La tor­ta po­lí­ti­ca

Notitarde - - Ciudad - Do­mé­ni­co Sí­ri­ca Dios los ben­di­ga a to­das y to­dos. Has­ta el pró­xi­mo lu­nes. Pue­den es­cri­bir­me al co­rreo: to­dos­los­lu­nes34@gmail.com

La ma­yo­ría de los po­lí­ti­cos, sean de iz­quier­da o de de­re­cha, es­tán me­ti­dos en un mis­mo sa­co. Ellos es­tán en un si­tial có­mo­do, por in­con­for­mes a la ma­ne­ra en la cual se re­par­te lo que he­mos lla­ma­do hoy la tor­ta po­lí­ti­ca. De acuer­do a la re­par­ti­ción, ellos em­pie­zan a pe­lear en­tre sí, a ve­ces si im­por­tar si son o no del mis­mo ban­do. Es de­cir, son más bien po­li­ti­que­ros que ver­da­de­ros po­lí­ti­cos.

Pue­do ha­blar de es­ta ma­ne­ra por­que me he com­por­ta­do al mar­gen de es­ta re­par­ti­ción, la que es un de­li­to. Pue­do de­cir que ten­go su­fi­cien­te mo­ral para ha­cer­lo y sien­to que no ten­go enemi­gos, por lo me­nos a la vis­ta. Si los ten­go, es­tán ocul­tos y no se han ma­ni­fes­ta­do.

Por mi im­par­cia­li­dad, mu­chos de mis ami­gos di­cen que es­toy con el go­bierno, mien­tras otros apun­tan que per­te­nez­co a la opo­si­ción, Yo siem­pre he apos­ta­do a Ve­ne­zue­la, a es­ta be­lla pa­tria a la que per­te­nez­co de co­ra­zón, pues soy hi­jo de dos na­cio­nes: aque­lla en la que na­cí y es­ta que me adop­tó.

Por eso, pue­do de­cir tran­qui­la­men­te que no po­de­mos acep­tar la exis­ten­cia de po­lí­ti­cos que se lu­cran per­so­nal­men­te en nom­bre del pue­blo. A ese ve­ne­zo­lano no lo que­re­mos, bien sea de de­re­cha o de iz­quier­da, por­que es él quien le ha­ce da­ño al país, que­bran­tan­do sus ins­ti­tu­cio­nes y su es­ta­bi­li­dad.

No só­lo el po­lí­ti­co bus­ca re­ci­bir par­te de la tor­ta po­lí­ti­ca. Tam­bién, mu­chas per­so­nas del sec­tor pri­va­do es­tán de­trás de esos di­vi­den­dos, por­que hay que en­ten­der que no hay co­rrup­ción sin que al­guien de afue­ra del go­bierno no in­ter­ven­ga. Ya lo di­ce la can­ción; para un be­so, se ne­ce­si­tan dos. Y la co­rrup­ción es eso, un be­so sa­tá­ni­co.

Esos em­pre­sa­rios que in­cu­rren en co­rrup­ción son ver­da­de­ros opor­tu­nis­tas. Se­res a los cua­les no les due­le el país, ni se dan cuen­ta que al caer en es­tos he­chos em­po­bre­cen a otros sec­to­res, mien­tras ellos ven abul­tar sus bol­si­llos y sus egos. Pue­do de­cir que he co­no­ci­do a per­so­nas de es­ta ca­la­ña, a las cua­les he apar­ta­do de mi vi­da y a quie­nes ya no con­si­de­ro mis ami­gos.

Los ve­ne­zo­la­nos de ver­dad que­re­mos a per­so­nas, no im­por­ta de qué tol­da po­lí­ti­ca sean, que quie­ran a la pa­tria, que apues­ten a Ve­ne­zue­la, por en­ci­ma de to­das las ape­ten­cias per­so­na­les. Quie­ro ce­rrar con una afir­ma­ción que siem­pre he ma­ni­fes­ta­do, des­de que ten­go uso de ra­zón: yo quie­ro, yo pue­do, yo ha­go. He di­cho.

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