¿Con hambre y des­em­pleo?

Notitarde - - Opinión - Ca­ro­li­na Jai­mes Bran­ger @cjai­mesb

“Con hambre y des­em­pleo con Chá­vez me res­teo”. Re­cuer­do ha­ber es­cu­cha­do a un gen­tío co­rear es­ta con­sig­na en va­rias opor­tu­ni­da­des. Cuan­do no ha­bía ni hambre, ni des­em­pleo, por­que las cir­cuns­tan­cias eran to­tal­men­te dis­tin­tas: Chá­vez es­ta­ba man­dan­do y el pre­cio del pe­tró­leo es­ta­ba por en­ci­ma de cien dó­la­res el ba­rril. Aho­ra man­da Ma­du­ro, el pe­tró­leo es­tá a $39,40 dó­la­res y hay hambre y des­em­pleo y mu­chos otros ma­les. El pro­ble­ma de una con­sig­na co­mo ésa es que es muy fá­cil co­rear­la cuan­do no se tie­ne hambre y no se es­tá des­em­plea­do. La Ve­ne­zue­la del co­ri­to era la de la bur­bu­ja que cau­sa­ron esos pre­cios exor­bi­tan­tes del crudo y el de­rro­che en gas­to pú­bli­co sin crea­ción de ri­que­za. Los eco­no­mis­tas se­rios ad­vir­tie­ron una y otra vez lo que pa­sa­ría si ba­ja­ban los pre­cios del pe­tró­leo, pe­ro Chá­vez no cre­yó que eso pa­sa­ría. Chá­vez es­ta­ba ab­so­lu­ta­men­te con­ven­ci­do de que los pre­cios del pe­tró­leo no só­lo se man­ten­drían por en­ci­ma de los $100, sino que su­bi­rían aún más. Ma­du­ro fue más le­jos: en un alar­de de in­fi­ni­ta so­ber­bia en oc­tu­bre de 2014 ase­gu­ró que “el pe­tró­leo pue­de ba­jar has­ta 40 dó­la­res, pe­ro Ve­ne­zue­la tie­ne ga­ran­ti­za­do sus re­cur­sos pa­ra se­guir pros­pe­ran­do”. Los he­chos han de­mos­tra­do to­do lo con­tra­rio. Y no es por lo “ba­jo” que es­tá el pre­cio del pe­tró­leo. Cuan­do Cal­de­ra II el pe­tró­leo es­ta­ba a $8 el ba­rril y no ha­bía nin­guno de los ma­les que hoy pa­de­ce­mos.

En vez de re­co­no­cer su error, Ma­du­ro ha in­sis­ti­do en ahon­dar en él. Quie­nes tie­nen ase­gu­ra­das mu­cho más que las tres co­mi­das se per­mi­ten el lu­jo de re­pe­tir el ne­fas­to le­ma, co­mo hi­zo ha­ce po­co Andrés Iza­rra, quien pu­bli­có en Twit­ter es­te ver­si­to: “con hambre y des­em­pleo con Chá­vez res­teo; aun­que ha­ya co­las con Ni­co­lás, vo­tar por la de­re­cha ja­más”. Muy fá­cil de­cir­lo cuan­do el que tie­ne hambre es otro. Y el cuen­to de la “de­re­cha” es­tá tri­lla­do y ya fas­ti­dia. Más de­re­chis­tas son ellos, por­que los ex­tre­mos se to­can. Fas­cis­mo y co­mu­nis­mo ter­mi­nan sien­do “el mis­mo mu­siú con di­fe­ren­te ca­chim­bo”. El he­cho real es que hoy en Ve­ne­zue­la hay un gen­tío que tie­ne hambre. Que la es­ca­sez es­ca­la cum­bres ja­más al­can­za­das y los pre­cios tam­bién. Ha­ce una se­ma­na me ofre­cie­ron un ki­lo de azú­car por Bs. 4.000. ¡Un ki­lo de azú­car no cues­ta eso en nin­gu­na par­te del mun­do! Pe­ro aquí no hay pre­cio jus­to que val­ga. Ése só­lo lo apli­can a los in­dus­tria­les pa­ra ter­mi­nar­los de que­brar. Y en una eco­no­mía de gue­rra co­mo la que vi­vi­mos, las co­sas cues­tan lo que la gen­te es­té dis­pues­ta a pa­gar por ellas. Otro ejem­plo: la ha­ri­na de maíz. A Po­lar la obli­gan a ven­der­la a un pre­cio de pér­di­da. Pe­ro uno en la calle no con­si­gue Ha­ri­na PAN por me­nos de Bs. 2000 el ki­lo si no ha­ce cin­co ho­ras de co­la. Y eso es só­lo una de las dis­tor­sio­nes cau­sa­das por quie­nes nos go­bier­nan con con­sig­nas, pe­ro sin sen­ti­do co­mún, pre­pa­ra­ción y vi­sión del pro­ble­ma. Sin hambre y sin des­em­pleo es­tán los al­tos je­rar­cas del chavismo que si­guen exi­gien­do del pue­blo sa­cri­fi­cios, in­clu­so a cos­ta de sus vi­das (de las del pue­blo, no las de ellos). Los hos­pi­ta­les es­tán peor que los de los paí­ses más po­bres del mun­do. No se con­si­guen re­me­dios de pri­me­rí­si­ma ne­ce­si­dad. Los ni­ños es­tán des­nu­tri­dos. Ca­da día más gen­te re­gis­tra las bol­sas de ba­su­ra pa­ra sa­car res­tos de co­mi­da. Re­cién leí que un in­fan­te de 18 me­ses mu­rió de hambre en el Zu­lia. Y aho­ra pre­ten­den que la gen­te se ol­vi­de de la pro­fun­da cri­sis que vi­ve con tres Me­ga­mer­ca­les. Es­ta­mos res­tea­dos, sí, pe­ro con la de­mo­cra­cia y la li­ber­tad. Por eso, to­ma­re­mos Ca­ra­cas el 1 de sep­tiem­bre.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Venezuela

© PressReader. All rights reserved.