LI­BRO ABIER­TO

Ger­mán Ha­ller, ex­glo­ria del bás­quet­bol de Pe­ña­rol en el par­ti­do del “se­gun­do más lar­go del mun­do”, ha­bló del re­gre­so au­ri­ne­gro

El Observador Fin de Semana - Referi - - PORTADA - MAR­CE­LO DECAUX twitter.com/mar­de­ca­ux

Asus 66 años, Ger­mán Ha­ller si­gue tra­ba­jan­do co­mo ha­ce años en la Ad­mi­nis­tra­ción Na­cio­nal de Puer­tos y re­cuer­da con ca­ri­ño el tí­tu­lo del Fe­de­ral de 1973 con Pe­ña­rol ga­na­do en “el se­gun­do más lar­go de la his­to­ria”. Tam­bién habla del bás­quet­bol ac­tual y de su vi­da. ¿Có­mo ve es­te re­gre­so de Pe­ña­rol al bás­quet­bol? Lo veo co­mo muy po­si­ti­vo. Pe­ña­rol nun­ca de­bió de­jar de ju­gar al bás­quet­bol. Es muy im­por­tan­te. Al mar­gen de que yo sea hin­cha, Pe­ña­rol es al­go muy gran­de. Siem­pre tie­ne que es­tar y eso me ale­gra mu­chí­si­mo. Tie­ne seis tí­tu­los y un cam­peo­na­to sud­ame­ri­cano. No es po­ca co­sa. Es un em­pren­di­mien­to di­fí­cil, pe­ro van a ha­cer el es­fuer­zo pa­ra as­cen­der lo más rá­pi­do po­si­ble. No es fá­cil por­que es una li­ga que se com­pi­te mu­cho. Es más fá­cil ju­gar en Pri­me­ra, por­que co­mo no pue­den mar­car­te, te ha­cen co­sas ilí­ci­tas pa­ra obs­ta­cu­li­zar­te. ¿Le do­lió que se des­afi­lia­ra?

Me afec­tó mu­chí­si­mo. Fue un im­pac­to. Pe­ña­rol y Na­cio­nal tie­nen que es­tar. Na­cio­nal es­tá y tie­ne un equi­po muy com­pe­ti­ti­vo. En aquel en­ton­ces, me do­lió mu­chí­si­mo, pe­ro fue la de­ci­sión de Da­mia­ni pa­dre. En fe­bre­ro se cum­plen 45 años de aquel no­ta­ble Fe­de­ral de 1973 que ga­nó Pe­ña­rol en 1974 en el úl­ti­mo se­gun­do. ¿Có­mo lo vi­vie­ron? El de 1973 es el tí­tu­lo que la gen­te re­cuer­da más por lo que fue la de­fi­ni­ción. Lo más im­por­tan­te que re­cuer­do es có­mo in­flu­ye un téc­ni­co en una de­ci­sión. Car­li­tos Gen­ta que era el en­tre­na­dor, pi­dió tiem­po y nos ha­bló a to­dos. Íba­mos 68 igua­les: “Es muy sen­ci­llo. Fal­ta un se­gun­do. Vos Ha­ller, arras­trá mar­cas que to­dos te van a se­guir a vos”. Por­que era so­lo un se­gun­do y era so­lo to­car­la. Y si­guió: “Se la va­mos a dar a Bian­chi”. Y sa­lió así. Sa­có Alonso, yo arras­tré mar­cas co­mo a tres ju­ga­do­res. El de Trouville que lle­va­ba el re­loj me si­guió a mí y se ol­vi­dó del re­loj. Bian­chi re­cep­cio­nó, la pi­có, hi­zo el do­ble rit­mo y con­vir­tió. Fue un cam­peo­na­to. El fes­te­jo fue al­go ma­ra­vi­llo­so. Fue im­pre­sio­nan­te. Esa no­che us­ted hi­zo 34 pun­tos de los 70 que anotó Pe­ña­rol y no ha­bía tri­ples. Mi­do 2,03 m y a pe­sar de eso era bas­tan­te ágil, te­nía un buen sal­to, ju­ga­ba con 90 ki­los y co­rría mu­cho. Fui uno de los pri­me­ros que hun­dí la pe­lo­ta en Uru­guay por­que me en­se­ñó Ru­ben Bu­lla, so­bre to­do a ti­rar el gan­cho y a prac­ti­car la hun­di­da. El gan­cho evi­ta el con­tac­to fí­si­co con el ju­ga­dor. Hoy ca­si no se usa. Apar­te ti­ra­ba los li­bres con una so­la mano. Ten­go buen quie­bre de mu­ñe­ca. Soy so­cio de Bi­guá y ha­ce cua­tro me­ses ti­ré 20 li­bres y me­tí 18. La me­mo­ria que tie­ne el cuer­po es in­creí­ble. Ha­bía unos pi­bes que es­ta­ban sor­pren­di­dos por­que ti­ra­ba con una so­la mano y te­nía mu­cha efec­ti­vi­dad, has­ta que les con­ta­ron quién ha­bía si­do co­mo ju­ga­dor. Vol­vien­do a aque­lla no­che, los ri­va­les no pu­die­ron con us­ted. No. Era di­fí­cil de mar­car. Era un ju­ga­dor de ha­cer mu­chos pun­tos. Ellos tra­ta­ban de mar­car­me, pe­ro yo an­du­ve en una bue­na no­che en un par­ti­do muy im­por­tan­te pa­ra no­so­tros. Es­ta­ba (Ma­no­lo) Ga­dea y él me de­cía: “Vos cor­tá, que yo te la voy a dar”. Era un gran pa­sa­dor, pe­ro si no es­ta­bas aten­to, te ase­gu­ro que te arran­ca­ba los de­dos. Me la da­ba, yo me­tía el gan­cho y no ha­bía for­ma de pa­rar­me. Fue muy sig­ni­fi­ca­ti­vo pa­ra mí. Fue el se­gun­do más lar­go en la his­to­ria del bás­quet­bol . Sin lu­gar a du­das. Fue un error del hom­bre de Trouville que lle­va­ba el re­loj. Sé que tu­vo pro­ble­mas en el ba­rrio des­pués por­que lo cul­pa­ban a él por ha­ber­lo ma­ne­ja­do mal. Y Car­los Gen­ta tu­vo mu­cho que ver tam­bién. Car­li­tos fue ma­ra­vi­llo­so. Hay téc­ni­cos que no tie­nen mu­cho car­tel o mu­chas téc­ni­cas, pe­ro eran vi­vos. Pi­ru­lo Et­cha­men­di era otro, vi­ví­si­mo. Víc­tor Be­rar­di he­re­dó eso tam­bién.

Me afec­tó mu­chí­si­mo que Pe­ña­rol se des­afi­lia­ra del bás­quet­bol en 1997; fue un im­pac­to. en aquel en­ton­ces me do­lió mu­chí­si­mo, pe­ro fue la de­ci­sión de Da­mia­ni pa­dre”

El he­cho de que Pe­ña­rol me con­tra­ta­ra me sir­vió mu­cho por­que un día vi­nie­ron a ha­cer un alla­na­mien­to en mi ca­sa y los mi­li­ta­res me lle­va­ron a mí y a mi her­mano has­ta el ba­ta­llón; fue un mal mo­men­to por­que me hi­cie­ron tor­tu­ra psi­co­ló­gi­ca y yo no te­nía na­da que ver; me lar­ga­ron, pe­ro mi her­mano que­dó y con el tiem­po se hi­zo ami­go del Pe­pe Mu­ji­ca y has­ta fue su je­fe de se­gu­ri­dad cuan­do fue pre­si­den­te”

Hay va­rios ju­ga­do­res que ac­tual­men­te jue­gan en la se­lec­ción que en nues­tra épo­ca no hu­bie­ran ju­ga­do”

Ru­ben Bu­lla fue el me­jor téc­ni­co que tu­ve, quien más me en­se­ñó; apren­dí el gan­cho con él y yo era co­mo su hi­jo; era un apa­sio­na­do del bás­quet­bol y un ade­lan­ta­do pa­ra su épo­ca. Era un ver­da­de­ro maestro” Ger­mán Ha­ller EX­JU­GA­DOR DE BÁS­QUET­BOL DE PE­ÑA­ROL, BI­GUÁ, CO­LÓN, WELCOME, URUNDAY Y LA SE­LEC­CIÓN URU­GUA­YA

¿Le pa­ga­ban un suel­do en aque­lla épo­ca? ¿Co­bra­ron al­gún pre­mio por ser cam­peo­nes? Yo siem­pre fui pro­fe­sio­nal. Cla­ro que no se ga­na­ba co­mo aho­ra. Cuan­do fui a Ar­gen­ti­na ga­né mu­cho más, me die­ron un ce­ro ki­ló­me­tro, es­ta­ba en un ho­tel li­bre de gas­tos, ga­na­ba unos cuán­tos mi­les de dó­la­res. Fui un ju­ga­dor bas­tan­te bien co­ti­za­do y eso que nun­ca tu­ve con­tra­tis­ta. Lo que me pa­ga­ban acá da­ba pa­ra vi­vir y guar­dar al­go. Des­pués de Pe­ña­rol se fue a Gim­na­sia y Esgrima La Pla­ta y es­tu­vo cin­co años. Sí, me fui a ju­gar allá. Des­pués se fue Car­li­tos Pei­na­do quien es­tu­vo dos años. Me en­te­ré el otro día que aho­ra se va a ir el ter­cer uru­gua­yo a Gim­na­sia que es (Agus­tín) Zu­vich. En esa épo­ca en­tre­ná­ba­mos en do­ble ho­ra­rio, al­go que acá era im­pen­sa­do. Car­los, pe­se a que te­nía­mos tres nor­te­ame­ri­ca­nos, fue el más re­gu­lar del equi­po. Yo, con 2,03 m era el más ba­jo de los gran­des. Es­ta­ba Fi­ni­to Gehr­mann 2,11 m, Larry Jack­son 2,07 m, Michael Jack­son 2,06 m. Fui­mos cam­peo­nes me­tro­po­li­ta­nos ar­gen­ti­nos. ¿Es cier­to que le gus­tan los dar­dos, los ar­cos y fle­chas y la ar­que­ría? Siem­pre me gus­tó la ar­que­ría y sa­qué un se­gun­do pues­to en Uru­guay y otro en Ar­gen­ti­na. Te­nía muy bue­na pun­te­ría. Re­cuer­do que en una con­cen­tra­ción un ju­ga­dor pu­so un som­bre­ro y le ti­ré con la fle­cha y lo cla­vé con­tra un ár­bol y ellos que­da­ban sor­pren­di­dos. Cuan­do es­tu­ve en la Ama­zo­nia peruana que ju­ga­mos el Mun­dial en Pe­rú, veía có­mo los in­dios Ya­guas ca­za­ban mo­nos con la cer­ba­ta­na y cuan­do vol­ví me hi­ce una que es al­ta­men­te efec­ti­va. Le gus­tan mu­cho las plan­tas tam­bién. Soy co­lec­cio­nis­ta de cac­tus y cra­sas. Te­nía un vi­ve­ro en mi ca­sa. Te­nía 400 va­rie­da­des. Y tam­bién fui has­ta ha­ce 10 años ma­la­có­lo­go, co­lec­cio­nis­ta de mo­lus­cos y ca­ra­co­les ma­ri­nos. Eso me en­can­ta. Me car­tea­ba con gran par­te del mun­do. Tra­ba­ja­ba en el puer­to y me hi­ce ami­go de los pes­ca­do­res y cuan­do ti­ra­ban la red, le da­ba unos man­gos y me da­ban los ca­ra­co­les. Mi nom­bre es­tá en una re­vis­ta ita­lia­na. Lle­gué a te­ner 4 mil es­pe­cies de ca­ra­co­les. Hi­ce un cur­so por­que me en­can­ta­ba. Tam­bién ta­lla ma­de­ra y pin­ta pie­dra. Sí, ha­go to­do eso. He tra­ba­ja­do con hor­mi­gón po­ro­so, lo ta­llo co­mo si fue­ra ma­de­ra. Hi­ce una gár­go­la muy bo­ni­ta que me lle­vó un tiem­po. Tam­bién pin­ta­ba cua­dros cuan­do ju­ga­ba en Pe­ña­rol y ven­dí al­gu­nos. No sé si me los com­pra­ron por­que eran hin­chas (se ríe). Vol­vien­do al bás­quet­bol, ¿có­mo vi­vió el tí­tu­lo lo­gra­do en el Sud­ame­ri­cano de 1981 con la se­lec­ción en Mon­te­vi­deo? Eso fue ma­ra­vi­llo­so. Fue lin­do por­que es di­fí­cil ga­nar­le tan­to a Ar­gen­ti­na co­mo a Bra­sil. Tu­vi­mos to­do el apo­yo de la gen­te. Fue im­por­tan­te en lo co­lec­ti­vo, el buen equi­po que te­nía­mos. Car­li­tos (Pei­na­do), el Ta­to (Ló­pez) que sur­gía, He­bert (Nú­ñez). Uru­guay te­nía un equi­po muy com­pe­ti­ti­vo. En aque­lla épo­ca ha­bía cer­ca de 10 ju­ga­do­res arriba de los dos me­tros en el bás­quet­bol uru­gua­yo. Aho­ra no se ve eso en la se­lec­ción, sal­vo (Es­te­ban) Batista. No sé qué pa­só. En aquel mo­men­to ha­bía mu­cha ro­ta­ción y por eso se lo­gra­ron co­sas im­por­tan­tes. Oja­lá que la de aho­ra ten­ga suer­te. Es di­fe­ren­te. Lás­ti­ma que no es­tá (Jay­son) Gran­ger que me gus­ta mu­cho. ¿Qué di­fe­ren­cias en­cuen­tra con la se­lec­ción ac­tual? Ade­más de la es­ta­tu­ra, Uru­guay te­nía más ban­co, que hoy no se ve tan­to. Te­nía­mos muy bue­nos ju­ga­do­res, una ge­ne­ra­ción muy im­por­tan­te, más que aho­ra, sal­van­do las dis­tan­cias. Aho­ra te­nés ju­ga­do­res, pe­ro sie­te, ocho y ahí pa­rás. Uru­guay es muy ra­che­ro tam­bién en cuan­to a tri­ples. En el úl­ti­mo par­ti­do, Fi­ti­pal­do, que tie­ne buen por­cen­ta­je, no em­bo­có uno. Eso no pa­sa con Ar­gen­ti­na, ni con Bra­sil, mis­mo con Pa­ra­guay. No te­nés uno co­mo en nues­tra épo­ca que Bra­sil te­nía a Os­car y no­so­tros al Fe­fo Ruiz. Ha­bía ju­ga­do­res más re­gu­la­res. An­tes de que co­men­za­ra la dic­ta­du­ra, su fa­mi­lia pa­só un mo­men­to com­pli­ca­do por­que se lle­va­ron pre­so a su her­mano Car­los por tu­pa­ma­ro. El he­cho de que me con­tra­ta­ra Pe­ña­rol me sir­vió mu­cho. Un día mi ma­dre en Mer­ce­des me di­jo: “Ger­mán, que­da­te tran­qui­lo que van a ha­cer un alla­na­mien­to”. Me que­dé tran­qui­lo. Vi­nie­ron mi­li­ta­res con la cu­la­ta de una es­co­pe­ta y me di­je­ron: “Nos tie­ne que acom­pa­ñar”. Cuan­do sa­lí por el fon­do, vi hu­mo. Des­pués me en­te­ré que ha­bían que­ma­do los dis­cos de mi her­mano de Vi­gliet­ti y Nu­ma Mo­raes. Me lle­va­ron al ba­ta­llón en un jeep a con­tra­mano, to­dos los ve­ci­nos mi­ran­do y al ra­to ca­yó mi her­mano. Pa­sé un mal mo­men­to por­que me ha­cían la tor­tu­ra psi­co­ló­gi­ca: “¿Qué pa­sa Pe­dro? ¿Se rom­pió la pi­ca­na?”, de­cían en­tre ellos. To­do pa­ra que yo es­cu­cha­ra. Yo no te­nía na­da que ver. Me lar­ga­ron de no­che y me fui co­rrien­do a mi ca­sa. Mi her­mano que­dó. Mi ma­dre me vio y di­jo: “Por lo me­nos, me de­vol­vie­ron a uno”. Lo de Pe­ña­rol me vino bár­ba­ro por­que jus­to me con­tra­tó ahí. Yo me sen­tía mal y en­ton­ces sa­lí de Mer­ce­des. ¿Se po­día con­cen­trar bien en los par­ti­dos o pen­sa­ba mu­cho en su her­mano? Yo tra­ta­ba de ir a vi­si­tar­lo o de con­se­guir­le al­gu­na pe­lo­ta. Un día me di­jo que ju­ga­ban 40 con­tra 40. Era una épo­ca muy em­bro­ma­da. A ve­ces mi ma­má lo iba a vi­si­tar a la cár­cel de Li­ber­tad y por­que él se ha­bía por­ta­do mal o no se cor­ta­ba el ca­be­llo, no lo de­ja­ban ver y mi ma­dre iba con la co­mi­da. Fue una épo­ca bra­va. En al­guno de los lu­ga­res en los que es­tu­vo, co­no­ció al Pe­pe (Mu­ji­ca). Eran com­pa­ñe­ros más que na­da. Allí en­tre ellos na­ció una amis­tad. Las vuel­tas que tie­ne la vi­da, cuan­do Mu­ji­ca fue pre­si­den­te, él fue je­fe de se­gu­ri­dad. Sí, es cier­to. Tra­ba­jó allí los cin­co años. Via­jó por to­dos la­dos. Yo le de­cía: “Pen­sar que cuan­do yo via­ja­ba por el bás­quet­bol, vos es­ta­bas aden­tro y aho­ra vos via­jás y yo me que­do”. Son las vuel­tas de la vi­da. Has­ta ha­ce po­co es­ta­ba ju­gan­do al bás­quet­bol. La cár­cel siem­pre es ma­la, pe­ro en dic­ta­du­ra de­be ser peor. Sí, cla­ro. Pa­só mal. Tu­vo un pro­ble­ma de vi­sión, un tiem­po sin po­der con­ce­bir por el te­ma de la pi­ca­na. Des­pués se hi­zo un tra­ta­mien­to y aho­ra tie­ne dos hi­jos bár­ba­ros. Siem­pre va a ver a su hi­jo Fe­de­ri­co a ju­gar al bás­quet­bol. No se pier­de ni un par­ti­do. Mi her­mano es­tá al firme. ¿Cuál fue el me­jor ju­ga­dor que en­fren­tó? El bra­si­le­ño Os­car. Era im­pre­sio­nan­te. No ju­gó en la NBA por­que no qui­so, por­que ga­na­ba más en Eu­ro­pa. Ju­ga­ba bien abajo y en esa épo­ca que los gran­des no ti­ra­ban de afue­ra, él lo ha­cía. Era una co­sa bár­ba­ra. ¿Cuál fue el me­jor ju­ga­dor que tu­vo co­mo com­pa­ñe­ro? Car­li­tos Pei­na­do. Ju­gué en la se­lec­ción y en Ar­gen­ti­na con él. Lo co­noz­co bien. ¿Se si­gue vien­do con al­gu­nos ex­com­pa­ñe­ros? Sí, los cam­peo­nes de 1981 nos ve­mos ca­da tres o cua­tro me­ses. Ha­ce­mos una co­mi­da en Trouville. Van Frat­ti­ni, el Ta­to Ló­pez, el Fe­fo Ruiz, Maho­ma Wen­zel… Pa­sa­mos bár­ba­ro y éra­mos un gran equi­po. Hay va­rios ju­ga­do­res que ac­tual­men­te jue­gan, que en nues­tra épo­ca no hu­bie­ran ju­ga­do. ¿Cuál fue el me­jor téc­ni­co?

Ru­ben Bu­lla. Más que na­da en­se­ñan­do, no co­mo téc­ni­co. Apren­dí el gan­cho con él. Era co­mo un hi­jo pa­ra él. De re­pen­te me lle­va­ba a ce­nar a al­gún res­to­rán y en un mo­men­to se le­van­ta­ba de la me­sa y me ha­cía ges­tos: “Vos te­nés que cu­brir así”. Era un apa­sio­na­do del bás­quet­bol. Me lle­va­ba a ver vi­deos de Ka­rim Ab­dul Jab­bar de la NBA y me de­cía “mi­rá có­mo se tira el gan­cho”. ¿Quién te ha­ce eso aho­ra? No exis­te, por­que ya tra­ba­jás con ju­ga­do­res he­chos. Era un maestro.

D.BATTISTE

D.BATTISTE

El equi­po de Pe­ña­rol que ven­ció a Trouville; Ha­ller apa­re­ce con la 13

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