Me sien­to más có­mo­da y se­gu­ra con­mi­go mis­ma aho­ra. Al cum­plir años, ves las co­sas con más dis­tan­cia, eres más in­de­pen­dien­te de lo que pien­san los de­más.»

Woman - - PORTADA -

¿Y qué opi­nas del cul­to al cuer­po que hay en el ci­ne?

No creo en la per­fec­ción, no exis­te. Y si así fue­ra, se­ría muy abu­rri­da. Pa­ra mí, la be­lle­za, la sen­sua­li­dad de una mu­jer no tie­ne que ver con sus for­mas. Una mu­jer co­mo Char­lot­te Ram­pling es tan sexy co­mo Sop­hia Lo­ren, in­clu­so cuan­do am­bas son com­ple­ta­men­te di­fe­ren­tes. No tie­ne que ver con la si­lue­ta, sino con la ac­ti­tud. En Eu­ro­pa, las ac­tri­ces so­mos afor­tu­na­das.

¿Has sen­ti­do al­gu­na vez tu be­lle­za co­mo una car­ga?

Sí, a ve­ces pue­de ser una pri­sión. Pe­ro ha­cer­se ma­yor ayu­da a ver las co­sas de otra ma­ne­ra. Lo ves to­do con mu­cha más dis­tan­cia. Tam­bién, con la edad, tra­tas de ha­cer lo que quie­res. Eres más in­de­pen­dien­te de lo que pien­sa otra gen­te.

¿Có­mo se sien­te al ser una sex sym­bol?

Creo que no te das cuenta de lo que re­pre­sen­tas pa­ra otros. Lo más im­por­tan­te es có­mo te sien­tes tú, lo que hay al­re­de­dor pue­de cam­biar.

¿De qué es­tás más or­gu­llo­sa?

No me gus­ta esa pa­la­bra. Pe­ro lo que me ha­ce más fe­liz en la vi­da son mis hi­jos, ver­los cre­cer. Cuan­do es­tán dor­mi­dos en la ca­ma, co­mo dos án­ge­les, me doy cuenta de lo afor­tu­na­da que soy.

¿Qué ha si­do lo me­jor de tu ca­rre­ra?

Cuan­do era muy jo­ven so­ña­ba con esas fotos que veía en los li­bros de Ave­don y We­ber. Des­pués, tra­ba­jé con todos esos fo­tó­gra­fos in­creí­bles. Y lue­go so­ñé con el ci­ne, y lle­gó. Por su­pues­to que me lo he tra­ba­ja­do, pe­ro creo que la vi­da es una mez­cla en­tre lo que quie­res y lo que ocu­rre. No sa­bes por qué sur­gen al­gu­nas co­sas y no otras. No po­de­mos de­ci­dir, so­lo apren­der a reac­cio­nar an­te las co­sas. Lo que vie­ne, vie­ne.

¿Y lo peor?

He te­ni­do que lu­char con­tra si­tua­cio­nes di­fí­ci­les, pe­ro por su­pues­to, me han he­cho dar­me cuenta de otras co­sas. A ve­ces, esa lu­cha ha he­cho sen­tir­me frá­gil, per­di­da. Lo que he apren­di­do a lo lar­go de la vi­da es com­pa­sión. Gra­cias a eso pue­des en­ten­der más a los de­más. De to­das for­mas, no me gus­ta mi­rar al pa­sa­do. Tra­to de vi­vir en el pre­sen­te. Lo que hi­ce antes ahí es­tá, y no hay que es­tar siem­pre pen­san­do en ello.

¿Cuál es tu par­te fa­vo­ri­ta de Ita­lia?

Es­to sí que es di­fí­cil de res­pon­der. To­do es pre­cio­so, es por lo que se le lla­ma Bel Pae­se. La gen­te es agra­da­ble, tra­ta de vi­vir lo me­jor po­si­ble y se co­me muy bien. In­clu­so en es­ta épo­ca tan di­fí­cil de cri­sis, los ita­lia­nos siem­pre pen­sa­mos «ma­ña­na se­rá otro día». Es­to es lo que real­men­te nos ayu­da a en­fren­tar­nos al fu­tu­ro.

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