La Voz de Usía

Notitarde - - Deportivo - Án­gel Stop­pe­llo Mora

Se­ría por su­ma ca­sua­li­dad que la Olim­pía­da mun­dial en Bei­jing, la ciu­dad ca­pi­tal de la Re­pú­bli­ca de La Chi­na, se inau­gu­ró el día 8, del mes 8 y el año 8 de es­te mi­le­nio. El por­que de tan­tos ochos, es de­bi­do a que los chi­nos lo con­si­de­ran su número de suer­te y quien ha­ya vi­si­ta­do esa mi­le­na­ria re­pú­bli­ca o co­noz­ca bien su idio­sin­cra­sia com­pren­de­rán lo cuan­to ca­ba­lís­ti­cos son los chi­nos.

Los to­re­ros no de­jan de ser­los, si al­guno di­ce lo con­tra­rio, men­ti­ría, in­da- guen por al­gu­na cá­ba­la, ve­ri­fí­quen­lo por el color ama­ri­llo, mi­re, po­drá us­ted ob­ser­var que los hay has­ta que no se sien­tan en una si­lla de ese color aun­que sea la úl­ti­ma que es­te de­socu­pa­da, no obs­tan­te sea la im­por­tan­cia de la reunión.

Don­de exis­ta una si­lla de ese color y obli­ga­to­ria­men­te ten­gan que men­cio­nar­la, le de­no­mi­na­rán oro. Po­drá ves­tir­se un to­re­ro con su terno es­co­gi­do pa­ra la tar­de de li­dia cuan­do su mo­zo lo co­lo­có so­bre la ca­ma, creo que no, de­be ser aco­mo­da­do en una si­lla y ca­da pren­da del ves­ti­do en su lu­gar has­ta el ca­po­te del pa­seí­llo sin ol­vi­dar el cor­ba­tín y las za­pa­ti­llas. Son mu­chas las cá­ba­las que lle­van por den­tro pro­duc­to de ese te­mor que car­gan mo­ti­va­do a que las co­sas no sal­drán bien si no ha­cen es­to o aque­llo.

Son mu­chas las his­to­rias que se han con­ta­do y que fal­tan por ha­cer­lo, ca­da uno de ellos tie­nen su pro­pia.

Re­cuer­do cuan­do le cu­rio­seé a un alle­ga­do de un ma­ta­dor de to­ros, des­pués de ha­ber­le pre­gun­ta­do por va­rias ve­ces el por­que el dies­tro te­nía una ca- be­za de to­ros di­se­ca­da y so­bre ella una mu­le­ta, la cual era ce­lo­sa­men­te cui­da­da sin que se lle­ga­se a to­car, aun­que fue­se pa­ra su lim­pie­za, lo que mar­ca­da­men­te se ob­ser­va­ba ya que el pol­vo del dia­rio re­ci­bi­do era el acu­mu­la­do de al­gu­nos años, me res­pon­dió des­pués de va­rios in­ten­tos, qui­zás por la amis­tad, de lo que con­sis­tía, que era mas por cá­ba­la que por ex­hi­bi­ción del to­ro li­dia­do y ex­pre­só que el ma­ta­dor en sus co­mien­zos re­ci­bió una vol­te­re­ta, esas que mu­le­ta, es­pa­da, za­pa­ti­llas, to­re­ro y to­do lo que es­ta­ba fren­te al to­ro sa­le por los ai­res, ca­yen­do la pa­ño­sa en­ci­ma de la ca­ra del mor­la­co el cual ve­nía ha­cer por él y fue lo que le hi­zo des­viar su tra­yec­to­ria. Man­dó a di­se­car la ca­be­za y co­lo­có la mu­le­ta co­mo la vio cuan­do la vol­te­re­ta, de esa ma­ne­ra cree que siem­pre es­ta­rá pro­te­gi­do.

Por si aca­so, eli­ja el color de la si­lla a sen­tar­se, su ro­pa de ves­tir co­ló­que­la en una si­lla, acuér­de­se que no sea….”de color oro” y no ol­vi­de de in­cluir el número ocho en sus jue­gos de azar.

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