Asis­ten­te de vue­lo reúne a ma­ri­ne pa­se­ño con su pe­rra la­bra­dor

Se ha da­do a la ta­rea de pro­vo­car los encuentros: es la quin­ta vez que jun­ta al can con sus ex entrenadores del Ejér­ci­to tras par­ti­ci­par en con­flic­tos ar­ma­dos, ser re­ti­ra­dos y pues­tos en adop­ción

El Diario de El Paso - - Opinión - As­so­cia­ted Press

Ze­va fue traí­da en vue­lo des­de St. Louis y hoy vi­ve en El Pa­so con De­rrek Green, su es­po­sa e hi­jos Es al­go abru­ma­dor pa­ra ellos (mi­li­ta­res). Es co­mo si les fal­ta­ra una par­te de ellos mis­mos” Mo­lli Oliver

Una asis­ten­te de vue­lo de Uni­ted Air­li­nes pa­só el año pa­sa­do lle­van­do a ca­bo una mi­sión per­so­nal que con­sis­te en re­unir a los pe­rros re­ti­ra­dos del Ejér­ci­to con sus entrenadores, y al pa­re­cer no tie­ne cuán­do de­jar de ha­cer­lo.

Mo­lli Oliver es una ale­gre mu­jer, quien ini­ció su pro­yec­to per­so­nal ha­ce 12 me­ses des­pués de co­no­cer a un in­te­gran­te de la Ma­ri­na quien adop­tó a un pe­rro La­bra­dor de co­lor ne­gro que fue des­ple­ga­do a Af­ga­nis­tán en el 2010.

Usual­men­te, los pe­rros del Ejér­ci­to son adop­ta­dos por sus ex entrenadores una vez que son re­ti­ra­dos de ser­vi­cio, aun­que es­te ma­rino le ex­pli­có a Oliver que no te­nía la ma­ne­ra de ir a re­co­ger al ani­mal.

Así que, ella fue y re­co­gió al pe­rro y to­mó un vue­lo pa­ra re­unir­los a los dos, y des­de en­ton­ces ha es­ta­do ha­cien­do lo mis­mo pa­ra otros sol­da­dos.

“Le di­je: ¿En dón­de es­tá el pe­rro? Yo te lo trai­go”, re­cor­dó Oliver.

Ése fue el ini­cio de una nue­va pa­sión y pa­sa­tiem­po pa­ra Oliver.

El jue­ves, fue la quin­ta oca­sión en que hi­zo es­ta la­bor, ya que tra­jo a una pe­rra re­ti­ra­da de nom­bre Ze­va a El Pa­so, Te­xas, en don­de el ani­mal vi­vi­rá con su ex en­tre­na­dor, De­rrek Green.

“Fue muy emo­ti­vo”, co­men­tó Green, quien tie­ne 26 años de edad y es sar­gen­to del Ejér­ci­to, re­fi­rién­do­se al re­gre­so de Ze­va.

“En cier­to mo­men­to, sen­tí que iba a llo­rar pe­ro me con­tu­ve”.

Oliver, quien tie­ne 65 años de edad, siem­pre ha te­ni­do un víncu­lo muy cer­cano con el Ejér­ci­to –va­rios miem­bros de su fa­mi­lia han pres­ta­do sus ser­vi­cios en la mi­li­cia–. Tam­bién quie­re mu­cho a los pe­rros.

Can-hé­roe con­de­co­ara­do

En abril del 2015, se sin­tió con­mo­vi­da por la his­to­ria del sar­gen­to An­drew Mul­he­rron mien­tras vo­la­ba con los in­te­gran­tes de la Ma­ri­na que fue­ron des­ple­ga­dos al ex­tran­je­ro.

A par­tir del 2009, Mul­he­rron fue el pri­mer en­tre­na­dor de Boo­ne, otro la­bra­dor de co­lor ne­gro.

Su víncu­lo se hi­zo más pro­fun­do cuan­do Boo­ne se con­vir­tió en hé­roe, re­ci­bien­do una me­da­lla por ha­ber de­tec­ta­do 11 apa­ra­tos ex­plo­si­vos en Af­ga­nis­tán.

Even­tual­men­te, Mul­he­rron se es­ta­ble­ció en Ca­li­for­nia y Boo­ne fue en­tre­ga­do a otro en­tre­na­dor.

Oliver le si­guió el ras­tro a Boo­ne has­ta el Fuer­te Leo­nard Wood en Mis­sou­ri, y pu­do ob­te­ner el per­mi­so pa­ra lle­var­lo en avión has­ta Ca­li­for­nia, sien­do la pri­me­ra reunión que lle­vó a ca­bo.

Ese vue­lo y los si­guien­tes tres que to­mó, fue­ron pa­ga­dos por Oliver. La no­ti­cia acer­ca de sus ac­cio­nes dio lu­gar a do­na­cio­nes, con las cua­les fi­nan­ció el via­je de Ze­va a El Pa­so.

“Cual­quier cos­to va­le la pe­na pa­ra po­der ver la ex­pre­sión en el ros­tro del sol­da­do cuan­do re­ci­be nue­va­men­te a su pe­rro”, di­jo Oliver.

“Es al­go abru­ma­dor pa­ra ellos. Es co­mo si les fal­ta­ra una par­te de ellos mis­mos”.

Uti­li­zan mil 700 ani­ma­les

Doug Mi­ller, quien es el en­car­ga­do de los pe­rros en el De­par­ta­men­to de De­fen­sa, se­ña­ló que usual­men­te el Ejér­ci­to uti­li­za a unos 1 mil 700 ca­ni­nos pa­ra que tra­ba­jen en to­das las agencias, otros 800 o 1 mil se en­cuen­tran en una pe­rre­ra pa­ra su en­tre­na­mien­to, en es­pe­ra de ser asig­na­dos o por cues­tio­nes mé­di­cas.

La ma­yo­ría de los ca­nes son usa­dos en el pa­tru­lla­je y de­tec­ción de dro­gas y ex­plo­si­vos, co­men­tó Mi­ller.

Du­ran­te el trans­cur­so de la vi­da la­bo­ral del pe­rro, el ani­mal usual­men­te pa­sa por va­rios entrenadores.

Cuan­do el pe­rro es re­ti­ra­do, fre­cuen­te­men­te, el úl­ti­mo en­tre­na­dor tie­ne la op­ción de que­dar­se con él.

En otras oca­sio­nes, al­gún otro en­tre­na­dor se de­ci­de a adop­tar­lo. Si va­rias per­so­nas quie­ren que­dar­se con el ani­mal, el co­man­dan­te to­ma la de­ci­sión, “en ba­se a lo que más le con­ven­ga al pe­rro”, di­jo Mi­ller.

Ze­va, al igual que Boo­ne, fue­ron en­tre­na­dos pa­ra de­tec­tar bom­bas. La pri­me­ra vez que hi­zo equi­po con Green fue en el 2013. Pe­ro re­sul­tó que el Ejér­ci­to te­nía otros pla­nes pa­ra los dos. En el 2014, Green fue enviado a una Uni­dad de In­ge­nie­ría de Com­ba­te. Ze­va nun­ca fue lle­va­da al en­tre­na­mien­to y per­ma­ne­ció en la pe­rre­ra del Fuer­te Leo­nard Wood.

“De­fi­ni­ti­va­men­te, ella no es una pe­rra que tra­ba­ja pa­ra el Ejér­ci­to”, di­jo Green son­rien­do.

“Le gus­ta es­tar re­la­ja­da en el si­llón en lu­gar de ir a bus­car bom­bas”.

Green, quien ac­tual­men­te es­tá apos­ta­do en la ba­se mi­li­tar de Fort Bliss, nun­ca ol­vi­dó a su ami­ga y ob­tu­vo el per­mi­so pa­ra adop­tar a Ze­va. El en­car­ga­do de la pe­rre­ra con­tac­tó a Oliver. La se­ma­na pa­sa­da, to­mó un vue­lo a St. Louis y ma­ne­jó 130 mi­llas has­ta la ba­se del Ejér­ci­to pa­ra re­co­ger a Ze­va y tras­la­dar­la en un vue­lo has­ta Te­xas, en don­de la pe­rra vi­ve ac­tual­men­te con Green, su es­po­sa, sus tres hi­jos pe­que­ños y otro pe­rro la­bra­dor.

“Va­mos a tra­tar de ayu­dar a to­dos los que po­da­mos”, ase­gu­ró Oliver.

eL JUe­Ves re­ci­bió a su mas­co­ta y Mo­lli en el ae­ro­puer­to lo­cal

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