Em­pie­za la de­fi­ni­ción del Uru­gua­yo

Rugby. En me­dio de pro­ble­mas eco­nó­mi­cos y una gue­rra en­tre li­gas y se­lec­cio­nes, el de­ba­te es ha­cia dón­de ir

El Observador Fin de Semana - Referi - - PORTADA - IG­NA­CIO CHANS @ig­na­cio­chans

La alar­ma la plan­teó Agus­tín Pi­chot. Sin vuel­tas, el vi­ce­pre­si­den­te de World Rugby de­cla­ró que el mo­de­lo del rugby in­ter­na­cio­nal es­tá en pe­li­gro: “Si me pre­gun­tás co­mo hom­bre de ne­go­cios, el as­pec­to co­mer­cial no es­tá fun­cio­nan­do”, di­jo a The Guar­dian. “Si me pre­gun­tás des­de el jue­go, tam­po­co es­tá fun­cio­nan­do. ¿Es­tá el jue­go in­ter­na­cio­nal ba­jo ame­na­za? Creo que sí. Mi­rá los ba­lan­ces de al­gu­nas na­cio­nes y po­dés ver exac­ta­men­te dón­de nos en­con­tra­mos”.

El de­por­te es­tá en ex­pan­sión, sí, y ca­da vez más gen­te sa­be de rugby o lo mi­ra. Pe­ro la pul­sea­da por el po­der es­tá plan­tea­da y en su fa­se más cru­da. ¿Los pro­ta­go­nis­tas? Las li­gas de clu­bes más po­de­ro­sas del mun­do, por un la­do, y la World Rugby, a car­go de las unio­nes y las se­lec­cio­nes, por el otro. Es que mien­tras las li­gas pro­fe­sio­na­les es­tán en la cres­ta de la ola, mu­chas unio­nes na­cio­na­les es­tán atra­ve­san­do se­rios pro­ble­mas fi­nan­cie­ros y, lo que es peor, di­fi­cul­ta­des pa­ra en­con­trar un plan de ne­go­cios sus­ten­ta­ble.

La Pre­miers­hip in­gle­sa aca­ba de re­cha­zar una mi­llo­na­ria ofer­ta de 308 mi­llo­nes de eu­ros pa­ra com­prar la ma­yo­ría de su pa­que­te ac­cio­na­rio (pro­pie­dad de los 12 clu­bes que la in­te­gran) de par­te de CVC Ca­pi­tals, la com­pa­ñía que fue due­ña de la Fór­mu­la 1. En Fran­cia, los pre­su­pues­tos se han mul­ti­pli­ca­do, y Sta­de Fra­nçais li­de­ra es­ta tem­po­ra­da la ta­bla de pre­su­pues­tos con 34 mi­llo­nes anua­les. El pre­su­pues­to más ba­jo es de Gre­no­ble, con 14 mi­llo­nes, que igual es más del do­ble del que tie­nen los dos equi­pos es­co­ce­ses y los cua­tro ga­le­ses que in­te­gran el Pro14 (5 mi­llo­nes de eu­ros ca­da uno) y has­ta de los in­gle­ses, que tie­nen 7 mi­llo­nes de to­pe sa­la­rial aun­que con la po­si­bi­li­dad de con­tra­tar dos ju­ga­do­res por fue­ra de ese pre­su­pues­to.

El que pa­ga quie­re im­po­ner con­di­cio­nes. Y por eso la com­pe­ten­cia de clu­bes se ha ex­ten­di­do en los úl­ti­mos años. Su­man­do a las li­gas y las co­pas eu­ro­peas los par­ti­dos de se­lec­ción, los ju­ga­do­res top de Eu­ro­pa es­tán dispu­tan­do cer­ca de 35 par­ti­dos por año. Si pa­ra el fút­bol esa ci­fra no lla­ma la aten­ción, pa­ra el rugby, un de­por­te de con­tac­to en el que son ne­ce­sa­rios des­can­sos mu­cho ma­yo­res, es mu­chí­si­mo, y es ga­ran­tía de le­sio­nes.

El pro­ble­ma es que esas li­gas han sa­li­do de la ór­bi­ta de las fe­de­ra­cio­nes de sus paí­ses, y por en­de de World Rugby. Y no es­tán dis­pues­tos a que les mar­quen el pa­so.

Pe­ro pa­ra peor, el rugby de se­lec­cio­nes su­fre. Por­que mien­tras el nú­me­ro de ju­ga­do­res cre­ce y va­rios

mer­ca­dos emer­gen­tes (Es­ta­dos Uni­dos, Bra­sil, Mé­xi­co) mues­tran in­tere­san­tes ci­fras po­ten­cia­les, son las na­cio­nes de más al­to ni­vel las que atra­vie­san tur­bu­len­cias. La prin­ci­pal es la fal­ta de com­pe­ti­ti­vi­dad. El gru­po de se­lec­cio­nes top es chi­co, y las dis­tan­cias con los que vie­nen aba­jo, gran­des. El tier 1 (los que jue­gan el Seis Na­cio­nes más los cua­tro del Rugby Cham­pions­hip) mar­can di­fe­ren­cias gran­des con el tier 2, sal­vo por las ex­cep­cio­nes de Fi­ji o Sa­moa, y al­gu­na vic­to­ria ais­la­da de Ja­pón o Geor­gia.

Eso lle­va a que los gran­des quie­ran ju­gar en­tre ellos, y a que los Mun­dia­les ten­gan po­cas sor­pre­sas. De he­cho, a ca­da Mun­dial cla­si­fi­can los 12 me­jo­res del tor­neo an­te­rior y so­lo ocho pla­zas se dispu­tan por eli­mi­na­to­rias. Se­ría im­pen­sa­ble ver a Ir­lan­da pe­lean­do con Es­pa­ña por un lu­gar, a Nue­va Ze­lan­da con Tahi­tí, a Su­dá­fri­ca con Ugan­da o a Ar­gen­ti­na con Chi­le.

Así, por más ri­va­li­da­des que ha­ya, ver a los mis­mos ju­gan­do siem­pre en­tre ellos es un freno a un cre­ci­mien­to ma­yor. Más allá de los tor­neos tra­di­cio­na­les del He­mis­fe­rio Nor­te y del Sur, el 56% de los par­ti­dos de los tier 1 son amis­to­sos: a eso se re­du­cen las ven­ta­nas internacionales de ju­nio y no­viem­bre.

Ade­más, al­gu­nas unio­nes es­tán atra­ve­san­do se­rios pro­ble­mas. Aus­tra­lia, por ejem­plo, ha pe­di­do au­xi­lio al es­ta­do por sus pro­ble­mas eco­nó­mi­cos, mien­tras el rugby pier­de pie res­pec­to a otras dis­ci­pli­nas co­mo el rugby lea­gue o el cric­ket.

Por eso, World Rugby in­ten­tó mo­ver pie­zas. El año pa­sa­do, la di­rec­ti­va en­ca­be­za­da por el in­glés Billy Beau­mont y el ar­gen­tino Pi­chot ne­go­ció con to­dos los ac­to­res un ca­len­da­rio de 2020 a 2032, que mue­ve la ven­ta­na in­ter­na­cio­nal de ju­nio a ju­lio pa­ra que los ju­ga­do­res eu­ro­peos ten­gan un mes de des­can­so tras ter­mi­nar las li­gas eu­ro­peas. A eso tam­bién le agre­gó el com­pro­mi­so de que al me­nos seis par­ti­dos por ven­ta­na fue­ran cru­ces en­tre paí­ses tier 1 y tier 2, ba­sa­dos en la idea de que la úni­ca for­ma de cre­cer es ju­gar con­tra los me­jo­res.

Pe­ro los re­sul­ta­dos son len­tos. Por ejem­plo, el pa­sa­je de la ven­ta­na de ju­nio a ju­lio de­ri­vó en que las li­gas pla­ni­fi­quen ex­ten­der un mes más su ca­len­da­rio. De ahí el enojo pú­bli­co de Pi­chot.

Es­ta se­ma­na, World Rugby pre­si­dió una reunión cla­ve en Aus­tra­lia. El cam­bio más ra­di­cal pro­pues­to por Pi­chot, se­gún el fran­cés Mi­di Olim­pi­que, es es­ta­ble­cer una li­ga de na­cio­nes en no­viem­bre de ca­da año, en­tre los 12 me­jo­res equi­pos del mun­do, di­vi­di­dos en tres se­ries de tres equi­pos, con se­mi­fi­na­les y fi­nal, de ma­ne­ra de dar­le un atrac­ti­vo a la ven­ta­na por fue­ra de los test mat­ches. Con eso des­apa­re­ce­ría la ven­ta­na de ju­nio.

La idea ge­ne­ró dis­cre­pan­cias, y el que pu­so el gri­to en el cie­lo fue In­gla­te­rra, que ge­ne­ra in­gre­sos por más de 10 mi­llo­nes de li­bras en la ven­ta­na de no­viem­bre, en la que es lo­cal. Es una ex­cep­ción: el res­to ne­ce­si­ta que sus par­ti­dos de se­lec­cio­nes sean más ren­ta­bles.

Por lo pron­to, to­das las je­rar­quías del rugby mun­dial fue­ron es­pe­cial­men­te cau­tas en dar de­ta­lles so­bre lo ha­bla­do en Aus­tra­lia. Sa­ben que tie­nen que bus­car for­mas de que el rugby de se­lec­cio­nes de pri­mer ni­vel ten­ga un gi­ro, por­que de eso de­pen­de bue­na par­te del fu­tu­ro del rugby.

G. BOUYS - AFP

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