Juan Car­los Pin­tos

Running (Uruguay) - - TESTIMONIO -

> Em­pre­sa­rio > Co­rre­dor > 59 años

“Em­pe­cé a co­rrer ha­ce exac­ta­men­te 14 años. Re­cuer­do que el pri­mer día sa­lí a la ram­bla de Mal­vín, arran­qué con 4 km y me di cuen­ta de que iba a po­der con más, así que en­se­gui­da me fi­jé el pri­mer ob­je­ti­vo, que era la 10 K de Na­ti­va, que en aquel mo­men­to era un cuar­to de ma­ra­tón, o sea, 10 ki­ló­me­tros y 500 me­tros. Una día mi her­mano me co­men­tó que iba a co­rrer la San Fe­li­pe y San­tia­go; sa­bía que él ya ha­bía co­rri­do al­gu­na, pe­ro esa tar­de pa­sa­ba por Mal­vín y me arri­mé a la ram­bla. Fue in­creí­ble ver­lo pa­sar, lo es­ta­ba es­pe­ran­do y cuan­do lo vi em­pe­cé a sal­tar y a alen­tar­lo. Me pa­re­ció sor­pren­den­te ver que co­rría 10 ki­ló­me­tros. La ver­dad es que me con­ta­gió ver­lo a él y a to­da esa gen­te co­rrien­do. Siem­pre en­tre­né en la ram­bla, va­lo­ro mu­cho te­ner el mar cer­ca. Los lu­nes y los miér­co­les en­treno una ho­ra en la ram­bla de Bu­ceo con el pro­fe­sor Mau­ri­cio Ra­mí­rez de Can­te­ro En­tre­na­mien­tos, ya ha­ce tres años que voy allí. Los vier­nes, si pue­do, co­rro des­de Po­ci­tos has­ta el Par­que Ho­tel ida y vuel­ta, que son 10 ki­ló­me­tros, y los fi­nes de se­ma­na ha­go fon­do, se­gún lo que me in­di­que el pro­fe pa­ra la ca­rre­ra que es­té pre­pa­ran­do.

No ten­go ho­ra­rios fi­jos en mi em­pre­sa, he de­le­ga­do un po­co, pe­ro a ve­ces la ru­ti­na de en­tre­na­mien­to no se pue­de cum­plir, así que mo­di­fi­co los días y las ho­ras pla­ni­fi­ca­das. No es tan di­fí­cil, por­que las ga­nas de sa­lir a co­rrer siem­pre es­tán. Ade­más, co­mo ten­go la ram­bla a dos cua­dras no me da pe­re­za, es so­lo cam­biar­se y sa­lir. Des­de el año 2003 he par­ti­ci­pa­do en ca­rre­ras de ca­lle, creo que en ca­si to­das las más co­no­ci­das: Ni­ke, San Fer­nan­do, do­ble San An­to­nio, Ree­bok y San Fe­li­pe y San­tia­go. En 2006 me ani­mé a co­rrer mi pri­me­ra 21 K y con unos ami­gos nos fui­mos a Bue­nos Ai­res. Al­go to­tal­men­te im­pen­sa­do pa­ra mí en aque­lla épo­ca, me pa­re­cía mu­cho.

No soy un co­rre­dor ve­loz y me­nos a es­ta edad, pe­ro re­ci­bí el me­jor pre­mio de to­das las ca­rre­ras que pue­da lle­gar a co­rrer: mis hi­jos y mi her­ma­na es­pe­rán­do­me en la lle­ga­da de mi pri­me­ra ma­ra­tón en Bue­nos Ai­res. In­des­crip­ti­ble emo­ción.

En al­gu­nas ca­rre­ras me he emo­cio­na­do mu­cho al ver a un cos­ta­do de la ca­lle a mi ma­dre alen­tán­do­me con 86 años. Me da esa fuer­za que a ve­ces fal­ta cuan­do uno vie­ne dán­do­lo to­do, esa ener­gía que ella tie­ne es la que me acom­pa­ña mu­chas ve­ces. Tam­bién me emo­ciono cuan­do veo a mis hi­jos que me acom­pa­ñan, co­mo en Bue­nos Ai­res. Pa­ra ellos soy un ejem­plo de que se pue­de y no im­por­ta la edad”.

Fo­to An­drés Silveira

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