CO­LEC­CIÓN

Ma­ria ke Fis­her­man y Ni­ke pre­sen­tan... ani­me y fút­bol.

VOGUE (Spain) - - SUMARIO -

Se ha ado­ra­do la piel des­de tiempos in­me­mo­ria­les. Es la fi­bra más na­tu­ral que exis­te, re­no­va­da pa­ra me­jo­rar su ele­gan­cia, ca­li­dez y gran­dio­si­dad in­na­tas.

En la ac­tua­li­dad, y en pleno siglo XXI, exis­te otro mo­ti­vo pa­ra la uti­li­za­ción de las pren­das de piel por par­te de los jó­ve­nes: la ca­da vez ma­yor preo­cu­pa­ción que com­par­ti­mos por la si­tua­ción del pla­ne­ta. La cre­cien­te alar­ma so­cial por el im­pac­to de los plás­ti­cos, so­bre to­do en los océa­nos, así co­mo por los efec­tos de la con­ta­mi­na­ción en el me­dio ambiente, ha­cen que re­fle­xio­nar so­bre qué ves­tir, có­mo con­su­mir y có­mo vi­vir sea más im­por­tan­te que nun­ca.

En es­ta épo­ca de mo­da rá­pi­da, en la que el mer­ca­do es­tá lleno de pro­duc­tos quí­mi­cos de piel sin­té­ti­ca que de­te­rio­ran nues­tro en­torno, los abri­gos de piel cons­ti­tu­yen la úl­ti­ma sa­li­da al com­por­ta­mien­to de “usar y ti­rar”. A me­nu­do, ese abri­go de piel que era de la abue­la pa­sa a la ma­dre y aca­ba en ma­nos de las hi­jas mo­der­nas, y cuan­tas más readap­ta­cio­nes le ha­yan he­cho, me­jor. No hay na­da co­mo ver tus ini­cia­les bor­da­das en el fo­rro sa­ti­na­do del abri­go de piel por pri­me­ra vez.

Y, cuan­do ya ha lle­ga­do a su fin, y hay que desechar es­te te­so­ro, ape­nas tar­da­rá unos me­ses en bio­de­gra­dar­se. Pe­ro ¡pue­de que en el fu­tu­ro sean dé­ca­das! Mien­tras tan­to, las mu­je­res en to­do el mun­do y que se preo­cu­pan por el me­dio ambiente lu­cen sen­sa­cio­na­les en mar­ta, pí­ca­ras en vi­són y fe­ro­ces en zo­rro. Son la per­so­ni­fi­ca­ción de la mo­da res­pon­sa­ble: clien­tes in­for­ma­das que tra­tan de ha­cer el bien a la vez que con­si­guen una ima­gen ge­nial.

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