UNA CHAR­LA CON ES­PERT

El re­pre­sen­tan­te de fut­bo­lis­tas, ami­go del pre­si­den­te Váz­quez y mul­ti­fa­cé­ti­co Cachete, ha­bló con Re­fe­rí so­bre el fút­bol, el po­der y la vi­da

El Observador Fin de Semana - Referi - - PORTADA - MAR­CE­LO DECAUX twit­ter.com/mar­de­ca­ux ¿Es ami­go de Ca­sal?

Cuan­do era jo­ven fue bo­xea­dor, ¿ver­dad? Sí. Nos pe­leá­ba­mos en el fút­bol, aquí y allá, y em­pe­cé a ir a Vi­lla Es­pa­ño­la, ahí sa­lí tres o cua­tro ve­ces cam­peón de los ba­rrios. Des­pués fui pro­fe­sio­nal. Me di­ri­gía Po­cho­lo Bur­gues, pe­ro des­pués fa­lle­ció y me di­ri­gió Pan­cho Cons­tan­zo pri­me­ro –quien era el téc­ni­co de Do­go­mar Mar­tí­nez– y des­pués me di­ri­gió el pro­pio Do­go­mar.

¿Qué sig­ni­fi­có pa­ra us­ted que lo ha­yan di­ri­gi­do Pan­cho Cons­tan­zo y Do­go­mar?

Los dos eran muy bue­nos y bue­na gen­te. Fue­ron im­por­tan­tes pa­ra mí. Des­pués de­bu­té en pe­so me­diano en el Pa­la­cio Pe­ña­rol con­tra Luis Pe­rey­ra, que ve­nía de per­der con (Car­los) Mon­zón, y lue­go se­guí en Europa.

En su vi­da, ¿hu­bo al­gún bo­xea­dor que le ha­ya gus­ta­do más?

El que más me gus­tó fue (Cas­sius) Clay (Moha­med Alí). Des­pués tam­bién me gus­ta­ba mu­cho Mon­zón.

¿Por qué?

Na­die le po­día ga­nar a Mon­zón. Era una co­sa bár­ba­ra. Te­nía una po­ten­cia, un bo­xeo sen­ci­llo, unos bra­zos es­pec­ta­cu­la­res. Era su­per­do­ta­do pa­ra la ca­te­go­ría. ¡Mi­rá que le traían ne­gros bue­nos pa­ra bo­xear y les ga­na­ba!

¿Y Alí?

Ex­tra­or­di­na­rio. Un es­ti­lo bár­ba­ro, bo­xea­ba, pe­lea­ba, asi­mi­la­ba. Y les dio chan­ce a to­dos.

Y en el fút­bol, ¿quién lo hi­zo hin­cha de Da­nu­bio?

Soy hin­cha de to­da la vi­da, del ba­rrio. To­da la fa­mi­lia es hin­cha de Da­nu­bio. Es­tu­ve cuan­do se inau­gu­ró Jar­di­nes. Da­nu­bio te­nía la se­de en la ca­lle Com­ba­te y 8 de Oc­tu­bre, y yo na­cí en la ca­lle Com­ba­te 2733.

¿Tu­vo al­gún ído­lo en Da­nu­bio?

El Li­to Silva. Em­pe­zó ju­gan­do con no­so­tros en Ca­ni­lli­tas y des­pués pa­só a Da­nu­bio, lue­go a Pe­ña­rol y la se­lec­ción. Flor de per­so­na.

El me­jor Da­nu­bio que vio, ¿fue el de 1988, el que ga­nó el pri­mer Uru­gua­yo?

A mí me gus­tó más el Da­nu­bio que sa­lió cam­peón con (Gus­ta­vo) Ma­to­sas, el que ju­ga­ban los co­lom­bia­nos, en 2007. No me acuer­do bien del de 1988.

¿Por qué es­tu­vo a pun­to de tirarse a pre­si­den­te de Da­nu­bio y lue­go desis­tió?

Por­que en Da­nu­bio hay mu­cha deu­da. Un mon­tón de co­sas ta­pa­das, ¿y te vas a aga­rrar un pro­ble­ma? Así es­tá. ¡La pla­ta que de­be Da­nu­bio! No sé qué van a ha­cer.

¿Tie­ne mu­chas deu­das el club?

Sí.

¿Y qué co­sas ta­pa­das tie­ne?

Y… cuen­tas ta­pa­das, vas, re­vol­vés y to­dos los días sa­len co­sas. Hay em­bar­gos, hay de to­do.

Us­ted es re­pre­sen­tan­te de ju­ga­do­res. ¿Qué ju­ga­do­res co­lo­có en Europa?

El úl­ti­mo fue Schiap­pa­cas­se en Atlé­ti­co de Ma­drid. En Ru­sia co­lo­qué en­tre 30 y 40 ju­ga­do­res. El Pa­to So­sa fue el pri­me­ro.

¿Par­ti­ci­pó en la transac­ción de Edin­son Ca­va­ni?

Su re­pre­sen­tan­te, Da­niel Fon­se­ca, me dio una au­to­ri­za­ción pa­ra ven­der­lo, cre­yen­do que no lo iba a ven­der. Y lo con­se­guí. Lo te­nía ven­di­do pa­ra Ru­sia, pe­ro ahí Fon­se­ca me em­pe­zó a de­cir que ha­cía frío y al fi­nal no lo hi­ce. Des­pués se fue a Ita­lia por­que lo co­lo­có Vin­cen­zo D’ip­po­li­to, y me dio una pe­que­ña par­te Ra­baj­da por lo que ha­bía he­cho.

¿Có­mo le es­tá yen­do a Schiap­pa­cas­se?

Es­tá tran­ca­do. Si­gue ahí (en Atlé­ti­co de Ma­drid), y lo lar­gan en cual­quier mo­men­to. Lo que pa­sa es que los equi­pos no lo quie­ren aga­rrar por­que le hi­ce un con­tra­to muy bueno. Y acá no hay quién lo pa­gue ese con­tra­to, si no Atlé­ti­co lo pres­ta­ría.

En su mo­men­to, ¿Ca­sal no se qui­so me­ter en el pa­se?

Sí, qui­so me­ter­se, pe­ro no pu­do en­trar. ¿Qué va a en­trar si no lo co­no­ce?

Pe­ro, ¿có­mo se ha­ce eso? ¿Él le pi­de a us­ted pa­ra me­ter­se o par­ti­ci­pa di­rec­ta­men­te?

Se me­te por las de él. Tie­ne co­no­ci­mien­tos con gen­te y le di­ce: “Es­te es mío, lo ten­go con Cachete”. ¿Sa­bés cuán­tos an­dan de cuen­to acá ven­dien­do ju­ga­do­res? Hay un gor­do ahí en Na­cio­nal que se lla­ma… (pien­sa mu­cho), uno que es­ta­ba en Agua­da…

¿Fla­vio Perch­man?

Ese. Ese le pre­gun­tás y te di­ce: “El ju­ga­dor es mío”. Son to­dos de él. Es un ca­ra­du­ra bár­ba­ro. ¡Qué van a ser de él!

¿Y us­ted reac­cio­nó?

Lo pa­ré cuan­do di­jo que un par de ju­ga­do­res que eran su­yos. Es­to es­tá muy en­tre­ve­ra­do. Da­te cuen­ta que la hin­cha­da de Pe­ña­rol ven­de ju­ga­do­res y los re­pre­sen­ta.

¿Es tan así?

¡¿Có­mo no?!

Pe­ro us­ted, ¿tie­ne prue­bas de eso?

¿Pe­ro qué prue­bas? ¡Sa­be to­do el mun­do! Ave­ri­gua­lo con cua­tro o cin­co y te di­cen quié­nes son los que re­pre­sen­tan y ven­den a ju­ga­do­res.

Me due­le que ha­yan ce­rra­do el club Unión; es una lás­ti­ma, ex­plo­tan un cen­tro co­mu­nal y es un gran es­pa­cio en una zo­na que se pre­ci­sa pa­ra que los chi­cos se di­vier­tan, pa­sen el tiem­po. A la in­ten­den­cia les so­bran ca­sas y po­drían abrir un co­mu­nal en otro la­do. Si se hu­bie­ra man­te­ni­do el club, por lo me­nos, sa­cás un mon­tón de pi­bes de la dro­ga, lle­vás mur­gas. Se pue­de ha­cer mu­cha obra con un club en un ba­rrio. Y lo sa­ca­ron…”

La pri­sión de (Eu­ge­nio) Fi­gue­re­do es un te­ma de pla­ta. Es bra­vo opi­nar de eso por­que si uno no ve, no pue­de opi­nar. Yo qué sé si me­tió la mano o no. El que creo que no la me­tió –pe­ro tam­po­co pue­do opi­nar– es el otro pre­si­den­te que tu­vo la AUF, Bauzá, por­que es una per­so­na de bien”

Ca­paz que el fút­bol uru­gua­yo ter­mi­na sien­do ama­teur. Hay mu­chos clu­bes, no va la gen­te que tie­ne que ir, ¿y con qué lo sol­ven­tás? En Ar­gen­ti­na fal­ta pla­ta por­que se la lle­van, pe­ro los es­ta­dios es­tán lle­nos. Nues­tro fút­bol es­tá le­jos. No pien­ses que va­ya­mos a ser cam­peo­nes del mun­do tam­po­co. Y acá, Pe­ña­rol y Na­cio­nal no pue­den com­pe­tir afue­ra, ha­cen cua­dros de en­tre­ca­sa”

Me pa­re­ce bueno que se ayu­de a los ju­ga­do­res, co­mo el mo­vi­mien­to Más Uni­dos que Nun­ca. Yo les voy a ha­cer un fes­ti­val gran­de en car­na­val en be­ne­fi­cio pa­ra ellos con to­das las mur­gas” En­ri­que Es­pert RE­PRE­SEN­TAN­TE DE JU­GA­DO­RES

An­tes éra­mos más ami­gos. Des­pués que­da­mos me­dio “ahí”, pe­ro te­ne­mos amis­tad, no tan­to co­mo an­tes.

¿Qué su­ce­dió?

Por el con­tra­to de la te­le­vi­sión de Deac­pu con el car­na­val. Ha­bía con­tra­to y los con­tra­tos de Ca­sal son to­dos igua­les, ¿vis­te? Tie­nen de­re­cho a em­pa­re­jar la ofer­ta. Aga­rré y no lla­mé a ofer­ta, lo ex­plo­ta­mos no­so­tros. Des­pués que que­dé li­bre, vi­nie­ron ellos. Nos da­ban US$ 70 mil y aho­ra que vol­vie­ron nos dan más de US$ 500 mil por un mes de car­na­val.

Se pue­de de­cir que le ga­nó a Ca­sal.

Y… no, ¿pa­ra qué? ¿Pa­ra te­ner pro­ble­mas?

Pe­ro en los pa­pe­les fue así.

Es así, ló­gi­ca­men­te. Ahí que­da­mos me­dio dis­tan­cia­dos, pe­ro vol­vi­mos a ha­cer ne­go­cios.

Es bu­rre­ro des­de ha­ce mu­chos años.

Los do­min­gos iba más a las ca­rre­ras que al fút­bol. Ten­go ca­ba­llos en Co­lo­nia, Las Pie­dras y Ma­ro­ñas.

Y en el hi­pó­dro­mo co­no­ció a Jo­sé Pe­dro Da­mia­ni, ¿no?

Sí, cla­ro, era ami­go mío y ve­cino de ba­rrio. Po­bre­ci­to. Buen hom­bre. Era li­ge­ro al la­do de to­dos es­tos bo­bos, es­tos di­ri­gen­tes que hay aho­ra. Era vi­vo el hom­bre, te­nía un gran ce­re­bro.

¿Có­mo ve a Juan Pe­dro co­mo pre­si­den­te de Pe­ña­rol?

Creo que aho­ra de­ja, ¿no? El pa­dre te­nía mu­cha más ca­li­dad. A es­te le fal­ta. Y hay co­sas que le van a se­guir fal­tan­do to­da la vi­da, no las ad­quie­re más.

¿Cuán­to le cues­ta sa­car Los Sal­tim­ban­quis?

En­tre US$ 50 mil y US$ 60 mil.

Va a com­pe­tir con La Bohe­mia, la mur­ga del Pa­to To­re­na (el Pa­to Ce­les­te).

¿Sal­drá la mur­ga?

¿No sa­le?

Mmm... es­tán cam­bian­do to­dos los días de mur­guis­tas. Igual no creo que La Bohe­mia sea ri­val. Hay otras mur­gas con más chan­ce.

¿Por qué pien­sa que al­gu­nos con­jun­tos de car­na­val alu­den a us­ted co­mo si fue­ra un ma­fio­so?

(Se ríe). En es­te país es­cu­chás cual­quier co­sa, cual­quier bar­ba­ri­dad.

¿No le mo­les­ta?

No. Si ha­bré es­cu­cha­do co­sas. Tam­bién pa­sé co­sas. A fuer­za de gol­pes se apren­de.

Al­gu­na vez re­co­no­ció que usa­ba ar­mas.

Sí. En es­te país, ¿te pa­re­ce que es muy lin­do an­dar des­ar­ma­do?

Pe­ro, ¿us­ted an­da ar­ma­do?

Aho­ra no. Pe­ro cuan­do la­bu­ra­ba y an­da­ba con los pa­que­tes de gui­ta, an­da­ba siem­pre.

¿Ha te­ni­do epi­so­dios feos?

He te­ni­do con mi her­mano, pe­ro epi­so­dios por de­fen­der la de uno. Y co­mo es­tá el país, to­do el mun­do ten­dría que an­dar con al­go. Si ca­da vez hay me­nos se­gu­ri­dad. Fi­ja­te las ra­pi­ñas. Ma­tan a una per­so­na por 5 pe­sos. En­tran a un quios­co, que sa­ben que pue­de ha­ber 2 pe­sos, y an­tes de pe­dir­le la pla­ta le en­ca­jan un ti­ro a un ti­po. Una ver­güen­za. Ni de­lin­cuen­tes son. De­lin­cuen­te es otra co­sa.

El te­ma de la dro­ga ca­paz que tie­ne que ver.

La dro­ga pu­drió to­do. Em­pie­za por ahí, des­pués el mu­cha­cho no es­tu­dia más y el anal­fa­be­tis­mo trae to­das es­tas co­sas. Y la po­bre­za. ¿Te pa­re­ce que la pla­ta es­tá bien re­par­ti­da? Es­tá mal re­par­ti­da. An­tes ja­más veía gen­te co­mien­do de una vol­que­ta y aho­ra lo veo. ¡Y hay que co­mer co­mi­da de una vol­que­ta! Des­pués es­cu­chás a los po­lí­ti­cos que es­tá to­do bien. Men­ti­ra. No es­tá na­da bien. Es­tá bien pa­ra los que te­ne­mos un man­go, pe­ro pa­ra los que no tie­nen, no es­tá bien. Y no ha­cen mu­cho pa­ra que es­tén bien, por­que a los po­bres los usan pa­ra te­ner el vo­to.

Pe­ro, ¿es un te­ma de aho­ra o de siem­pre?

Ca­da vez más. Lo no­to y lo veo. No­so­tros en las prue­bas de car­na­val en­tre­ga­mos co­mes­ti­bles, jun­ta­mos 10 o 12 ca­mio­nes de co­mes­ti­bles. Du­ran­te el car­na­val trae­mos un óm­ni­bus con 50 per­so­nas to­dos los días de dis­tin­tos lu­ga­res: de la cár­cel de Pun­ta de Rie­les, del INAU, de la es­cue­la Down, con co­mi­da y to­do.

Re­cién ha­bla­ba de la dro­ga. ¿Al­gu­na vez se me­tió en ella?

Sí, to­mé co­caí­na. To­mé, pe­ro sa­lí. Pe­ro to­mé de gran­de, no co­mo es­tos pi­bes que el pa­co (la pas­ta ba­se) les agu­je­rea los pul­mo­nes, les ta­ra el ce­re­bro. Es un país que es ra­ro, por­que pa­re­ce que to­do eso lo hi­cie­ran a pro­pó­si­to. Da­te cuen­ta, ven­den la ma­rihua­na. Da­le ma­rihua­na a un pi­be y ha­ce­le un es­tu­dio al año. Le sa­le cán­cer en los tes­tícu­los y un mon­tón de co­sas. Y, sin em­bar­go, le ha­cen un car­tel bár­ba­ro al Pepe Mu­ji­ca.

¿En al­gún mo­men­to es­tu­vo pre­so?

Sí, en la dic­ta­du­ra. Por asun­tos de minas. Me qui­sie­ron en­ca­jar pro­xe­ne­tis­mo, sa­lí so­bre­seí­do.

¿Es­tu­vo mu­cho tiem­po?

Cua­tro años. Las cár­ce­les no es­ta­ban co­mo aho­ra. Aho­ra fal­tan cár­ce­les. Es­tu­ve en Pun­ta Ca­rre­tas. Es­tá­ba­mos de a dos por cel­da. Po­día­mos es­tar de a uno si que­ría­mos. Ahí co­rría y me en­tre­na­ba.

¿Sien­te que es res­pe­ta­do o es te­mi­do por la gen­te?

Yo no ten­go pro­ble­mas con na­die. Hay gen­te que de­be ha­blar de mí y ni me co­no­ce. La gen­te me res­pe­ta, no me te­me.

¿Es ami­go de Ta­ba­ré Váz­quez?

(Se ríe) Muy ami­go. Él hi­zo mu­cho por el car­na­val. Lo me­jo­ró él con las le­yes que ha sa­ca­do. Si vos po­nés un avi­so en el car­na­val, ba­jás el 100% de im­pues­to a la ren­ta.

¿Us­ted lo vo­tó?

Lo vo­té.

Pe­ro us­ted es co­lo­ra­do.

Soy co­lo­ra­do. Pe­ro no ha­bía a quien vo­tar en los co­lo­ra­dos.

Ya que es ami­go su­yo, ¿en nin­gún mo­men­to le di­jo na­da a él de es­te te­ma de la in­se­gu­ri­dad de la que ha­bla­ba?

Co­mo lo sien­to un ami­go, me pa­re­ce que se­ría cho­can­te, por­que ya se lo han di­cho bas­tan­te. Mi­rá es­te mi­nis­tro (Bo­no­mi). ¿Cuán­to ha­ce que la gen­te ha­bla que no lo quie­re? Y, sin em­bar­go, el hom­bre es­tá ahí. A ve­ces dar­se la ca­be­za con­tra una pie­dra no sé si sir­ve. No sé con qué ojos lo ve­rá. Veo la se­gu­ri­dad que me­ten en el fút­bol. A esos mi­li­cos si los me­tés en la ca­lle dan más re­sul­ta­do, por lo me­nos pa­ra pre­ve­nir ro­bos y un mon­tón de co­sas.

¿Vi­ve con mie­do?

A mí no me gus­tan las co­sas que pa­san. Fi­ja­te a quié­nes ro­ban: a vie­jas y viejos. ¿Te pa­re­ce que es lin­do que su­ce­da eso con los viejos? Es­ta­mos igual que en Bue­nos Ai­res.

C. PA­ZOS

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