¿Por qué no se pue­de usar el ce­lu­lar en el ban­co?

¿Por qué se prohí­be el uso de es­tos dis­po­si­ti­vos? ¿Cuál es el ries­go pa­ra las em­pre­sas fi­nan­cie­ras?

El Observador Fin de Semana - Cromo - - PORTADA -

Es ha­bi­tual la si­tua­ción de es­tar en un ban­co es­pe­ran­do a ser aten­di­do y, por cos­tum­bre, sa­car el smartp­ho­ne del bol­si­llo pa­ra ma­tar el tiem­po. Ya sea pa­ra con­ver­sar por What­sapp, pa­ra mi­rar Fa­ce­book o sim­ple­men­te pa­ra en­tre­te­ner­se con al­gún jue­go. An­te es­to, un guar­dia de se­gu­ri­dad se acer­ca al clien­te y le re­cuer­da que no es­tá per­mi­ti­do el uso de ce­lu­la­res den­tro de la en­ti­dad fi­nan­cie­ra. Pe­ro, ¿cuál es el mo­ti­vo pa­ra es­ta prohi­bi­ción, que no se li­mi­ta ex­clu­si­va­men­te a los ban­cos? ¿Cuál es el ries­go que po­dría sig­ni­fi­car pa­ra es­tos el uso de los ce­lu­la­res?.

La res­pues­ta más ob­via se­ría el con­tac­to con al­guien de afue- ra. Fal­sos clien­tes que ob­ser­van a quie­nes rea­li­zan ope­ra­cio­nes de gran­des su­mas de di­ne­ro y le avi­san a quien es­pe­ra fue­ra pa­ra que es­te asal­te al clien­te.

Es cier­to que es­te es uno de los mo­ti­vos ori­gi­na­les. Sin em­bar­go, las po­si­bi­li­da­des son mu­cho más am­plias y va­ria­das.

Re­des wifi

Una de las ame­na­zas po­dría ser el ac­ce­so a una red in­ter­na del ban­co des­de una red wifi. Es muy co­mún que es­tas en­ti­da­des ten­gan más de una red, aun­que ge­ne­ral­men­te es­tán bien pro­te­gi­das, con con­tra­se­ña, y no son abier­tas pa­ra el uso de los clien­tes. Al fin y al ca­bo, ¿qué sen­ti­do ten­dría si no se les per­mi­te usar el ce­lu­lar?.

Cap­tu­rar el en­torno

Hoy en día, cual­quier ce­lu­lar es tam­bién una cá­ma­ra de fo­tos y vi­deo, con la que un po­si­ble ata­can­te po­dría re­co­pi­lar una va­rie­dad de in­for­ma­ción, des­de el soft­wa­re uti­li­za­do o los puer­tos ac­ce­si­bles en las compu­tado­ras has­ta re­gis­trar el cam­bio de turno de los guar­dias de se­gu­ri­dad. To­da es­ta in­for­ma­ción po­dría ser útil pa­ra lue­go pla­ni­fi­car un ata­que.

Ata­que en re­mo­to

Igual­men­te, to­das es­tas op­cio­nes de ata­que es­tán ca­yen­do en desuso, prin­ci­pal­men­te por­que to­dos los ban­cos cuen­tan con cá­ma­ras de se­gu­ri­dad y los ata­can­tes sa­ben que que­dan ex­pues­tos.

Hoy tie­nen mu­cho más éxi­to con ata­ques re­mo­tos, de los que ya se han vis­to va­rios ca­sos en ban­cos de to­das par­tes del mun­do.

Ya sea me­dian­te un co­rreo elec­tró­ni­co en­ga­ño­so des­ti­na­do a em­plea­dos de la ban­ca o al­go más ela­bo­ra­do co­mo el hac­keo a pá­gi­nas del sec­tor fi­nan­cie­ro, los de­lin­cuen­tes es­tán des­cu­brien­do que pue­den vul­ne­rar la se­gu­ri­dad de los ban­cos con el mis­mo éxi­to sin ne­ce­si­dad de ex­po­ner­se en el lu­gar. l

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