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MA­DRE SO­LI­DA­RIA Y COM­PRO­ME­TI­DA –DEL VIH A LA MO­DA SOS­TE­NI­BLE–, LA AC­TRIZ PO­NE ROS­TRO A LA DE­PRE­SIÓN POSPARTO EN TULLY, SU PA­PEL MÁS COM­PLI­CA­DO, TAN­TO FÍ­SI­CA CO­MO EMO­CIO­NAL­MEN­TE, HAS­TA LA FE­CHA.

VOGUE (Spain) - - Agenda -

Ge­né­ti­ca­men­te per­fec­ta, el nom­bre de Char­li­ze The­ron se nos es­ca­pa de la bo­ca ca­da vez que bus­ca­mos un ejem­plo de be­lle­za. Sin em­bar­go, ella pa­re­ce em­pe­ña­da en com­pro­me­ter su ima­gen en fa­vor de per­so­na­jes co­mo el res­to de los mor­ta­les, se­res hu­ma­nos más de an­dar por ca­sa. Lo vuel­ve a ha­cer en Tully (22/6) una na­rra­ción fir­ma­da por Ja­son Reit­man y Dia­blo Cody, los ar­tis­tas tras Juno y Young Adult, que so­me­tie­ron a The­ron a un ré­gi­men de 12 re­fres­cos de co­la dia­rios pa­ra su­bir 20 ki­los de pe­so en dos me­ses. «En es­te ro­da­je lle­gué a

com­pro­me­ter mi sa­lud; nun­ca pen­sé que mi die­ta pu­die­ra abo­car­me a la de­pre­sión. Y no me gus­ta lle­var­me los per­so­na­jes con­mi­go. Cuan­do lle­go a ca­sa por la no­che, quie­ro to­mar­me una co­pa y reír, no ti­rar­me en el so­fá», ad­mi­te, con­ven­ci­da que Tully ha si­do el per­so­na­je más com­pli­ca­do de su ca­rre­ra. «Ni cuan­do hi­ce Mons­ter lo pa­sé tan mal». M ar­lo, su per­so­na­je, es una ma­dre de dos ni­ños y un be­bé abru­ma­da por sus cir­cuns­tan­cias. Has­ta el día que apa­re­ce una ni­ñe­ra noc­tur­na. «Ten­go ami­gas que han pa­sa­do por em­ba­ra­zos y sé que es un in­fierno pa­ra su cuer­po. Mi ca­so es un po­co di­fe­ren­te; no vi­ví los em­ba­ra­zos de mis hi­jos y no te­nía que re­cu­pe­rar­me de na­da. No te­nía sen­ti­do pa­ra mí con­tra­tar a una ni­ñe­ra. Sa­bía que du­ran­te tres me­ses no iba a dor­mir, así que ajus­té mi vi­da al be­bé. De la emo­ción pa­sé a ese es­ta­do de de­li­rio en el que en­tras cuan­do no duer­mes», re­co­no­ce es­ta ma­dre de dos hi­jos adop­ta­dos, Jack­son, de seis años, y Au­gust, de dos. «Con mi pri­mer hi­jo es­te­ri­li­za­ba has­ta los za­pa­tos que me po­nía en ca­sa. El te­mor a ma­tar­le me pa­ra­li­za­ba; to­dos los pa­dres pri­me­ri­zos pe­can un po­co de eso. Lue­go, con la se­gun­da, em­pe­cé a com­prar pa­ña­les ba­ra­tos y al­gu­na vez le he da­do el chu­pe­te del sue­lo. Los se­gun­dos hi­jos son me­nos du­ros pa­ra la ma­dre por­que es­tá más pre­pa­ra­da». Tully es una cin­ta pa­ra la mu­jer de hoy, apli­ca­da en sus ta­reas gra­cias a los be­ne­fi­cios de You­Tu­be y adic­ta al es­ca­pis­mo de los reali­ties te­le­vi­si­vos. «Es im­po­si­ble ver es­ta pe­lí­cu­la sin sen­tir em­pa­tía por aque­llas mu­je­res que su­frie­ron de­pre­sión post­par­to; es un te­ma del que no se ha­bla lo su­fi­cien­te». S oli­da­ria con su país de ori­gen, Char­li­ze creó en el 2007 la or­ga­ni­za­ción Char­li­zeA­fri­caOu­treach.org pa­ra lu­char con­tra la in­va­sión del vi­rus del SI­DA. Su pro­yec­to in­vier­te en jó­ve­nes afri­ca­nos con la es­pe­ran­za de re­du­cir el nú­me­ro de in­fec­ta­dos en Su­dá­fri­ca, prin­ci­pal fo­co mun­dial del vi­rus. «Na­cí y cre­cí en un país con mu­cha agi­ta­ción y mu­cho su­fri­mien­to, con mu­cha de­sigual­dad. Vi­ví allí du­ran­te los años del Apart­heid y eso te mar­ca por­que te sien­tes par­te de un sis­te­ma ho­rri­ble. Yo no lo vo­té, pe­ro per­te­ne­cí a él; y mis hi­jos sa­ben de dón­de ven­go. No­so­tros ce­le­bra­mos el día de Mar­tin Lut­her King, pe­ro tam­bién ha­bla­mos de esas ver­da­des in­có­mo­das. Y voy a de­di­car mi vi­da en­te­ra a que no vuel­va a su­ce­der en nin­gún otro la­do». Es­ta, sin em­bar­go, no es la úni­ca cau­sa a la que ha de­ci­di­do pres­tar su voz. «Mi in­fan­cia fue muy des­afor­tu­na­da, y voy a ser fran­ca en mis opi­nio­nes, co­mo el ma­tri­mo­nio gay y los de­re­chos de igual­dad. No acep­to la idea de que una per­so­na se vea obli­ga­da a se­pa­rar­se de quien ama. Quie­ro ayu­dar y voy a ayu­dar». Ar­tis­ta con­se­cuen­te, Char­li­ze tam­bién apo­ya la mo­da sos­te­ni­ble. «Vi­vo de una for­ma cons­cien­te; ca­da pren­da que eli­jo tie­ne que es­tar de acuer­do con mi for­ma de pen­sar. No me pon­go pie­les por­que em­pie­zo por mí». Pe­ro su com­pro­mi­so so­li­da­rio se cen­tra, por en­ci­ma de to­do, en los jó­ve­nes. «Me apa­sio­nan, los con­si­de­ro el fu­tu­ro. Ellos van a ser los pró­xi­mos lí­de­res. La es­cue­la de mis hi­jos es­tá en Holly­wood, don­de hay mu­chos sin te­cho, y tam­bién ha­bla­mos so­bre ellos; me nie­go a edu­car ni­ños mi­ma­dos. Mi hi­jo de seis años me pi­dió ir a com­prar ce­pi­llos de dien­tes pa­ra los que vi­ven cer­ca del co­le­gio y me en­can­ta que sea así. Es un ges­to pe­que­ño, pe­ro ge­ne­ro­so» Ma­ría Es­té­vez

«NA­CÍ Y CRE­CÍ EN UN PAÍS CON MU­CHA DE­SIGUAL­DAD; MIS HI­JOS SA­BEN DE DÓN­DE VEN­GO Y HA­BLA­MOS DE ESAS VER­DA­DES IN­CÓ­MO­DAS» CHAR­LI­ZE THE­RON

La ac­triz su­ra­fri­ca­na, muy con­cien­cia­da con las ne­ce­si­da­des de su país, siem­pre ha mos­tra­do un per­fil muy ac­ti­vo.

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