Mer­ca­dos de artículos usa­dos ali­vian bolsillos de com­pra­do­res

Se in­cre­men­tan ven­tas de co­ro­tos en la ciudad

Notitarde - - Ciudad -

Va­len­cia, oc­tu­bre 5 (Ma­ria­ne­la Rodríguez).- Ob­ser­var a un ciu­da­dano que cu­ru­cu­tea inusua­les ob­je­tos co­lo­ca­dos a las puer­tas de cual­quier re­si­den­cia en la ciudad de Va­len­cia, cons­ti­tu­ye una es­ce­na que tien­de a ser ca­da vez más ha­bi­tual.

En los im­pro­vi­sa­dos mer­ca­dos ca­sua­les, también denominados ven­tas de ga­ra­je o de co­ro­tos, sue­len ofre­cer­se artículos que hasta hace al­gu­nos años estuvieron des­ti­na­dos a pa­rar en el ba­su­re­ro. Una po­ce­ta en re­gu­la­res condiciones de uso- algunas man­cha­das por el pa­so del tiem­po-; otras vie­jas pe­ro úti­les he­rra­mien­tas, te­lé­fo­nos de me­sa y pie­zas de fe­rre­te­ría se encuentran den­tro del ca­tá­lo­go oca­sio­nal, cu­ya vir­tud ra­di­ca en que su ba­jo cos­to per­mi­te re­sol­ver apre­mian­tes ne­ce­si­da­des de los com­pra­do­res.

Un ca­pí­tu­lo apar­te me­re­cen las ven­tas de ro­pa, za­pa­tos y ac­ce­so­rios de segunda mano para da­mas, ca­ba­lle­ros y ni­ños que cons­ti­tu­yen una opción para so­bre­lle­var los se­cos bolsillos.

An­te la caí­da de la capacidad ad­qui­si­ti­va que ex­pe­ri­men­tan los ciu­da­da­nos desde el año pasado y fren­te a una ta­sa de in­fla­ción de tres dí­gi­tos, el ve­ne­zo­lano ad­vier­te que en la ven­ta de co­sas usa­das se le presenta una opción para ob­te­ner al­gún di­ne­ro ex­tra para cumplir con los gas­tos fa­mi­lia­res.

Los mer­ca­dos de artículos usa­dos en Va­len­cia, que son ins­ta­la­dos tan­to en la vía pública como en es­pa­cios abier­tos de al­gu­nos cen­tros co­mer­cia­les, son ca­da vez más co­mu­nes, por­que “re­suel­ven” las ne­ce­si­da­des de las per­so­nas que entre la in­tran­qui­li­dad que les pro­du­ce el des­abas­te­ci­mien­to de ali­men­tos y me­di­ci­nas han re­le­ga­do los gas­tos me­nos in­dis­pen­sa­bles como la ro­pa y el cal­za­do.

“Las ven­tas han ba­ja­do por la cri­sis eco­nó­mi­ca, pe­ro igua­li­to la gen­te viene a morir aquí por­que la ro­pa nue­va es­tá muy cos­to­sa”, co­men­ta Yuly Arau­jo, pro­pie­ta­ria de una ven­ta de artículos usa­dos ubicada en el sector Los Co­lo­ra­dos de la capital ca­ra­bo­be­ña. Un jo­ven de unos 25 años de edad per­dió el ru­bor de la ju­ven­tud para me­dir­se un flux. Es­ti­ma que por el precio que oferta le pa­re­ce una verdadera gan­ga.

La co­mer­cian­te con­si­de­ra que es­te ti­po de ne­go­cio rin­de be­ne­fi­cios a todos los que par­ti­ci­pan en él, por­que es una opor­tu­ni­dad de “hacer unos reali­tos” con ob­je­tos en desuso que en sus casas se en­con­tra­ban arri­ma­dos.

“Hay mu­chas co­sas que las per­so­nas tie­nen ol­vi­da­das en un clóset, en ca­jas, que ya no uti­li­zan y no encuentran qué hacer con ellas. No­so­tros se las compramos de con­ta­do, en­ton­ces ga­na el que ven­de lo que no ne­ce­si­ta y también se be­ne­fi­cia quien com­pra un pan­ta­lón, un ves­ti­do, un par de za­pa­tos o una cuna en buen es­ta­do por un precio muy por de­ba­jo al cos­to de un pro­duc­to nuevo”, ar­gu­men­tó la ven­de­do­ra.

En los al­re­de­do­res del mer­ca­do pe­ri­fé­ri­co de La Can­de­la­ria y en el casco cen­tral de Va­len­cia tra­di­cio­nal­men­te se han ofre­ci­do mer­can­cías de segunda mano cu­yos pues­tos au­men­ta­ron su pre­sen­cia. Es­tos ne­go­cios im­pro­vi­sa­dos se con­vir­tie­ron en una al­ter­na­ti­va para amas de ca­sa que bus­can uten­si­lios de co­ci­na o al­gún re­pues­to para re­pa­rar un apa­ra­to elec­tro­do­més­ti­co, o para cual­quier per­so­na que ne­ce­si­te hacer un arre­glo y re­quie­ra una pie­za que es­ca­sea por la mer­ma en las im­por­ta­cio­nes.

Gustos y ne­ce­si­da­des

En la es­qui­na de la ave­ni­da An­drés Be­llo con calles Gi­rar­dot la an­ti­gua ace­ra sir­ve de es­ca­pa­ra­te para mos­trar lám­pa­ras, bi­dé, po­ce­tas, ven­ta­nas de hierro, bi­ci­cle­tas in­fan­ti­les y equi­pos de so­ni­do, entre otros ob­je­tos. La pro­pie­ta­ria de la vi­vien­da con­ti­gua, quien re­gen­ta el “ne­go­cio”, co­men­ta que sus ve­ci­nos y otras per­so­nas le lle­van los ob­je­tos que no usan y se los de­jan a con­sig­na­ción.

“Ellos me de­jan su número de te­lé­fono y cuando se haga la ven­ta les avi­so y les pa­go”, pun­tua­li­zó la dama.

En la ca­lle 133, más co­no­ci­da como Ló­pez La­tou­che, es­tá la Ca­sa Ama­ri­lla. Ro­pa, za­pa­tos, carteras, len­tes, bi­su­te­ría, cámaras fo­to­grá­fi­cas, ves­ti­dos de no­via, de Pri­me­ra Co­mu­nión y cor­ba­tas forman parte de su stock.

“An­tes se ven­día más, en la actualidad se ven­de po­co por la si­tua­ción eco­nó­mi­ca que vive el país. Ahora hay más gen­te que viene a ven­der sus co­sas pe­ro hay me­nos quien com­pre”, dice Carmen Ali­cia Ál­va­rez, de­pen­dien­te del ne­go­cio.

En es­te lu­gar el cos­to de un ves­ti­do de fiesta os­ci­la entre 10 mil y 20 mil bo­lí­va­res; los ves­ti­dos de no­via a partir de 30 mil bo­lí­va­res, flux com­ple­tos cues­tan 20 mil bo­lí­va­res y el sa­co so­lo 15 mil. Hay re­ma­tes de mil bo­lí­va­res por pie­za mien­tras que los pre­cios del cal­za­do es­tán entre 5 mil y 10 mil bo­lí­va­res, aun­que Carmen Ali­cia acla­ra que “uno les coloca un precio pe­ro siempre exis­te el re­ga­teo con el clien­te que pi­de re­ba­ja y siempre se le hace la re­ba­ja”.

La in­fla­ción ha he­cho que au­men­ten las ven­tas de ob­je­tos de segunda mano que se han con­ver­ti­do en una al­ter­na­ti­va para mi­ti­gar la cri­sis.

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