Un guar­daes­pal­da

El Observador - Referi - - CLÁSICO -

El tra­ba­jo de Gar­gano en el plano de­fen­si­vo es com­ple­to. No so­lo se re­cues­ta con­tra los za­gue­ros cuan­do el equi­po es ata­ca­do tras per­der la pe­lo­ta, sino que ade­más com­ple­men­ta a la per­fec­ción el tra­ba­jo de Guz­mán Pe­rei­ra. Tras su lle­ga­da, Guz­mán Pe­rei­ra cam­bió de rol, se vol­vió un vo­lan­te más tác­ti­co, fi­jo y de com­ba­te en la zo­na me­du­lar, mien­tras que Gar­gano fue el en­car­ga­do de ju­gar li­be­ra­do por esa zo­na y ha­cer el des­gas­te en la re­cu­pe­ra­ción. Tie­ne ca­pa­ci­dad pa­ra sa­car la pe­lo­ta lim­pia, lo que lo vuel­ve un vo­lan­te pe­li­gro­so a la ho­ra de asi­si­tir. Su tra­ba­jo es tan importante pa­ra el equi­po y es­tá tan bien con­si­de­ra­do por Leo­nar­do Ra­mos, que en los cuatro par­ti­dos se re­pi­tió la ten­den­cia. Guz­mán Pe­rei­ra de­jó la can­cha pa­ra dar­le in­gre­so a un ju­ga­dor de vo­ca­ción ofen­si­va y Gar­gano se man­tu­vo en can­cha co­mo úni­co vo­lan­te de mar­ca. En esos mi­nu­tos hi­zo un des­gas­te aún ma­yor.

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