¡FE­LIZ CUM­PLE!

Suá­rez ce­le­bra hoy su pri­me­ra dé­ca­da go­lea­do­ra con la se­lec­ción, con la que rom­pió to­dos los re­gis­tros y lle­va 49 tan­tos. Con­ti­nua­rá...

El Observador - Referi - - PORTADA - JORGE SEÑORANS

Diez años atrás. La ba­jó de de­re­cha pa­ra aden­tro, se sa­có al de­fen­sa de arri­ba y le que­dó pa­ra la zur­da. No lo du­dó. Le pe­gó aba­jo. Sa­lió co­rrien­do, con los bra­zos abier­tos, mi­ró al cie­lo y be­só la ca­mi­se­ta.

Diez años des­pués. La pe­lo­ta re­bo­ta y le per­mi­te en­fi­lar rum­bo al ar­co. La aco­mo­da con la de­re­cha y de­fi­ne tres de­dos con la mis­ma pier­na pa­ra me­ter­la aba­jo y contra un pa­lo. Co­rre se­ña­lan­do al com­pa­ñe­ro que le brin­dó la asis­ten­cia. Des­pués se be­sa­rá los tres de­dos de la mano de­re­cha co­mo sa­lu­do a su es­po­sa y sus dos hi­jos.

Cam­bia­ron los tiem­pos, las de­di­ca­to­rias, los com­pa­ñe­ros pe­ro no la cos­tum­bre por el gol. Luis Alberto Suá­rez, un día co­mo el de hoy, pe­ro de ha­ce 10 años, em­pe­zó a es­cri­bir su dé­ca­da del gol con la ce­les­te.

Ja­más ima­gi­nó Luis que, de aquel pri­mer gol an­te Bo­li­via por las Eli­mi­na­to­rias en el Cen­te­na­rio, ter­mi­na­ría sig­ni­fi­can­do el tram­po­lín pa­ra con­ver­tir­se en el má­xi­mo go­lea­dor de la his­to­ria de la se­lec­ción uru­gua­ya.

El co­mien­zo

Sus ini­cios con la ce­les­te tu­vie­ron idas y vuel­tas. El sal­te­ño ha­bía co­men­za­do a des­lum­brar en Gro­nin­gen de Ho­lan­da. Ta­bá­rez le ha­bía echa­do el ojo. Por aque­llos tiem­pos su club no le per­mi­tió con­cu­rrir al Sud­ame­ri­cano Sub 20. Uru­guay cla­si­fi­có de la mano de quien, con el tiem­po, se con­ver­ti­ría en su com­pin­che en la ofen­si­va ce­les­te: Edin­son Ca­va­ni.

An­te la pri­me­ra opor­tu­ni­dad que se le pre­sen­tó, Ta­bá­rez lo ci­tó. Fue una es­pe­cie de re­co­no­ci­mien­to de­bi­do a que su club no lo ha­bía de­ja­do via­jar. Fue así que el 7 de fe­bre­ro de 2007 el sal­te­ño ju­ga­ba contra Co­lom­bia, en la ciu­dad de Cú­cu­ta, su pri­mer par­ti­do con la se­lec­ción ab­so­lu­ta.

Al mar­gen de que ese día ju­gó un gran par­ti­do y fue víc­ti­ma de un pe­nal que Abreu ter­mi­nó trans­for­man­do en gol, fue ex­pul­sa­do a seis mi­nu­tos del fi­nal.

Lle­gó el Mun­dial ju­ve­nil, que se ju­ga­ba si­mul­tá­nea­men­te con la Co­pa Amé­ri­ca de Ve­ne­zue­la 2007. Al cuer­po téc­ni­co lo in­va­dió la du­da: ¿qué ha­cer con Suá­rez? ¿Lo lle­va­ba a la Co­pa o lo de­ja­ba en el Mun­dial con la sub 20?

Pri­mó el cri­te­rio del en­tre­na­dor que quie­re que los ju­ga­do­res cum­plan sus ci­clos sin apre­su­rar los pro­ce­sos de madurez. Suá­rez fue al Mun­dial sub 20.

Pe­ro en la pri­me­ra opor­tu­ni­dad que se le pre­sen­tó al cuer­po téc­ni­co, lo con­vo­có.

Ocu­rrió en un amis­to­so contra Su­dá­fri­ca pre­vio al ini­cio de las Eli­mi­na­to­rias pa­ra Su­dá­fri­ca 2010. Des­de ese mo­men­to Suá­rez pa­só a ser ju­ga­dor de se­lec­ción.

“Des­de que apa­re­ció en el fút­bol uru­gua­yo me di cuen­ta de que es­tá­ba­mos fren­te a un fut­bo­lis­ta de ca­rac­te­rís­ti­cas es­pe­cia­les. Me acuer­do que tu­vo una ma­la ra­cha don­de no ano­ta­ba go­les y se lo cues­tio­na­ba. Me de­cía el en­tre­na­dor de la sub 20 que per­día mu­chas pe­lo­tas y yo le de­cía que mi­ra­ra lo que ha­cía Suá­rez. Cuan­do sa­lió de Na­cio­nal, muy jo­ven fue a Ho­lan­da don­de lo apa­dri­nó Bruno Silva, fue go­lea­dor, pa­só a Ajax que es un equi­po em­ble­ma, fue ca­pi­tán y go­lea­dor del equi­po. A mí me sor­pren­de que se sor­pren­dan con Suá­rez. Es un ju­ga­dor que ad­mi­ro mu­cho”, re­me­mo­ró Ta­bá­rez ha­ce al­gu­nos años.

Su­frir y go­zar

Luis las pa­só ab­so­lu­ta­men­te to­das con la ca­mi­se­ta de la se­lec­ción. Des­de aque­llas pri­me­ras ale­grías co­mo el gol an­te los bo­li­via­nos, ha­ce exac­ta­men­te hoy un año, a los sin­sa­bo­res de la san­ción más gran­de de la his­to­ria lue­go de que la FIFA lo sus­pen­die­ra por mor­der al ita­liano Chie­lli­ni en pleno Mun­dial de Bra­sil 2014.

Suá­rez fue el hé­roe de los uru­gua­yos en el Mun­dial de 2010 con aque­lla mano an­te Gha­na que se in­mor­ta­li­zó en can­to tri­bu­ne­ro.

Fue el por­ta­dor de la ilu­sión de los uru­gua­yos que, cuan­do el equi­po pa­sa­ba por un mal mo­men­to o las co­sas no sa­lían, sa­bían que te­nían en el Pis­to­le­ro al hom­bre ca­paz de re­sol­ver so­lo.

Suá­rez fue el ju­ga­dor con el cual los uru­gua­yos se sin­tie­ron iden­ti­fi­ca­dos por su for­ma de ju­gar, por su en­tre­ga, por ser de al­gu­na for­ma el tí­pi­co ju­ga­dor de es­tas tie­rras, ese que sa­be del su­fri­mien­to pa­ra lo­grar el triun­fo.

La fe­li­ci­dad má­xi­ma lle­gó un año des­pués de aquel cuar­to pues­to de Su­dá­fri­ca cuan­do se co­ro­nó cam­peón de Amé­ri­ca en 2011.

El pa­so del tiem­po in­cre­men­tó su fa­ma. Los pro­ble­mas en Inglaterra co­men­za­ron a ha­cer que el país se em­ban­de­ra­ra con Luis. El 9 em­pe­zó a pul­ve­ri­zar mar­cas con la se­lec­ción. Fue al Mun­dial en ple­na re­cu­pe­ra­ción y mos­tró su es­pí­ri­tu in­do­ma­ble al mar­car dos go­les inol­vi­da­bles an­te los in­gle­ses.

Has­ta que lle­gó el du­ro cal­va­rio al que lo so­me­tió la FIFA con la pe­na más du­ra de su his­to­ria.

Pe­ro na­da fue ca­paz de do­ble­gar­lo. El día que vol­vió, en mar­zo de 2016, le anotó un gol a Bra­sil en su tie­rra.

Cuan­to tiem­po ha pa­sa­do. Cuan­tas co­sas en el via­je. Y Luis si­gue tan cam­pan­te.

Si pa­re­ce que has­ta fue ayer cuan­do sa­lió co­rrien­do con los bra­zos abier­tos, mi­ran­do al cie­lo y be­san­do la ca­mi­se­ta con su pri­mer gol. Pe­ro ya pa­sa­ron 10 años. Una dé­ca­da de­di­ca­da al gol. Una dé­ca­da en la que to­do un país no se can­sa de ce­le­brar sus go­les y lo acom­pa­ña en ca­da uno de sus mo­men­tos.

La his­to­ria no ter­mi­nó. El Mun­dial de Ru­sia lo es­pe­ra. Y en el ho­ri­zon­te ya se pre­sen­tan nue­vos desafíos: lle­gar a los 50 go­les y al­can­zar los 100 par­ti­dos con la blu­sa ce­les­te. Luis pa­re­ce na­ci­do pa­ra ha­cer po­si­ble lo que re­sul­ta im­po­si­ble. •

I. GUI­MA­RAENS

pam­pajs@hot­mail.com

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