La di­se­ña­do­ra uru­gua­ya abre en Nue­va York su pri­me­ra tien­da de lu­jo sus­ten­ta­ble

La uru­gua­ya Ga­brie­la Hearst es la fa­vo­ri­ta de ri­cos y fa­mo­sos en Es­ta­dos Uni­dos y Eu­ro­pa

El Observador - Café y Negocios - - PORTADA - Ma­ría Inés Fior­del­mon­do mfior­del­mon­do@ob­ser­va­dor. com.uy

Son días par­ti­cu­lar­men­te aje­trea­dos pa­ra la di­se­ña­do­ra uru­gua­ya Ga­brie­la Hearst. Y no so­lo por­que Meghan Markle ha­ya ele­gi­do un bol­so de su mar­ca pa­ra su pri­me­ra vi­si­ta a Sus­sex jun­to a su es­po­so, el prín­ci­pe Harry, des­de el día en que se ca­sa­ron, aun­que eso de­jó, co­mo es ló­gi­co, can­ti­dad de lla­ma­das en su ce­lu­lar y ofi­ci­na, ar­tícu­los en los prin­ci­pa­les me­dios in­ter­na­cio­na­les y una “ex­po­si­ción in­creí­ble” que “sú­per ayu­dó”.

Esa noticia coin­ci­dió con el he­cho de que Hearst, o Pe­re­zut­ti (su ape­lli­do de sol­te­ra) es­tá a po­cos días de abrir la pri­me­ra tien­da de su mar­ca ho­mó­ni­ma en Nue­va York, ciu­dad don­de vi­ve. El nom­bre de la uru­gua­ya fi­gu­ra­rá so­bre Ma­di­son Ave­nue, al la­do del ho­tel Carly­le.

La di­se­ña­do­ra, cria­da en­tre Mon­te­vi­deo y el cam­po san­du­ce­ro de su fa­mi­lia, re­ci­bi­da de la ca­rre­ra de Co­mu­ni­ca­ción en la ORT, da­rá es­te pa­so des­pués de ca­si cua­tro años de ha­ber crea­do la mar­ca que con­quis­tó a una can­ti­dad in­nu­me­ra­ble de ac­tri­ces de Holly­wood, que se lu­ció en las pa­sa­re­las de la New York Fas­hion Week y de ha­ber he­cho lle­gar sus di­se­ños a 75 tien­das mul­ti­mar­ca de lu­jo por Asia, Me­dio Oriente, EEUU y Eu­ro­pa.

¿Por qué de­ci­de abrir su pri­me­ra tien­da aho­ra, des­pués de ca­si cua­tro años?

Has­ta aho­ra es­tá­ba­mos en mul­ti­mar­cas. Te­ne­mos nues­tro si­tio on­li­ne y to­da la par­te del ne­go­cio de las car­te­ras que es di­rec­ta­men­te al con­su­mi­dor, por­que res­trin­gi­mos la dis­tri­bu­ción de las car­te­ras. Es re im­por­tan­te pa­ra no­so­tros abrir nues­tra tien­da pa­ra te­ner nues­tro pun­to de dis­tri­bu­ción.

Siem­pre fue la es­tra­te­gia abrir una tien­da por­que pa­ra el ti­po de pro­duc­to que que­re­mos crear y la historia que que­re­mos con­tar, es im­por­tan­te te­ner nues­tro pro­pio es­pa­cio don­de po­der con­tar­la. Uno de los men­sa­jes más im­por­tan­tes es que uno pue­de abrir una tien­da de lu­jo que sea to­da sus­ten­ta­ble. El 99% de to­dos los ma­te­ria­les van a ser re­ci­cla­dos, des­de la pin­tu­ra que se eli­ge has­ta la ma­de­ra. To­do tie­ne un pun­to de vis­ta del me­nor im­pac­to al me­dio am­bien­te y por eso pa­ra mi era muy im­por­tan­te po­der ha­cer al­go que mues­tre un la­do de as­pi­ra­cio­nal y de be­lle­za, al­go que ins­pi­re pe­ro que sea con la idea de sus­ten­ta­ble. Por­que a ve­ces la ima­gen de sus­ten­ta­ble es “se co­me gra­no­la y se usan chan­cle­tas”. Pa­ra mi, el rol de las mar­cas de lu­jo es mos­trar que en los úl­ti­mos 6 mil años la hu­ma­ni­dad ha crea­do her­mo­sos pro­duc­tos que han si­do sus­ten­ta­bles, que en los úl­ti­mos 15, 17 años, el po­liés­ter inun­dó to­do lo que ha­ce­mos, los plás­ti­cos, las bol­sas, el có­mo con­su­mi­mos. Mos­trar que hay que ir un po­co ha­cia atrás en ese te­ma.

Es­ta aper­tu­ra ¿es en­ton­ces una for­ma de pro­yec­tar la ima­gen de la mar­ca?

No es la ima­gen. Es en lo que cree­mos. No hay di­fe­ren­cia en­tre nues­tros va­lo­res y lo que se pro­yec­ta. Va más allá de la ima­gen. No lo ha­go por la ima­gen sino por mis prin­ci­pios y va­lo­res.

¿En cuán­tos mercados tie­ne pre­sen­cia?

Es­ta­mos en las me­jo­res 75 tien­das en el mun­do, des­de Asia, Me­dio Oriente, Eu­ro­pa. Más allá de EEUU, el 50% de nues­tras ven­tas son in­ter­na­cio­na­les. Sí somos una mar­ca global. Pe­ro lo más im­por­tan­te de to­do es que somos una com­pa­ñía que apues­ta al lar­go pla­zo. En­ton­ces res­trin­gi­mos mu­cho. No le ven­de­mos a to­do el que quie­ra te­ner nues­tro pro­duc­to. Ele­gi­mos nues­tras re­la­cio­nes con nues­tros so­cios en dis­tin­tas par­tes del mun­do que ten­gan nues­tros mis­mos prin­ci­pios y en­ton­ces po­de­mos no­so­tros tam­bién ser­vir a ellos en ca­li­dad. La idea no es abrir mu­chas más tien­das, sino que abrir nues­tras tien­das pro­pias, y tam­po­co mu­chas. Es un cre­ci­mien­to con­tro­la­do.

¿Qué otras aper­tu­ras es­tán pre­vis­tas?

Va­mos a abrir nues­tros pro­pios lo­ca­les en di­fe­ren­tes par­tes del mun­do. Even­tual­men­te esa era la idea del ne­go­cio. Ha­cer cre­cer más nues­tra re­la­ción con los clien­tes y que la ma­yor par­te del ne­go­cio sea ese, aho­ra es­tá en un 50 y 50. Es­ta­mos vien­do otros dos po­ten­cia­les lu­ga­res pe­ro aho­ra es­ta­mos en­fo­ca­dos en és­ta tien­da.

¿Qué cree que la lle­vó a es­ca­lar tan­to, aquel a reale­za y ac­tri­ces de Holly­wood eli­jan sus pro­duc­tos?

Mi mo­ti­va­ción es siem­pre la mis­ma. Crear el me­jor pro­duc­to que pue­da crear y tam­bién creo que el pro­duc­to ha­bla por sí mis­mo. En­ton­ces cuan­do te eligen, te eligen por­que les gus­ta, lo quie­ren usar y tam­bién por­que no es sim­ple­men­te ro­pa o pren­das, hay mu­cha vi­sión y es­fuer­zo. Más allá de la mo­da, hay un po­co más de cons­cien­cia en nues­tro pro­duc­to. Pe­ro más allá de to­do tie­ne que ser her­mo­so y te tie­ne que lla­mar la aten­ción. Pe­ro la mo­ti­va­ción es siem­pre la mis­ma, ha­cer mi tra­ba­jo de la me­jor ma­ne­ra po­si­ble. Ese es el ca­mino.

¿Cuán­do sin­tió que dio el gran sal­to? ¿Fue lue­go de pa­sar de Can­de­la a la mar­ca Ga­brie­la Hearst, o cuan­do le com­pró una ac­triz de Holly­wood por pri­me­ra vez?

No es un mo­men­to so­lo. Creo que es una acu­mu­la­ción de co­sas. Ade­más mi día es: me le­van­to, lle­vo a mis hi­jos al co­le­gio, voy a tra­ba­jar, lle­go a ca­sa. Es muy re­pe­ti­ti­va mi ru­ti­na y to­do mi fo­co es­tá en mi fa­mi­lia y mi tra­ba­jo. Cuan­do sal­go y me ex­pon­go a co­le­gas, sien­to que sí hay una ex­po­si­ción de la mar­ca ca­da vez más gran­de. Pe­ro no es­toy mu­cho en con­tac­to con esa par­te. En­ton­ces no sé có­mo se per­ci­be de afue­ra. Por lo que me di­ce la gen­te que es muy cer­ca­na a mi, y los cam­bios que veo en otras per­so­nas ha­cia có­mo nos tra­tan, me pa­re­ce que sí, que es­ta­re­mos ha­cien­do al­go bien. Pe­ro no es al­go en lo que me fi­je mu­cho por­que me pa­re­ce que es al­go pe­li-

«Me­jor no mi­rar pa­ra los cos­ta­dos y mi­rar so­lo pa­ra ade­lan­te . Es muy di­fí­cil no ser im­pac­ta­do por lo que ves. Si la in­for­ma­ción que pon­go fren­te a mis ojos es tra­ba­jo de otras per­so­nas, es im­po­si­ble que no me in­flu­ya”

«Tra­to de traer un po­co de ba­lan­ce a mi vi­da por­que es muy in­ten­sa. En al­gún lu­gar te­nés que ba­lan­cear­te, sino es im­po­si­ble. Es muy de­man­dan­te y uno tie­ne que es­tar dis­pues­to a ha­cer mu­chos sa­cri­fi­cios»

gro­so. Es una pro­yec­ción, no es al­go real.

Tra­ta de man­te­ner los pies so­bre la tie­rra.

Sí. Por­que lo de­más no me sir­ve pa­ra crear. Por­que des­pués en­trás en ese círcu­lo vi­cio­so que es muy ten­ta­dor, por­que cuan­do la gen­te te quie­re o quie­re es­tar con­ti­go, o quie­ren al­go de vos, y tam­bién pue­den que­rer al­go de al­guien más... Por eso es­tá bueno pen­sar a quién es­tás sir­vien­do. Y es­ta­mos sir­vien­do a clien­tes. Y mien­tras a nues­tros clien­tes les gus­te lo que ha­ce­mos, ga­me on.

¿Cuán­tas per­so­nas for­man par­te de su em­pre­sa?

Aho­ra somos 25 per­so­nas en la ofi­ci­na. Des­pués tra­ba­ja­mos con ser­vi­cios de re­la­cio­nes pú­bli­cas y más al­re­de­dor del mun­do.

¿Có­mo se di­vi­den los car­gos?

En la par­te de di­se­ño de lo que no sean ves­ti­dos, somos tres di­se­ña­do­res y en la par­te de di­se­ño de bol­sos soy yo con un free­lan­cer que ha­ce los di­bu­jos téc­ni­cos. Los za­pa­tos los di­se­ño yo con una di­se­ña­do­ra que ha­ce los téc­ni­cos y la par­te de ves­ti­dos y la­nas, la ha­go yo con otro di­se­ña­dor téc­ni­co. Sé que no es tan gran­de la par­te de di­se­ño, pe­ro es su­fi­cien­te. Y es un equi­po bas­tan­te unido. Des­pués te­nés tres per­so­nas en ven­tas, ope­ra­cio­nes, pro­duc­ción que es la par­te más im­por­tan­te. Una je­fa de pro­duc­ción que tie­ne un asis­ten­te, una per­so­na que se en­car­ga de desa­rro­llo de pro­duc­to. Lue­go ven­tas y ope­ra­cio­nes, pren­sa.

¿Có­mo se pro­du­cen los pro­duc­tos y dón­de?

En Ita­lia la ma­yo­ría. Tam­bién en Ma­nos del Uru­guay. En Ita­lia, se pro­du­cen en Flo­ren­cia las car­te­ras, los za­pa­tos en las afue­ras de ve­ne­cia, la ro­pa fue­ra de Mi­lán. Mu­chos de nues­tros te­ji­dos se ha­cen en Ma­nos del Uru­guay. Las mues­tras se ha­cen en Ita­lia, a ve­ces en nues­tro pro­pio es­tu­dio y des­pués se desa­rro­llan en Ita­lia.

Son de la mar­ca Ga­brie­la Hearst pe­ro po­ne­mos un dis­clai­mer que di­ce que es una pren­da he­cha por Ma­nos del Uru­guay, con­ta­mos la historia de Ma­nos que cree­mos que tie­ne que ser es­cu­cha­da y siem­pre fue una de las co­sas que qui­se ha­cer, tra­ba­jar con Ma­nos en es­te pro­yec­to.

El res­to de los pro­duc­tos, des­de el pun­to de vis­ta de di­se­ño ¿tam­bién tie­nen su im­pron­ta uru­gua­ya?

El úni­co que se ha­ce en Uru­guay es el de Ma­nos del Uru­guay. Pe­ro des­de el pun­to de vis­ta de di­se­ño, yo pa­sé la mi­tad de mi vi­da en Uru­guay y la otra mi­tad en Nue­va York, en­ton­ces es una com­bi­na­ción de las dos exis­ten­cias, siem­pre va a ha­ber una par­te de Uru­guay en to­do lo que ha­go, eso es bas­tan­te fuer­te. Cuan­do uno di­se­ña y tra­ba­ja en un pro­yec­to crea­ti­vo, to­do lo que uno ha vi­vi­do siem­pre se trans­fie­re. Yo no lo ha­go muy ob­vio, es más sub­cons­cien­te pe­ro siem­pre es­tá pre­sen­te.

¿To­dos los di­se­ños sa­len de su crea­ti­vi­dad?

To­do es una co­la­bo­ra­ción en equi­po. La gran ma­yo­ría son ideas que pa­san por mi ca­be­za o vi­sio­nes que ten­go pa­ra eje­cu­tar, pe­ro cuan­do veo una idea que al­gún miem­bro de mi equi­po trae que ha­bla en el mis­mo idio­ma que tra­ta­mos de ha­blar, que me emo­cio­na, va­le, no im­por­ta de dón­de sal­ga si es una bue­na idea. La idea es la par­te fá­cil, el 90% es ha­cer­las. Vi­sión sin eje­cu­ción es alu­ci­na­ción.

¿Qué la lle­vó a ir­se de Uru­guay?

Siem­pre fui muy cu­rio­sa, siem­pre me in­tere­só vi­vir en otros lu­ga­res y sa­ber, y via­jar edu­ca. En­ton­ces via­jé des­de muy chi­ca.

Y ya no vol­vió…

Mis hi­jos na­cie­ron acá y me ca­sé con una per­so­na de otro país. Pe­ro a Uru­guay vuel­vo to­dos los años.

¿Vol­ve­ría a vi­vir en Uru­guay?

Aho­ra ten­go hi­jos chi­cos que son to­dos uru­gua­yos, los re­gis­tré y tie­nen pa­sa­por­te uru­gua­yo, tra­to de que ten­gan el ma­yor con­tac­to po­si­ble con Uru­guay.

Co­mo voy to­dos los años, sien­to que Uru­guay es par­te de mi vi­da y mi exis­ten­cia. En es­te mo­men­to mi em­pre­sa es­tá en EEUU, o sea, no mi­ro tan­to más allá, ten­go de­ma­sia­das co­sas de las que ocu­par­me acá.

¿A qué se de­bió el pa­so de su an­te­rior mar­ca, Can­de­la, a crear Ga­brie­la Hearst?

A que­rer ha­cer un pro­duc­to de ca­li­dad. Al te­ner Can­de­la un cier­to pre­cio, era muy di­fí­cil ele­var el pro­duc­to, en­ton­ces te­nés que em­pe­zar to­do de vuel­ta. Eso me lle­vó a em­pe­zar de nue­vo y sien­to que fue el ca­mino co­rrec­to, por­que la pa­sión no la po­dés ocul­tar, cuan­do al­go tie­ne pa­sión te pro­pul­sa.

¿Cuál es su me­ta? ¿Cuán­do sen­ti­rá que ya lle­gó?

Siem­pre sien­to que es­toy em­pe­zan­do y la gen­te crea­ti­va que co­noz­co tam­bién se sien­te así. Es­tás siem­pre crean­do y desa­rro­llan­do, en­ton­ces siem­pre hay un si­guien­te pa­so y una si­guien­te co­sa pa­ra ha­cer. Es co­mo en yo­ga, por más que ha­gas yo­ga du­ran­te 25 años siem­pre ha­brá nue­vos obs­tácu­los. No es a dón­de lle­gás, sino el ca­mino don­de es­tás. Y creo que nun­ca en mi vi­da voy a sen­tir que lle­gué a nin­gún la­do. Siem­pre es­toy yen­do.

Vie­ne se­gui­do a Uru­guay, ¿sa­be en qué si­tua­ción es­tá la in­dus­tria de la mo­da lo­cal?

No mu­cho. Cuan­do voy, voy a ver a mi fa­mi­lia. Pe­ro de vez en cuan­do veo co­sas. Co­no­cí a una di­se­ña­do­ra uru­gua­ya lla­ma­da Ana Liv­ni. Me pa­re­ce que es un país don­de hay una cul­tu­ra ri­quí­si­ma en­ton­ces el di­se­ño que va a ha­ber de Uru­guay siem­pre va a ser bueno.

¿Cree que se pue­de lle­gar le­jos des­de Uru­guay, o es ne­ce­sa­rio sa­lir?

Hoy es mu­cho más fá­cil que cuan­do yo era más chi­ca. No ha­bía In­ter­net, no ha­bía na­da. Hoy po­dés ha­cer tu pro­duc­to y ven­der­lo on­li­ne a to­das par­tes del mun­do. Hoy más que nun­ca se pue­de te­ner ac­ce­so al mun­do sin te­ner que sa­lir de tu ba­rrio.

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