Can­di­ce Huf­fi­ne y el fit­ness.

LA MO­DE­LO CAN­DI­CE HUF­FI­NE RE­ME­MO­RA, EN PRI­ME­RA PER­SO­NA, CÓ­MO PA­SÓ DE NO HA­CER PRÁC­TI­CA­MEN­TE DE­POR­TE A COM­PLE­TAR DOS MA­RA­TO­NES EN UN MIS­MO AÑO. Y REIVIN­DI­CA UNA ES­TÉ­TI­CA MÁS DI­VER­SA TAM­BIÉN EN EL UNI­VER­SO DEL FIT­NESS.

VOGUE (Spain) - - Sumario -

Em­pe­cé a co­rrer en 2016, por una apues­ta. Du­ran­te un brunch, a fi­na­les de 2015, mi ma­ri­do y yo co­men­za­mos a pla­near el año que iba a co­men­zar, con sus ob­je­ti­vos y sus ho­jas de ru­ta. To­do lo que yo vi­sua­li­za­ba te­nía que ver con mi ca­rre­ra co­mo mo­de­lo. No ha­bía in­clui­do ni un so­lo re­to per­so­nal. En­ton­ces, de la na­da, él me di­jo: «¡Te re­to a que co­rras un me­dio ma­ra­tón!». Yo no ha­bía par­ti­ci­pa­do en una ca­rre­ra en to­da mi vi­da, pe­ro de­ci­dí no ame­dren­tar­me y le res­pon­dí que ¡ade­lan­te!

Has­ta aquel mo­men­to, mi re­la­ción con el de­por­te ha­bía si­do in­ten­sa e in­creí­ble. Por mo­men­tos. En el ins­ti­tu­to era muy ac­ti­va, for­ma­ba par­te del equi­po de ani­ma­do­ras, del de la­cros­se y tam­bién bai­la­ba. De re­pen­te, des­pués de gra­duar­me, lo de­jé to­do de gol­pe. Re­to­mé la ac­ti­vi­dad fí­si­ca cuan­do co­men­cé a tra­ba­jar en la mo­da ha­ce ca­si un de­ce­nio, pe­ro real­men­te lle­vo tres años to­mán­do­me­lo más en se­rio. Sal­go a co­rrer to­das las se­ma­nas, y prac­ti­co bo­xeo, bi­ci y yo­ga cuan­do pue­do. Mu­chas ve­ces ten­go la ne­ce­si­dad fí­si­ca de mo­ver­me, así que aun­que no es­té en­tre­nan­do para una ca­rre­ra, in­ten­to ha­cer mis en­tre­na­mien­tos. La be­lle­za de sa­lir a co­rrer es que me re­sul­ta muy fá­cil (y có­mo­do); me­to un par de za­pa­ti­llas en la ma­le­ta, cuan­do via­jo, y apro­ve­cho el tiem­po del ejer­ci­cio para co­no­cer los lu­ga­res a los que voy. Jus­to ayer por la tar­de es­ta­ba tro­tan­do al la­do del océano Pa­cí­fi­co, en San­ta Mó­ni­ca (Ca­li­for­nia).

A día de hoy sé que siem­pre voy a co­rrer, ya es par­te de mi vi­da y de mi ca­rác­ter. Ten­go mu­chí­si­mas ca­rre­ras pla­nea­das para es­te año. Y mi ob­je­ti­vo es, en el fu­tu­ro, po­der con­ver­tir­me en por­ta­voz de es­te es­ti­lo de vi­da para qui­tar el mie­do a mu­chas mu­je­res. De­seo que se des­ha­gan de las du­das y sal­gan a la ca­lle sa­bien­do que cual­quier ob­je­ti­vo que se pro­pon­gan se pue­de lo­grar. El me­jor ejem­plo soy yo mis­ma. En 2016 co­rrí el me­dio ma­ra- tón de Nue­va York, y el año pa­sa­do, sin ir más le­jos, dos ma­ra­to­nes com­ple­tos: el de Bos­ton, en abril, y el de Nue­va York, en no­viem­bre. Por muy lo­co que pa­rez­ca, no me pu­de re­sis­tir. Echo la vis­ta atrás y, la ver­dad, lo que ha lo­gra­do mi cuer­po (y mi co­ra­zón) me de­ja sin pa­la­bras. Es más que pro­ba­ble que no vuel­va a com­ple­tar dos eventos así en un año... pe­ro he apren­di­do a que nun­ca se pue­de de­cir nun­ca.

Creo que lo más di­fí­cil de es­te de­por­te es co­men­zar. An­tes de eso, pen­sa­ba que no po­dría con ello. Ni si­quie­ra lo in­ten­ta­ba. Es cu­rio­so, por­que una vez que arran­cas y prac­ti­cas, aun­que sea len­to al prin­ci­pio, sien­tes que de­be­rías ha­ber em­pe­za­do mu­cho tiem­po atrás. Por eso, aban­do­nar no es una op­ción. En mi ca­so, no lo es en nin­gún re­to que acep­to. Pe­ro en es­te de­por­te en par­ti­cu­lar, an­tes que aban­do­nar me en­con­tra­rán ca­mi­nan­do o arras­trán­do­me has­ta la me­ta. La pri­me­ra vez que la cru­cé, me ju­ré a mí mis­ma que ja­más vol­ve­ría a de­cir­me que no pue­do. De­seo que to­das las mu­je­res vi­van ese ti­po de re­ve­la­ción... ¡y que se­pan que son im­pa­ra­bles!

El sen­ti­mien­to que pro­du­ce co­rrer es adic­ti­vo. A mí me ha­ce sen­tir­me me­jor per­so­na, en ge­ne­ral. Mi men­te es­tá más en­fo­ca­da e ins­pi­ra­da gra­cias a es­to. Y ten­go una playlist en Spo­tify que he ido crean­do des­de el día en que em­pe­cé. Tie­ne unas 300 can­cio­nes, con una mez­cla de co­sas que me ani­man y me mo­ti­van. Al­gu­nas, in­clu­so, ha­cen re­fe­ren­cia a co­rrer. Una que nun­ca me fa­lla es Roar, de Katy Perry. O Thun­der, de Ima­gi­ne Dra­gons.

Poco des­pués de em­pe­zar en es­te de­por­te, lan­cé la fir­ma de ro­pa DAY/WON por­que, al igual que me ocu­rre con mu­chas co­sas en la in­dus­tria de la mo­da, me pa­re­ce que ha­cía fal­ta. Lle­gué al atletismo y vi que la equi­pa­ción que ne­ce­si­ta­ba era prác­ti­ca­men­te im­po­si­ble de en­con­trar: pren­das con una es­té­ti­ca cool y ac­tual, fa­bri­ca­das con ma­te­ria­les re­sis­ten­tes y du­ra­de­ros, y que es­tu­vie­ran dis­po­ni­bles en las tien­das en mi ta­lla. Hay es­pa­cio en el mer­ca­do para nuevas mar­cas y di­se­ña­do­res, pe­ro con­si­de­ro que lo que real­men­te di­fe­ren­cia a DAY/WON es que es­tá pen­sa­do para to­do ti­po de mu­je­res en cual­quier as­pec­to de su vi­da. So­mos la úni­ca lí­nea de ac

ti­ve­wear que po­ne a dis­po­si­ción de sus clien­tes una co­lec­ción com­ple­ta de las ta­llas 0 a la 32 [de la 30 a la 64, en Es­pa­ña], es­ta am­plia ofer­ta, tan in­clu­si­va, es lo que me ha­ce sen­tir más or­gu­llo­sa.

Me gus­ta el le­ma «en for­ma a cual­quier ta­lla», es una ver­dad muy sen­ci­lla e im­por­tan­te. La ta­lla y la sa­lud no son mu­tua­men­te ex­clu­yen­tes, y ese es uno de los fo­cos en los que nues­tra in­dus­tria (la de la mo­da) tie­ne que ha­cer hin­ca­pié. Las mu­je­res pue­den ser fuer­tes, sa­lu­da­bles y es­tar en for­ma, in­clu­so más allá de la ta­lla 44. Es muy im­por­tan­te que em­pe­ce­mos a ver los cuer­pos de es­te mo­do y me gus­ta­ría for­mar par­te de es­te cam­bio del pa­ra­dig­ma. Es­pe­ro que la so­cie­dad en­tien­da que no so­lo prac­ti­ca­mos de­por­te para per­der pe­so, y que no hay una ta­lla es­pe­cí­fi­ca para prac­ti­car­lo. El pla­cer de co­rrer no ne­ce­sa­ria­men­te tie­ne que ver con con­se­guir unos ab­do­mi­na­les de­fi­ni­dos. Esas per­so­nas tam­bién tie­nen que sen­tir­se re­pre­sen­ta­das en el uni­ver­so del

fit­ness, para que la sa­lud y la for­ta­le­za no so­lo se tra­duz­ca en una idea de per­fec­ción inal­can­za­ble. Creo que es­ta­mos co­rrien­do ha­cia un be­llo fu­tu­ro que ce­le­bra a to­das las mu­je­res to­do el tiem­po. Y no de­seo na­da más que eso

«ES IM­POR­TAN­TE CAM­BIAR EL PA­RA­DIG­MA: LAS MU­JE­RES PUE­DEN SER FUER­TES, SA­LU­DA­BLES Y ES­TAR EN FOR­MA MÁS ALLÁ DE LA TA­LLA 44»

La mo­de­lo Can­di­ce Huf­fi­ne (Geor­ge­town, Es­ta­dos Uni­dos, 1984) con pren­das de su pro­pia mar­ca de­por­ti­va, DAY/WON.

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