SUPERCAMPEÓN

Adrián Ber­bia, cam­peón con Be­lla Vis­ta en la A, la B y aho­ra la ex C, re­pa­só con Re­fe­rí su ejem­plar tra­yec­to­ria

El Observador Fin de Semana - Referi - - PORTADA - MAR­CE­LO DECAUX twit­ter.com/mar­de­ca­ux

El des­per­ta­dor sue­na to­dos los días a las 6 de la ma­ña­na. Con ca­si 41 años, Adrián Ber­bia se le­van­ta pa­ra ir a en­tre­nar en Be­lla Vis­ta, un equi­po ama­teur. Es el mis­mo club que tu­vo a Mi­guel Ángel Me­logno (cam­peón en Áms­terdm 1928 y del Mun­dial de 1930 en Uruguay, o a Jo­sé Na­saz­zi (do­ble cam­peón olím­pi­co en 1924 y 1928 y del mun­do en 1930).

El pa­pal que fue cam­peón uru­gua­yo de la A en 1990. En aque­lla épo­ca, el padre de Adrián, Jo­sé, fue uno de los fun­da­do­res del baby fút­bol del club. Adrián lo­gró sa­lir cam­peón y en­tró de mas­co­ta en la can­cha con los cam­peo­nes en­tre los que se en­con­tra­ban, en­tre otros, Julio Ri­bas, –quien des­pués lo dirigió en el club y fue cam­peón en 1997 y 1998– y Erar­do Cóc­ca­ro, el ac­tual DT de Be­lla Vis­ta con el que aca­ban de ga­nar el Aper­tu­ra de la ex C, la ac­tual Se­gun­da B Na­cio­nal.

“Me to­có ir­me en 2000 y 18 años des­pués vol­ví a mis orígenes. Siem­pre tu­ve el de­seo de po­der vol­ver. Ser agra­de­ci­do con el club por to­das las po­si­bi­li­da­des que me ha­bía da­do. Me dio la chan­ce no so­lo de ju­gar, sino de for­mar­me”, ex­pli­có Ber­bia a Re­fe­rí.

El su­yo es un ca­so muy es­pe­cial. En Be­lla Vis­ta fue cam­peón en baby fút­bol, lue­go en ju­ve­ni­les – en Quin­ta con Julio Mo­rei­ra co­mo DT–, en la B, en la Li­gui­lla de la A, ju­gó una gran Co­pa Li­ber­ta­do­res y aho­ra, cuan­do es­tá cer­ca de ce­rrar su li­bro den­tro de las can­chas, ga­nó el Aper­tu­ra de la ex C.

“El de­por­te te cui­da por­que si no es­tás con la obli­ga­ción de en­tre­nar, uti­li­zás esas ho­ras en otra co­sa. Hoy hay más vi­cios, más fac­to­res de dis­trac­ción, que siem­pre los hu­bo. Si uno que­ría es­tar en la ca­lle, en co­sas ra­ras, po­día es­tar. Y el de­por­te siem­pre te cui­da, te pro­te­ge”, ra­zo­na hoy en su ma­du­rez.

Os­to­la­za lo fue a bus­car

Em­pe­zó en el club con 10 años en el baby lue­go de la fun­da­ción a car­go de su padre y otros ami­gos. Lue­go de 18 años ale­ja­do de Be­lla Vis­ta y tras que­dar desafec­ta­do de Bos­ton Ri­ver, tu­vo ofer­tas de clu­bes de la B y al­guno de la A, pe­ro una lla­ma­da fue de­ter­mi­nan­te. Del otro la­do, se oía la voz del San­tia­go Os­to­la­za, el Vas­co, quien lo lla­mó pa­ra que vol­vie­ra.

“El Vas­co Os­to­la­za y Ma­xi Um­pié­rrez me lla­ma­ron pa­ra vol­ver al club. Ma­xi es nie­to de dos per­so­nas ma­ra­vi­llo­sas que en su mo­men­to eran di­ri­gen­tes de ju­ve­ni­les de Be­lla Vis­ta cuan­do yo es­ta­ba con Gia­co­maz­zi, Lem­bo y to­dos. Eran co­mo nues­tros abue­los. Cuan­do ju­ga­ba al baby fút­bol, el Vas­co vi­vía en­fren­te, lo veía y era un re­fe­ren­te, se su­mó a co­la­bo­rar sin pe­dir na­da a cam­bio. No me po­día brin­dar mu­cho el club, pe­ro mi idea era seguir ju­gan­do un tiem­po más y si lo ha­cía, lo iba a ha­cer igual que el res­to de mis com­pa­ñe­ros. No re­ci­bi­mos un viá­ti­co, ni una ayu­da”, cuen­ta.

El ca­pi­tán es Gas­tón Cen­tu­rión. Se le­van­ta a las 4 de la ma­ña­na pa­ra ir a tra­ba­jar al mer­ca­do, en­tre­na y vuel­ve. “Por ahí se ve el sa­cri­fi­cio pa­ra in­ver­tir en un bo­le­to, en una me­rien­da pa­ra ir a prac­ti­car. Por eso, lo­grar el Aper­tu­ra es más que me­ri­to­rio y es­toy agra­de­ci­do a to­dos es­tos gu­ri­ses. Mi res­pon­sa­bi­li­dad es el do­ble por­que de­bo te­ner la pa­la­bra jus­ta, si hay que re­sol­ver, re­sol­ver, si hay que alen­tar, alen­tar, pe­ro si al­guno de ellos puede lle­gar a cum­plir su sue­ño en el fút­bol, voy a ser do­ble­men­te fe­liz por po­der ha­ber co­la­bo­ra­do con el club, pe­ro tam­bién con la ca­rre­ra de mis com­pa­ñe­ros”, aña­de.

Be­lla Vis­ta es­tu­vo a pun­to de per­der su se­de es­te año, pe­ro arre­gló las cuen­tas y la sal­vó. En tan­to, los fut­bo­lis­tas en­tre­nan to­dos los días co­mo si fue­ran pro­fe­sio­na­les. To­dos sa­can di­ne­ro de otro la­do de una chan­ga, de la ayu­da de la fa­mi­lia pa­ra ir a en­tre­nar.

Es una di­vi­sio­nal com­pli­ca­da, ya que el es­ta­do de las can­chas con­di­cio­na mu­cho y ha­ce que el ni­vel se em­pa­re­je pa­ra aba­jo. Ber­bia fue el go­le­ro me­nos ven­ci­do con 8 go­les en con­tra.

Los di­ri­gen­tes son hin­chas y de­di­can mu­chas ho­ras del día por arre­glar un alam­bra­do, ha­cien­do una can­ti­na, tra­tan­do de te­ner bien el com­ple­jo, el Es­ta­dio Na­saz­zi. De a po­co van re­cu­pe­ran­do a un club que ha­ce un tiem­po otros lo de­ja­ron he­cho un caos y con mu­chas deu­das. Pe­ro Be­lla Vis­ta si­gue la­tien­do.

Es­te fue el pri­mer tí­tu­lo que Adrián dis­fru­tó con sus dos hi­jos, Bruno de 10 años y Thia­go de seis. Con su es­po­sa Fer­nan­da se co­no­cen des­de los ocho años y ella sa­be lo que sien­te por el club. “Fue una ale­gría bár­ba­ra po­der dis­fru­tar con ellos en la can­cha” di­ce y re­fle­xio­na: “El he­cho de ser ama­teur im­pli­ca que no sa­bés con qué te po­dés en­con­trar en el día a día. No es lo mis­mo que cuan­do es­tás en un equi­po pro­fe­sio­nal. Pe­ro uno lo ha­ce pro­fe­sio­nal por ma­ne­jar­se con va­lo­res y respeto. De re­pen­te es­tás en un club ‘pro­fe­sio­nal’ por­que co­brás to­dos los me­ses, pe­ro en el día a día es com­pli­ca­do, no te­nés respeto, no se ma­ne­jan va­lo­res y en de­fi­ni­ti­va, no dis­fru­tás. Yo bus­ca­ba aho­ra po­der dis­fru­tar y eso lo ha­go en Be­lla Vis­ta”.

Un nom­bre cla­ve pa­ra Ber­bia

Un per­so­na­je que to­dos quie­ren

“La gen­te te ca­ta­lo­ga así: si ga­nas, ser­vís, si no ga­nás, no ser­vís. Yo las co­sas las mi­ro por otro la­do. Por el es­fuer­zo, por el com­pro­mi­so. Pa­ra mí, el que se le­van­ta to­dos los días con las ga­nas de sa­car a su fa­mi­lia ade­lan­te y lo ha­ce de bue­na ma­ne­ra, es un ga­na­dor”. “

El de­por­te te cui­da por­que si no es­tás con la obli­ga­ción de en­tre­nar, uti­li­zás esas ho­ras en otra co­sa. Hoy hay más vi­cios, más fac­to­res de dis­trac­ción, que siem­pre los hu­bo. Si uno que­ría es­tar en la ca­lle, en co­sas ra­ras, po­día es­tar. Y el de­por­te siem­pre te cui­da, te pro­te­ge”. “

La de­di­ca­ción, el or­den, el com­pro­mi­so, el va­lor por los de­más, es lo que siem­pre me in­cul­có mi fa­mi­lia y mu­chos otros com­pa­ñe­ros. Be­lla Vis­ta siem­pre se ca­rac­te­ri­zó por eso, por cui­dar a to­dos los que pa­sa­ron por ahí”. Adrián Ber­bia AR­QUE­RO MULTICAMPEÓN CON BE­LLA VIS­TA

en el club es Chi­qui­to Vis­ma­ra, quien con 92 años, siem­pre es­tá. Fue ki­ne­sió­lo­go du­ran­te dé­ca­das y el pa­sa­do fin de se­ma­na, no fal­tó en la vuel­ta pa­pal.

“Des­de siem­pre es un abue­lo más y es­ta­mos en per­ma­nen­te con­tac­to. Pa­so por la ca­sa ca­da dos por tres. Le ha­go bro­mas co­mo si tu­vie­ra mi edad. A ve­ces ha­ce­mos una co­mi­da con ex­com­pa­ñe­ros y lo lla­ma­mos pa­ra que ven­ga”.

An­tes el ki­ne­sió­lo­go era to­do en el club, el psi­có­lo­go, el con­se­je­ro, el que le pres­ta­ba la ore­ja al ju­ga­dor que ve­nía con mu­chos pro­ble­mas, no es co­mo aho­ra que hay psi­có­lo­go o asis­ten­te so­cial. Tam­bién te con­ta­ba la his­to­ria del club, lo que ha­bían he­cho otros ju­ga­do­res his­tó­ri­cos. Te ge­ne­ra­ba un sen­ti­do de per­te­nen­cia”, cuen­ta.

Pe­ro tie­ne mu­cho más pa­ra de­cir de él por­que sus pri­me­ros im­pul­sos en el club los dio gra­cias a Chi­qui­to: “Ju­ga­ba po­co en las ju­ve­ni­les de Be­lla Vis­ta y en­tre­na­ba to­dos los días. Es­tá­ba­mos en la Cuar­ta B y no te­nían a quién po­ner en el ar­co por­que ha­bía com­pa­ñe­ros sus­pen­di­dos o sin fi­cha mé­di­ca y Chi­qui­to le di­jo al téc­ni­co Ma­rio Pi­not­ti que era el ayu­dan­te de Jor­ge “Cu­la­ca” Gon­zá­lez en 1995: ‘¿Por qué no po­nés aquel que es­tá en la can­cha de aba­jo? Lle­ga siem­pre una ho­ra an­tes, se va una ho­ra des­pués, ata la bi­ci­cle­ta a una re­ja de la can­ti­na y no te fal­ta un día’. Me lla­ma­ron pa­ra ju­gar un par­ti­do y ju­gué 12, y has­ta prac­ti­qué con Pri­me­ra. Te­ne­mos el ré­cord de ju­ve­ni­les cuan­do le ga­na­mos 22-0 a Pla­ten­se. Sin Chi­qui­to, ca­paz que no hu­bie­ra lle­ga­do”.

Por eso, es­ta vuel­ta olím­pi­ca, ade­más de dar­la con sus hi­jos, tam­bién la dio con Chi­qui­to. To­do un sím­bo­lo.

En la Se­gun­da B Na­cio­nal hay tri­ples jor­na­das y en­ton­ces en­tre­gan el vestuario 30 mi­nu­tos an­tes. El fut­bo­lis­ta se tie­ne que cam­biar en una tri­bu­na y des­pués ti­ran el bol­so pa­ra aden­tro del vestuario. Mu­chas ve­ces no exis­ten las du­chas. “Te te­nés que cam­biar en la tri­bu­na y no es­tá bien por­que hay se­ño­ras, ni­ños y me­re­cen respeto”, se­ña­la.

“Me to­có vi­vir eso en ju­ve­ni­les y eso por ahí le da un plus al ju­ga­dor uru­gua­yo pa­ra ren­dir en el res­to del mun­do. En aque­lla épo­ca, a ve­ces en­tre­na­ba en el Pra­do y me cam­bia­ba de­ba­jo de un árbol”, in­di­có Ber­bia.

El ar­que­ro multicampeón tie­ne cla­ro que Be­lla Vis­ta cui­da a quie­nes pa­sa­ron por el club.

“Si uno no es or­de­na­do en su vi­da, es muy di­fí­cil ser­lo en la pro­fe­sión que uno ha­ga. Por eso la de­di­ca­ción, el or­den, el com­pro­mi­so, el va­lor por los de­más, es lo que siem­pre me in­cul­có mi fa­mi­lia y mu­chos otros com­pa­ñe­ros. Be­lla Vis­ta siem­pre se ca­rac­te­ri­zó por eso, por cui­dar a to­dos los que pa­sa­ron por ahí”.

Cuan­do era ca­si un ni­ño y ju­ga­ba en la Sex­ta del club, se frac­tu­ró la mano ju­gan­do en la can­cha que da­ba a Lu­cas Obes y de­bie­ron ope­rar­lo. A los po­cos días, to­ca­ron el tim­bre de su ca­sa y era el ca­pi­tán de la Pri­me­ra, Ariel Ló­pez Báez.

“No te­nía ni­gu­na obli­ga­ción de pa­sar. Eso ha­bla muy bien de los va­lo­res que siem­pre trans­mi­tió Be­lla Vis­ta. Años des­pués fui­mos com­pa­ñe­ros y hoy so­mos ami­gos”, re­cuer­da.

La eta­pa con Ri­bas

En 1997 su­bió de la B a la A con Ri­bas co­mo téc­ni­co, en lo que fue su pri­mer tí­tu­lo pro­fe­sio­nal.

Así lo re­cuer­da: “Era jo­ven, ha­cía lo que me gus­ta­ba y te­nía la ilu­sión de po­der lo­grar al­go, de ir tre­pan­do en esa es­ca­le­ra que es el fút­bol. La for­ma de po­der ir cre­cien­do a ve­ces es ir ga­nan­do. Éra­mos un gru­po muy jo­ven con Julio Ri­bas, pe­ro él era in­te­li­gen­te pa­ra for­mar bue­nos gru­pos que eran ejem­plos den­tro y fuera de la can­cha. Te­nía com­pa­ñe­ros que si te te­nían que hablar fuer­te, lo ha­cían. Ca­paz que me ca­len­ta­ba a ve­ces, pe­ro con el tiem­po me da­ba cuen­ta que te­nían ra­zón y hoy veo qué im­por­tan­cia tu­vie­ron en mi ca­rre­ra aque­llos que te­nían más ex­pe­rien­cia”.

Al año si­guien­te de as­cen­der, lo­gra­ron la Li­gui­lla de 1998 con un go­la­zo de Leo­nel Pi­li­paus­kas con­tra Pe­ña­rol. Hi­cie­ron una tre­men­da cam­pa­ña en la Co­pa Li­ber­ta­do­res pe­se a las pe­nu­rias económicas. “Era to­do muy sa­cri­fi­ca­do, pe­ro teníamos un co­ra­zón bár­ba­ro co­mo equi­po”, sos­tu­vo el ar­que­ro.

Se re­ci­bió de di­rec­tor téc­ni­co en 2014 y ha­ce dos años de di­rec­tor y ge­ren­te de­por­ti­vo. “Hoy to­da­vía dis­fru­to mi eta­pa co­mo ju­ga­dor, sin du­das, no pro­yec­tán­do­me en mu­cho tiem­po. No ten­go de­ci­di­do qué ha­ré. Ca­paz que tam­bién pue­do ser em­pre­sa­rio”.

La ma­du­rez lo si­tuó en un lu­gar pri­vi­le­gia­do ya que vi­ve la vi­da co­mo desea y siem­pre pien­sa en po­si­ti­vo, más allá de lo que pue­da pen­sar el pú­bli­co so­bre el éxi­to.

“La gen­te te ca­ta­lo­ga así: si ga­nás, ser­vís, si no ga­nás, no ser­vís. Yo las co­sas las mi­ro por otro la­do. Por el es­fuer­zo, por el com­pro­mi­so. Pa­ra mí, el que se le­van­ta to­dos los días con las ga­nas de sa­car a su fa­mi­lia ade­lan­te y lo ha­ce de bue­na ma­ne­ra, es un ga­na­dor. Des­pués, si es ju­ga­dor de fút­bol, car­ni­ce­ro, al­ba­ñil, pe­rio­dis­ta, es in­de­pen­dien­te. Eso es lo que res­ca­to. Y en Be­lla Vis­ta me pa­sa eso, res­ca­to pun­tos po­si­ti­vos de las co­sas con las que me en­cuen­tro. Siem­pre hu­bo un respeto im­pre­sio­nan­te en­tre to­dos los in­te­gran­tes del gru­po. Pe­ro siem­pre, ¿eh? No es al­go de aho­ra. En la mis­ma ta­bla de asa­do co­me un ju­ga­dor, co­me el can­che­ro y el uti­le­ro y a la ho­ra de te­ner una po­si­bi­li­dad de co­brar un pre­mio, lo re­par­tís con to­dos, más allá de los que en­tre­mos en la can­cha. A ve­ces la gen­te ve el re­sul­ta­do del mo­men­to, pe­ro pa­ra lle­gar a eso, pa­san co­sas que son las que uno dis­fru­ta”.

Ha­ce po­co te­nía 40 gra­dos de fie­bre y ju­gó igual. Así es co­mo sien­te el fút­bol Adrián Be­bia ca­si a los 41 años. En Be­lla Vis­ta, en­con­tró su lu­gar en el mun­do y en el día a día, se no­ta que lo dis­fru­ta con to­do su ser.

C. DOS SAN­TOS

Ber­bia con Chi­qui­to Vis­ma­ra y con sus hi­jos, Thia­go y Bruno ce­le­bran­do el tí­tu­lo de la Se­gun­da B Na­cio­nal

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