No hay tiempo que perder con­tra la mu­ti­lación gen­i­tal fe­menina

“No Time to Waste” in End­ing FGM

La Semana - - FRONT PAGE / PORTADA - POR WILL HIG­GIN­BOTHAM Y THARANGA YAKUPITIYAGE NACIONES UNIDAS

Más de 200 mil­lones de mu­jeres sufrieron al­gún tipo de mu­ti­lación gen­i­tal y to­davía hay muchas más en peli­gro de pade­cer la prác­tica que pone en riesgo no solo a la per­sona afec­tada sino a co­mu­nidades en­teras.

La preva­len­cia dis­min­uyó en el mundo, pero nuevos datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) pre­vén que cualquier avance lo­grado po­dría de­sa­pare­cer porque hay 68 mil­lones de niñas en peli­gro de sufrir mu­ti­lación gen­i­tal en 2030.

Los datos se conocieron en el marco del Día In­ter­na­cional de la Tol­er­an­cia Cero con­tra la Mu­ti­lación Gen­i­tal Fe­menina (MGF), con­mem­o­rado el 6 de febrero.

La MGF, a ve­ces lla­mada cir­cun­cisión o corte, suele prac­ti­carse por mo­tivos re­li­giosos, per­son­ales, cul­tur­ales y den­tro de los rit­uales de ini­ciación de las ado­les­centes a la vida adulta.

Según el UNPFA, la may­oría de los ca­sos afectan a niñas pe­queñas y hasta los 15 años.

El au­mento de ca­sos “en riesgo de sufrir la MGF” se debe, en parte, al crec­imiento de la población en países donde es una prác­tica común, prin­ci­pal­mente el norte y oeste de África, Me­dio Ori­ente y al­gu­nas zonas de Asia.

Solo en Egipto, más de 90 por ciento de las mu­jeres fueron mu­ti­ladas.

Tanto Unicef como UNFPA de­nun­cia­ron la MGF por con­sid­er­arla una “vi­o­lación de los dere­chos hu­manos” y una “prác­tica cruel” que in­flige un daño emo­cional y afecta a las per­sonas más vul­ner­a­bles de la so­ciedad.

La MGF puede de­jar trau­mas de por vida, como prob­le­mas uri­nar­ios y vagi­nales, mayor riesgo de com­pli­ca­ciones du­rante el parto y trastornos psi­cológi­cos como de­pre­sión, an­siedad, es­trés pos­traumático y baja au­toes­tima.

La di­rec­tora ejec­u­tiva de la división de dere­chos de las mu­jeres de Hu­man Rights Watch, con sede en Nueva York, Liesl Gern­tholtz, dijo que era “in­a­cept­able” que hu­biera 68 mil­lones de ca­sos.

“Es una vi­o­lación de los dere­chos hu­manos fun­da­men­tales que puede ar­ru­inar la vida de las niñas”, alertó. “Es común que no puedan opinar, en la in­fan­cia ¿qué pueden de­cir?”, acotó.

“No trae ben­efi­cios para la salud de las mu­jeres cor­tadas, y tiende a verse en esas so­ciedades que no tienen igual­dad de género. Es una prác­tica ar- raigada en la de­sigual­dad de género”, re­marcó Gern­tholtz.

Gern­tholtz sub­rayó que para hacer frente a la mu­ti­lación gen­i­tal fe­menina, la co­mu­nidad in­ter­na­cional debe aten­der no solo la prác­tica misma, sino la cuestión más gen­eral de la ar­raigada de­sigual­dad de género.

Por su parte, la di­rec­tora ejec­u­tiva de UNFPA, Natalia Kanem, co­in­cidió, y recordó que el mundo ya sabe qué hacer para afrontar el prob­lema.

“Sabe­mos qué fun­ciona, in­ver­siones di­rigi­das des­ti­nadas a cam­biar nor­mas so­ciales, prác­ti­cas y vi­das”, pre­cisó.

Lat­ifa­tou Com­paoré, de 14 años, se volvió una luchadora con­tra la prác­tica tras cono­cer la ex­pe­ri­en­cia que había sufrido su madre por la MGF.

“Me contó que una de las niñas a la que habían cor­tado el mismo día que a ella, habría sufrido prob­le­mas graves y murió de una hemor­ra­gia que nadie pudo parar”, re­lató en en­tre­vista con el UNFPA.

“Cuando se con­vir­tió en madre, se prometió a sí misma que si tenía niñas, nunca las cor­taría; y cumplió con su pal­abra”, añadió.

En los países donde tra­ba­jan Unicef y el UNFPA, unas 18.000 co­mu­nidades rec­haz­aron la prác­tica y mu­chos otros tomaron me­di­das legales para pro­hibirla.

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