­da­men­te to­do eso ha cam­bia­do o es­tá cam­bian­do». Sin em­bar­go, ex­pli­ca, en el mun­do de los mo­de­los, la bre­cha sa­la­rial es a la in­ver­sa. «Ahí la di­fe­ren­cia en­tre hom­bres y mu­je­res cae a fa­vor de ellas. Las mo­de­los fe­me­ni­nas ga­nan más que los mo­de­los mas­cu­li­nos de su mis­mo ni­vel. Es así. Ven­den más y tie­nen más ca­ché».

Su tra­yec­to­ria em­pe­zó con 21 años. A esa edad se fue a Mi­lán. «Es­tu­dia­ba tu­ris­mo en Bar­ce­lo­na, y me ofre­cie­ron mi pri­me­ra opor­tu­ni­dad. En reali­dad ha­bía lle­ga­do a tu­ris­mo sin tenerlo de­ma­sia­do cla­ro, yo que­ría es­tu­diar INEF [fa­cul­tad de Edu­ca­ción Fí­si­ca y De­por­tes] pe­ro me le­sio­né el to­bi­llo por tres la­dos, ti­bia, pe­ro­né y li­ga­men­to in­te­rior, y me tu­ve que ol­vi­dar de la ca­rre­ra que que­ría. Em­pe­cé a tra­ba­jar de mo­de­lo, la idea de no te­ner que pe­dir di­ne­ro a mi pa­dre era de­ma­sia­do ten­ta­do­ra. Y se­guí por ese ca­mino». Pri­mo­gé­ni­to

Vde tres her­ma­nos, dos chi­cas y él, su pa­dre (hoy ju­bi­la­do) re­gen­ta­ba un res­tau­ran­te-bar en la cos­ta. «En un prin­ci­pio mi idea era se­guir con el ne­go­cio de mi pa­dre, pe­ro no ocu­rrió. Al prin­ci­pio no fue fácil pa­ra él, pe­ro nos lle­va­mos bien y con el tiem­po lo com­pren­dió». elen­co­so re­cuer­da que en­ton­ces las agencias ade­lan­ta­ban el di­ne­ro a los mo­de­los y él em­pe­zó a via­jar. «Pa­rís, Mi­lán y so­bre to­do Nue­va York, que desde el prin­ci­pio era mi sue­ño. Re­cuer­do que el año que em­pe­cé vol­ví en ve­rano pa­ra cum­plir con mi pa­dre, que ne­ce­si­ta­ba un camarero. Pa­sé la tem­po­ra­da de ve­rano en el bar y lue­go me fui. Ce­le­bré los 22 ya en Pa­rís».

A par­tir de en­ton­ces le ayu­dó cier­ta ver­sa­ti­li­dad fí­si­ca, po­der ju­gar a va­rios re­gis­tros, la­tino, me­di­te­rrá­neo, y so­bre to­do esa con­di­ción de be­lle­za clá­si­ca que en­ton­ces y siem­pre es­ca­sea. «To­do es un apren­di­za­je. Yo al prin­ci­pio pen­sa­ba que me mi­ra­ban por la ca­lle por­que era al­to. Tam­po­co creo que fue­ra por guapo, me mi­ra­ban por­que re­sul­ta­ba di­fe­ren­te, o co­mo se quie­ra lla­mar a esa cua­li­dad fí­si­ca que te ha­ce tra­ba­jar co­mo mo­de­lo». Al prin­ci­pio se ga­na­ba bien la vi­da ha­cien­do ca­tá­lo­gos y pe­que­ñas cam­pa­ñas has­ta que la pa­re­ja de fo­tó­gra­fos Inez & Vi­noodh hi­cie­ron con él un edi­to­rial pa­ra Vo­gue Pa­rís ti­tu­la­do Ame­ri­can Gi­go­ló que dio un vuel­co a su ca­rre­ra. «Aquellas fo­tos lo cam­bia­ron to­do», ase­gu­ra. «Fue ahí don­de me vie­ron Mert & Mar­cus pa­ra la cam­pa­ña con Jen­ni­fer Lo­pez de Louis Vuit­ton».

En es­tos años, Velencoso (que en 2008 sal­ta­ba a las re­vis­tas del co­ra­zón por su no­viaz­go con la di­va pop Ky­lie Mi­no­gue) ha apren­di­do un ofi­cio in­ten­so en el que no siem­pre se sin­tió fuer­te y se­gu­ro. «Aho­ra lo veo co­mo un tra­ba­jo de equi­po, pe­ro cuan­do em­pie­zas no lo es». La pa­la­bra ‘tí­te­re’ no le gus­ta, pe­ro di­ce que se ajus­ta a las sen­sa­cio­nes de los pri­me­ros mo­men­tos. «Sal­van­do las dis­tan­cias, eso me ocu­rre aho­ra con lo de ac­tor. Con mi pri­me­ra pe­lí­cu­la, Fin [ Jor­ge To­rre­gros­sa, 2012], lo pa­sé fa­tal. Es­ta­ba ro­dea­do de pro­fe­sio­na­les co­mo Ma­ri­bel Ver­dú o Cla­ra La­go y no era fácil pa­ra mí. Me de­cían ‘tú dis­fru­ta’, pe­ro yo no po­día dis­fru­tar. Aún así, me ti­ré a la pis­ci­na». El re­sul­ta­do no fue tan ne­ga­ti­vo co­mo él lo pin­ta –«Uf, a ve­ces no me en­tien­do, y me da mu­cha ra­bia»–. En un me­dio que acep­ta de ma­la gana el in­tru­sis­mo, con ex­pe­rien­cias fa­lli­das co­mo la se­rie de Te­le­cin­co

B&B, el mo­de­lo ha de­mos­tra­do la hu­mil­dad y el te­són su­fi­cien­te pa­ra ga­nar­se el cam­bio de rol. Fi­nal­men­te, con Edha, le lle­ga la que po­dría ser su me­jor opor­tu­ni­dad co­mo in­tér­pre­te. Du­ran­te cin­co me­ses ha vi­vi­do en Ar­gen­ti­na pa­ra ro­dar un

th­ri­ller dra­má­ti­co crea­do por un ci­neas­ta con ta­len­to y buen ol­fa­to, Da­niel Bur­man. La tra­ma gi­ra al­re­de­dor de una di­se­ña­do­ra «pe­cu­liar y vi­sio­na­ria» lla­ma­da Edha, in­ter­pre­ta­da por Jua­na Via­le. Velencoso es Teo, el mo­de­lo del que la crea­do­ra se enamo­ra has­ta con­ver­tir­lo en el cen­tro de una co­lec­ción de hom­bre. Es la his­to­ria ocul­ta de Teo la que ar­ti­cu­la los 10 ca­pí­tu­los de la fic­ción. «Él es­tá de­trás de al­go que le ha ocu­rri­do a su her­mano, lle­ga desde un barrio mar­gi­nal de la ciu­dad y ese conflicto so­cial es­tá tam­bién muy pre­sen­te en la se­rie», ade­lan­ta Velencoso. «Tra­ba­jar de ac­tor es pa­ra mí un des­gas­te enor­me».

Afor­tu­na­da­men­te, Bur­man me ha lle­va­do de la mano, me ha ayu­da­do mu­chí­si­mo y me ha ani­ma­do to­do el ra­to –con­ti­núa–. Desde que nos co­no­ci­mos en el cas­ting co­nec­ta­mos muy bien». «Tra­ba­jar en otro país y en otra cul­tu­ra no es sen­ci­llo. So­lo por los acen­tos ya era un lío. En­ci­ma, no po­día aban­do­nar todos mis con­tra­tos co­mo mo­de­lo por tan­tos me­ses y tu­ve que ir­me va­rias ve­ces. Era du­ro des­co­nec­tar de la se­rie. Pa­ra mí la mo­da siem­pre fue un trampolín pa­ra otras co­sas. Los hay que quie­ren ser fo­tó­gra­fos, es­ti­lis­tas o pe­lu­que­ros. En mi ca­so siem­pre me atra­jo ac­tuar. En la mo­da hay que es­tar aten­to a lo que ocu­rre a tu al­re­de­dor, por­que lo cier­to es que ocu­rren mu­chas co­sas y es­tá bien apro­ve­char­las», aña­de. Con la au­to­ri­dad de un ve­te­rano, Velencoso con­ce­de un úl­ti­mo con­se­jo a los que em­pie­zan: «Este mun­do ha cam­bia­do mu­cho, y aho­ra un mo­de­lo pue­de crear su pro­pio con­te­ni­do y eso te da ven­ta­jas a la ho­ra de venderte y ex­po­ner­te. Eres tu pro­pia agen­cia, po­sees un es­ca­pa­ra­te ex­tra. Pe­ro tam­bién creo que la au­to­pro­mo­ción que te per­mi­te una he­rra­mien­ta co­mo Ins­ta­gram te de­ja en una zo­na de con­fort que no es tan po­si­ti­va, de­jas de ex­pe­ri­men­tar, de sa­lir a la ca­lle a bus­car tra­ba­jo. Te pier­des ex­pe­rien­cias de vi­da». ¿Y có­mo fes­te­ja­rá el cam­bio de dé­ca­da? «En mi ca­sa so­lo te­ne­mos la tra­di­ción de ce­le­brar jun­tos el cum­plea­ños de mi pa­dre y mi her­ma­na, que cum­plen el mis­mo día de sep­tiem­bre. Mis cum­plea­ños ca­si siem­pre me han to­ca­do fue­ra, via­jan­do o tra­ba­jan­do. Pe­ro co­mo este año es es­pe­cial in­ten­ta­ré es­tar con mi fa­mi­lia y des­pués sí, ha­ré una gran fies­ta, me ape­te­ce re­unir a mis ami­gos de la mo­da y del ci­ne. Los años re­don­dos siem­pre hay que ce­le­brar­los»

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