RE­GRE­SO A LA PAN­TA­LLA.

DA­NIEL JA­VIER

El Pais (Uruguay) - Sabado Show - - NEWS - MI­GUEL BARDESIO. FO­TOS : F. PONZETTO

Da­niel Ja­vier se po­ne al fren­te de un ci­clo en TNU.

Lue­go de ca­si 10 años fue­ra del país y de laTV, Da­niel Ja­vier re­gre­sa a los me­dios con el ma­ga­zi­ne ves­per­tino Más va­le tar­de, con­du­ci­do por Mó­ni­ca Wi­lleng­ton enTNU y cu­yo es­treno es­tá pre­vis­to pa­ra es­te lu­nes. El con­duc­tor de 57 años, ex­ma­ri­do deVic­to­ria Zan­ga­ro, es­tu­vo va­rios años en Ita­lia de­di­ca­do a la na­ve­ga­ción de em­bar­ca­cio­nes de lu­jo y tam­bién en Es­ta­dos Uni­dos. Hoy se ca­só con Ca­ro­li­na y tie­nen una hi­ja de dos años. La pa­ter­ni­dad fue de­ci­si­va pa­ra que re­gre­sa­ra al país. Co­no­cé su his­to­ria.

—En 2009 de­jas­te to­do en Uru­guay y te fuis­te a vi­vir a Ita­lia. ¿Cuá­les fue­ron los des­en­ca­de­nan­tes?

—Me ha­bía se­pa­ra­do (de Vic­to­ria Zan­ga­ro) y no es­ta­ba muy con­for­me con la si­tua­ción la­bo­ral de ese mo­men­to. Un tiem­po an­tes me ha­bía vin­cu­la­do, por in­ter­me­dio de al­gún ami­go, con la na­ve­ga­ción, que era y si­gue sien­do al­go que me apa­sio­na. Tu­ve la suer­te de que ha­bía una po­si­bi­li­dad la­bo­ral con una em­pre­sa ita­lia­na de­di­ca­da a ve­le­ros y ya­tes de al­ta ga­ma y me fui allá a tra­ba­jar en bar­cos de lu­jo.

—¿Cuál era en con­cre­to el tra­ba­jo?

—Re­co­rrer el Mar Me­di­te­rrá­neo en esas em­bar­ca­cio­nes co­mo miem­bro de la tri­pu­la­ción. Mi for­ma­ción en Uru­guay era muy bá­si­ca, pe­ro allá me fui es­pe­cia­li­zan­do y lle­gué a ser pri­mer ofi­cial. Fue una ex­pe­rien­cia ma­ra­vi­llo­sa.

—¿En­ton­ces por qué vol­vis­te?

—La ra­zón prin­ci­pal es que em­pe­cé a ha­cer esas co­sas con 50 años. Es un tra­ba­jo muy exi­gen­te, que im­pli­ca una dedicación de 24 ho­ras cuan­do uno es­tá em­bar­ca­do. Es tam­bién exi­gen­te des­de el pun­to de vis­ta fí­si­co, por­que so­bre to­do en los ve­le­ros, gran par­te de la ope­ra­ti­va de ma­ni­pu­la­ción de las ve­las si­gue sien­do ma­nual. Hay que tre­par­se a los más­ti­les, ti­rar de las so­gas... En pa­ra­le­lo, me sur­gió una po­si­bi­li­dad de tra­ba­jo en una em­pre­sa de­di­ca­da a la cer­ti­fi­ca­ción de ca­li­dad y a nor­mas de res­pon­sa­bi­li­dad so­cial con se­de cen­tral en Houston. Yo tra­ba­jo pa­ra ellos des­de 2006 y en cier­to mo­men­to me ofre­cie­ron un pues­to en las ofi­ci­nas en Es­ta­dos Uni­dos y de­ci­dí acep­tar. En ese en­ton­ces ya ha­bía co­no­ci­do a Ca­ro­li­na (mi ac­tual es­po­sa) en uno de mis via­jes a Uru­guay y co­men­za­mos una vi­da jun­tos. Ella me acom­pa­ñó a Houston y allá es­tu­vi­mos tres años.

—Y la vuel­ta a Uru­guay, ¿có­mo se pro­ce­só?

—Fue cuan­do Ca­ro­li­na que­dó em­ba­ra­za­da. Los dos pen­sa­mos que lo me­jor era que nues­tra hi­ja na­cie­ra en Uru­guay, don­de ten­dría a los abue­los cer­ca, así que em­pe­za­mos a pla­ni­fi­car el re­gre­so. Por suer­te po­de­mos tra­ba­jar a dis­tan­cia en la em­pre­sa y es­ta­mos fe­li­ces des­de ha­ce dos años en Uru­guay. El tra­ba­jo im­pli­ca con­fe­ren­cias dia­rias con em­pre­sas de dis­tin­tas par­tes del mun­do y con fre­cuen­cia viajar a di­fe­ren­tes paí­ses. Tra­ba­ja­mos con cer­ti­fi­ca­dos de ca­li­dad y nor­mas de res­pon­sa­bi­li­dad so­cial y te­ne­mos a más de 300 em­pre­sas en el mun­do cer­ti­fi­ca­das con esa nor­ma.

—¿Vol­vis­te a na­ve­gar?

—Po­co y na­da. Pen­sa­ba que al vol­ver a Uru­guay, me iba a com­prar un bar­qui­to pa­ra re­gre­sar. Pe­ro acá me sa­ca las ga­nas. El co­lor del agua no se com­pa­ra. Hay que ir a aguas oceá­ni­cas que son más mo­vi­das y exi­gen­tes... así que por el mo­men­to no na­ve­go.

—Es­te lu­nes vol­vés a la TV con el pro­gra­ma Más va­le tar­de, que irá de lu­nes a vier­nes a las 17:30 por TNU, ¿qué sen­sa­cio­nes te pro­du­ce?

—Muy gra­tas. La con­duc­to­ra del pro­gra­ma Mó­ni­ca Wi­lleng­ton me con­vo­có pa­ra que la acom­pa­ñe des­de la co­con­duc­ción. Tra­ba­ja­mos mu­cho tiem­po jun­tos en Punta del Es­te y for­ja­mos una bue­na amis­tad. Es­ta­mos muy ali­nea­dos con la idea y la pro­pues­ta del pro­gra­ma. Va a ser una lo­cu­ra pa­ra mi agen­da, pe­ro es­toy fe­liz. La co­mu­ni­ca­ción me en­can­ta.

—¿Han ha­bla­do de al­gún per­fil en par­ti­cu­lar pa­ra el pro­gra­ma?

—Es un ma­ga­zi­ne de la tar­de. Yo quie­ro apor­tar mis co­no­ci­mien­tos en res­pon­sa­bi­li­dad so­cial em­pre­sa­rial. Es una lin­da ve­ta pa­ra ex­plo­rar.

—¿Ner­vios?

—No. Es­toy muy tran­qui­lo. Es al­go que me gus­ta ha­cer. Si bien ha­ce mu­cho tiem­po que no lo ha­go, no creo que pre­sen­te di­fi­cul­tad. Des­de el pri­mer día nos pu­si­mos de acuer­do con Mó­ni­ca y la con­si­ga es di­ver­tir­nos, ser na­tu­ra­les y atraer la au­dien­cia.

—¿Cuán­to te cam­bió pa­ter­ni­dad?

—Fue un cam­bio muy gran­de, más a mi edad. Ten­go 57 años. De al­gún mo­do, pien­so que tu­ve la suer­te de que vino a es­ta edad. No sé qué hu­bie­ra pa­sa­do an­tes... se­gu­ra­men­te no hu­bie­ra po­di­do te­ner la vi­da viajera que tu­ve. Tam­bién pien­so que era una per­so­na muy egoís­ta y no sé si hu­bie­ra es­ta­do en el pa­sa­do pre­pa­ra­do pa­ra el gra­do de re­nun­cia y cam­bio de prio­ri­da­des que im­pli­ca te­ner un hi­jo. Es una co­sa que te trans­for­ma com­ple­ta­men­te.

—Con Vic­to­ria Zan­ga­ro es­tu­vie­ron mu­chos años jun­tos, ¿man­tie­nen en la ac­tua­li­dad al­gún ti­po de re­la­ción?

—Es­tu­vi­mos 21 años jun­tos. Sie­te años de no­vio y 14 de ca­sa­dos. Fue un vi­da. Pe­ro to­do bri­llan­te. Pa­ra mí es una per­so­na ma­ra­vi­llo­sa. Me ale­gré cuan­do su­pe que ha­bía rehe­cho su vi­da amo­ro­sa (con Mar­tín Sart­hou). Pe­ro no es un per­so­na con la que ten­ga víncu­lo en la ac­tua­li­dad. Si te­ne­mos que con­ver­sar por al­gún te­ma, lo ha­ce­mos, pe­ro no se da a me­nu­do. De re­pen­te ten­go más tra­to con su her­mano que con ella. Por­que se ha da­do así. No es­tu­ve en el país mu­chos años ni en los me­dios, así que prác­ti­ca­men­te no nos cru­za­mos. Las ve­ces que nos en­con­tra­mos en ca­sa de al­gún ami­go en co­mún, nos sa­lu­da­mos.

—¿Di­rías que fue una di­vor­cio en paz?

—Sí. Fue una co­sa de mu­chos años. A ve­ces las re­la­cio­nes me­jo­ran con el tiem­po y a ve­ces se es­tan­can y se pier­de la ma­gia. Eso fue lo que pa­só. Con res­pe­to, cui­da­do y ca­ri­ño tra­ta­mos de re­sol­ver­lo.

Da­niel Ja­vier se fue del país en 2009. Es­tu­vo va­rios años en Ita­lia, de­di­ca­do a la na­ve­ga­ción en el Mar Me­di­te­rrá­neo. Lue­go vi­vió tres años en Houston y en 2015 re­gre­só a Mon­te­vi­deo pa­ra ser pa­dre.

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