¿Y si me de­por­ta Trump?

El Diario de El Paso - - OPINIÓN - Jor­ge Ra­mos Áva­los Pe­rio­dis­ta

Mia­mi— Esa es la pre­gun­ta que se ha­cen mu­chos de los 11 mi­llo­nes de in­do­cu­men­ta­dos que vi­ven en Es­ta­dos Uni­dos. Y tie­nen ra­zón. Se ba­san ex­clu­si­va­men­te en lo que ha di­cho Do­nald Trump en la cam­pa­ña pre­si­den­cial. Na­da más. Por eso hay tan­to te­mor en la co­mu­ni­dad his­pa­na de Es­ta­dos Uni­dos.

Es ri­dícu­lo el tra­tar de nor­ma­li­zar a Do­nald Trump. Yo sí le creo. Trump de ver­dad pien­sa que los in­mi­gran­tes me­xi­ca­nos son cri­mi­na­les y vio­la­do­res, co­mo di­jo li­te­ral­men­te el 16 de ju­nio del 2015. Es­tá equi­vo­ca­do. Pe­ro eso es lo que pien­sa.

En el in­ten­to de nor­ma­li­zar a un can­di­da­to ex­tre­mis­ta co­mo Trump, sus se­gui­do­res nos piden que no to­me­mos li­te­ral­men­te lo que ha di­cho. Pe­ro ¿có­mo no to­mar en se­rio las pa­la­bras del pró­xi­mo pre­si­den­te de Es­ta­dos Uni­dos?

Al­gu­nos trum­pis­tas, con sed de ven­gan­za, nos acu­san a los pe­rio­dis­tas de sem­brar mie­do en la co­mu­ni­dad la­ti­na al ha­blar de de­por­ta­cio­nes ma­si­vas. Pe­ro qui­sie­ra co­rre­gir­los aquí: quien ha crea­do mie­do es el mis­mo Trump; no­so­tros só­lo he­mos re­por­ta­do lo que ha di­cho. Y lo que ha di­cho es que quie­re de­por­tar a mi­llo­nes.

En su última en­tre­vis­ta con el pro­gra­ma 60 Mi­nu­tos, Trump di­jo que ini­cial­men­te bus­ca­ría la de­por­ta­ción de has­ta tres mi­llo­nes de in­do­cu­men­ta­dos que, se­gún él, tie­nen un ré­cord cri­mi­nal. No sé de dón­de sa­có esas ci­fras pe­ro es­tán equi­vo­ca­das. So­lo 690 mil in­do­cu­men­ta­dos han co­me­ti­do al­gún ti­po de de­li­to se­rio, se­gún el Mi­gra­tion Po­licy Ins­ti­tu­te (https://t.co/b5qy1V­dY­xi). No tres mi­llo­nes.

Esos 690 mil in­mi­gran­tes con his­to­rial de­lic­ti­vo son ape­nas el 6.3 por cien­to del to­tal de la po­bla­ción in­do­cu­men­ta­da. Eso quie­re de­cir que el 93.7 por cien­to de los in­do­cu­men­ta­dos –una vas­ta ma­yo­ría– son gen­te bue­na y tra­ba­ja­do­ra.

Pe­ro el pro­ble­ma va a ser cuan­do co­mien­cen las re­da­das bus­can­do a los in­mi­gran­tes con an­te­ce­den­tes pe­na­les. Ellos, por su­pues­to, no vi­ven so­los. Esas ope­ra­cio­nes se­pa­ra­rían fa­mi­lias y crea­rían te­rror. Anthony Ro­me­ro, el di­rec­tor de la Unión Ame­ri­ca­na de Li­ber­ta­des Ci­vi­les (ACLU), ya lo ad­vir­tió en una en­tre­vis­ta con MSNBC: hay el ries­go de vio­la­cio­nes a los de­re­chos hu­ma­nos, arres­tos in­jus­ti­fi­ca­dos y de­ten­cio­nes de per­so­nas a quie­nes no es­ta­ban bus­can­do.

Na­die es­ta­ba pre­pa­ra­do pa­ra es­to. Ni si­quie­ra el go­bierno de Mé­xi­co. Su se­cre­ta­ria de Re­la­cio­nes Ex­te­rio­res, Clau­dia Ruiz Mas­sieu, ofre­ció un plan de 11 pun­tos pa­ra pro­te­ger a los 5.7 mi­llo­nes de me­xi­ca­nos in­do­cu­men­ta­dos en Es­ta­dos Uni­dos. Las me­di­das in­clu­yen el dar una ma­yor pro­tec­ción en los 50 con­su­la­dos y un nú­me­ro te­le­fó­ni­co de ayu­da. Eso es­tá muy bien y aquí es­tá el vi­deo http://bit.ly/2gpbn5f. Pe­ro su pe­di­do de "cal­ma" lle­ga tar­de.

No hay nin­gu­na cal­ma en­tre mi­llo­nes de me­xi­ca­nos –y cen­troa­me­ri­ca­nos– que vi­ven en Es­ta­dos Uni­dos. Es­te asun­to no se pue­de re­sol­ver a ni­vel in­di­vi­dual. Es una cues­tión de go­bier­nos. Pe­ro es­tá muy cla­ro que En­ri­que Pe­ña Nie­to ya es un Pre­si­den­te irre­le­van­te y que no tie­ne nin­gu­na ca­pa­ci­dad de ne­go­cia­ción fren­te a Trump –quien lo hu­mi­lló en una con­fe­ren­cia de pren­sa en la Ciu­dad de Mé­xi­co.

De he­cho, la con­tien­da por la Pre­si­den­cia de Mé­xi­co en el 2018 se­rá de­fi­ni­da, en bue­na me­di­da, por quien pue­da opo­ner­se con efec­ti­vi­dad a Trump, su mu­ro y sus re­da­das. Pe­ña Nie­to ya va de sa­li­da y es uno de los pre­si­den­tes más dé­bi­les que ha te­ni­do Mé­xi­co.

Por eso los al­cal­des de las prin­ci­pa­les ciu­da­des de Es­ta­dos Uni­dos –Los Án­ge­les, Nue­va York, Chica­go, San Fran­cis­co, Den­ver...– son quie­nes han asu­mi­do la de­fen­sa de los in­do­cu­men­ta­dos fren­te a Trump y man­ten­drán sus ur­bes co­mo "san­tua­rios". En esas ciu­da­des "la mi­gra" no se­rá bien­ve­ni­da, no da­rán in­for­ma­ción per­so­nal de sus re­si­den­tes y los cuer­pos de po­li­cía no coope­ra­rán con los arres­tos.

Lo que nos es­pe­ra a par­tir del 20 de enero es una du­rí­si­ma lu­cha por los de­re­chos de los in­mi­gran­tes en Es­ta­dos Uni­dos. Que Trump sea el pró­xi­mo Pre­si­den­te no sig­ni­fi­ca que tie­ne ra­zón en to­do. Trump in­sis­ti­rá en sus pla­nes de de­por­ta­cio­nes ma­si­vas, las más gran­des ja­más pla­nea­das en es­ta nación. Pe­ro una bue­na par­te del país aún se re­sis­te a las ideas ra­cis­tas y an­ti­in­mi­gran­tes del ga­na­dor de la Ca­sa Blan­ca. Por al­go per­dió el vo­to po­pu­lar. Vie­nen cua­tro años muy di­fí­ci­les. Sí, yo sí le creo a Trump. El mie­do en­tre los in­mi­gran­tes es real. Pe­ro la re­sis­ten­cia tam­bién.

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