¿Es el blo­que elec­to­ral la­tino só­lo un mi­to? Es com­pli­ca­do

El Diario de El Paso - - OPINIÓN - An Die­go— Ru­bén Na­va­rret­te Jr.

SLa elec­ción presidencial de la se­ma­na pa­sa­da ha pro­vo­ca­do pre­gun­tas: ¿Vo­tan los la­ti­nos en reali­dad como un blo­que? ¿O es só­lo un mi­to, con la in­ten­ción de que la ma­yor mi­no­ría de Es­ta­dos Uni­dos, y uno de los gru­pos de elec­to­res del país de cre­ci­mien­to más rá­pi­do, pa­rez­ca más im­por­tan­te de lo que real­men­te es? La res­pues­ta es com­pli­ca­da. Es cier­to que –a di­fe­ren­cia de los afro­ame­ri­ca­nos, de los cua­les al­re­de­dor de un 90 por cien­to tien­de a vo­tar por el can­di­da­to de­mó­cra­ta de la bo­le­ta elec­to­ral– los la­ti­nos ge­ne­ral­men­te mues­tran me­nor uni­dad y cohe­sión. De he­cho, en 2012, la re­vis­ta Ti­me los de­sig­nó como elec­to­res “in­de­ci­sos” –un gru­po de­mo­grá­fi­co tan im­pre­de­ci­ble como las ma­dres sub­ur­ba­nas.

Mien­tras más del 60 por cien­to de los elec­to­res la­ti­nos se iden­ti­fi­can como de­mó­cra­tas o ten­dien­do a los de­mó­cra­tas, mu­chos de ellos es­tán dis­pues­tos a de­jar de la­do las eti­que­tas par­ti­da­rias pa­ra apo­yar a re­pu­bli­ca­nos mo­de­ra­dos. Véa­se, ex pre­si­den­te Geor­ge W. Bush, ex go­ber­na­dor de Flo­ri­da, Jeb Bush, ex go­ber­na­dor de Ca­li­for­nia, Ar­nold Sch­war­ze­neg­ger.

Tam­bién, pues­to que los la­ti­nos se di­vi­den en ca­te­go­rías menores, so­bre la ba­se de su país de ori­gen, en reali­dad no hay un “vo­to la­tino” per se. Es más co­rrec­to de­cir que hay un vo­to me­xi­ca­noa­me­ri­cano, un vo­to cu­bano-ame­ri­cano, un vo­to puer­to­rri­que­ño, etc. El ma­yor tro­zo de la tor­ta per­te­ne­ce a los que pue­den ras­trear sus an­te­pa­sa­dos has­ta México. Se­gún el Pew His­pa­nic Cen­ter, ese gru­po re­pre­sen­ta el 64 por cien­to de la po­bla­ción la­ti­na es­ta­dou­ni­den­se.

Ese ti­po de co­sa es im­por­tan­te. Mu­chos elec­to­res de as­cen­den­cia me­xi­ca­na tie­nen opi­nio­nes di­fe­ren­tes de las de, por ejem­plo, los cu­bano-ame­ri­ca­nos, en un te­ma como el de la in­mi­gra­ción o so­bre si es­ta­ble­cer re­la­cio­nes con La Ha­ba­na.

E in­clu­so hay más di­vi­sio­nes en­tre los me­xi­coa­me­ri­ca­nos na­ci­dos en Es­ta­dos Uni­dos y los na­ci­dos en México y na­tu­ra­li­za­dos como ciu­da­da­nos es­ta­dou­ni­den­ses.

Ade­más, los elec­to­res la­ti­nos a ve­ces no man­tie­nen su leal­tad par­ti­da­ria y es­co­gen su can­di­da­to so­bre la ba­se de su per­so­na­li­dad, ce­le­bri­dad o el atrac­ti­vo de sus ideas.

Lo que nos lle­va a lo que ocu­rrió es­te año. Se­gún las en­cues­tas de CNN a la sa­li­da de los co­mi­cios, el 29 por cien­to de los la­ti­nos vo­tó por al­guien que, durante el año y me­dio pa­sa­do, fue su per­se­gui­dor –Do­nald Trump. El New York Ti­mes cal­cu­la la ci­fra en un 27 por cien­to.

El bi­llo­na­rio go­zó aún de ma­yor apo­yo en­tre los cu­bano-ame­ri­ca­nos quie­nes, se­gún CNN, le die­ron el 54 por cien­to de su vo­to en Flo­ri­da.

Por su­pues­to, no to­dos es­tán de acuer­do con esos por­cen­ta­jes. La em­pre­sa de en­cues­tas La­tino De­ci­sions di­sin­tió. Con­si­de­ró que el apo­yo la­tino a Trump fue de un me­ro 18 por cien­to.

Lo que es­tá cla­ro es lo si­guien­te: En su ma­yor par­te, los la­ti­nos son elec­to­res in­de­pen­dien­tes que si­guen su con­cien­cia en lu­gar de se­guir sim­ple­men­te al re­ba­ño.

Sin em­bar­go, eso no de­tie­ne a los me­dios, los partidos y los es­tra­te­gas po­lí­ti­cos de jun­tar a to­dos los la­ti­nos ca­da vez que pue­den. A ve­ces, la idea es dis­cer­nir pa­tro­nes elec­to­ra­les o eva­luar qué ti­po de es­fuer­zos de mer­ca­deo pue­de sa­car el vo­to a la ca­lle. Ha­cen lo mis­mo con otros elec­to­res.

Por ejem­plo, nos di­cen que Trump se ga­nó el apo­yo del 72 por cien­to de los hom­bres blan­cos de cla­se obre­ra que no asis­tie­ron a la uni­ver­si­dad, y el 62 por cien­to de sus ho­mó­lo­gas fe­me­ni­nas. Eso no sig­ni­fi­ca que esos gru­pos vo­ta­ran en blo­que. Pe­ro sí sig­ni­fi­ca que Trump fue el ti­po de can­di­da­to, con el ti­po de men­sa­je, que atra­jo a ese sub­gru­po de­mo­grá­fi­co.

Hay que pen­sar­lo en tér­mi­nos de las prác­ti­cas de con­su­mo y los pro­duc­tos. Las em­pre­sas de ce­rea­les de la na­ción em­plean es­tra­te­gias y crean men­sa­jes pa­ra con­ven­cer a los pa­dres de que com­pren su mar­ca de ce­real. Pe­ro eso no sig­ni­fi­ca que to­dos los pa­pás y ma­más pien­san de igual ma­ne­ra o que com­pran ce­real en “blo­que”. Lo que sig­ni­fi­ca es que se los pue­de en­ca­rar, y has­ta ma­ni­pu­lar, como un gru­po pa­ra pro­du­cir un re­sul­ta­do pre­fe­ri­do.

De la mis­ma ma­ne­ra, con los elec­to­res la­ti­nos, por muy di­vi­di­dos que es­te­mos de­bi­do a nues­tros orí­ge­nes di­ver­sos y di­fe­ren­cias de opi­nión, tam­bién de­mos­tra­mos en el cur­so de los años una ten­den­cia a unir­nos con­tra un enemi­go co­mún.

Re­cuer­do lo que ocu­rrió en 1994. En Ca­li­for­nia, el 78 por cien­to de los la­ti­nos de­jó de la­do sus di­fe­ren­cias y se unió pa­ra opo­ner­se a la Pro­po­si­ción 187, una ini­cia­ti­va de vo­ta­ción mez­qui­na y fi­nal­men­te in­cons­ti­tu­cio­nal pa­tro­ci­na­da por el Par­ti­do Re­pu­bli­cano, que ne­ga­ba edu­ca­ción, ser­vi­cios so­cia­les y asis­ten­cia mé­di­ca de noe­mer­gen­cia a los in­mi­gran­tes in­do­cu­men­ta­dos y a sus hi­jos na­ci­dos en Es­ta­dos Uni­dos.

Los la­ti­nos cas­ti­ga­ron al Par­ti­do Re­pu­bli­cano durante las si­guien­tes dos dé­ca­das y aho­ra Ca­li­for­nia es azul os­cu­ra.

La lec­ción es la si­guien­te: Cuan­do el ai­re es­tá tran­qui­lo, los la­ti­nos a me­nu­do nos di­vi­di­mos y vo­ta­mos se­gún nues­tros pro­pios in­tere­ses es­tre­chos. Pe­ro cuan­do se nos ata­ca o pro­vo­ca, nos uni­mos y mos­tra­mos nues­tra fuer­za en nú­me­ros.

¿Vo­tan los la­ti­nos en blo­que? Bueno, en gran me­di­da, eso de­pen­de de us­ted –y de có­mo nos tra­te.

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