“Creo en la Re­su­rrec­ción…”

Notitarde - - Ciudad - Pbro. Lic. Joel de Je­sús Nú­ñez Flau­tes

To­dos los do­min­gos, en el cre­do de la mi­sa, los cris­tia­nos ca­tó­li­cos, en­tre otros as­pec­tos que de­fi­nen nues­tra fe, de­ci­mos que “cree­mos en la re­su­rrec­ción de los muer­tos y en la vi­da del mun­do fu­tu­ro”. Cree­mos que la muer­te no tie­ne la úl­ti­ma pa­la­bra so­bre el ser hu­mano, cree­mos que hay una vi­da des­pués de es­ta vi­da y lo cree­mos por­que Dios des­de el An­ti­guo Tes­ta­men­to (2 Ma. 7,12.9-14 ; Dn.12,2-ss ; Sab. 3,1ss) se ma­ni­fies­ta co­mo un Dios de vi­vos y no de muer­tos, lo cree­mos por­que Cris­to lo di­jo ex­pre­sa­men­te en su pre­di­ca­ción pú­bli­ca, co­mo lo po­de­mos ver en el evan­ge­lio de hoy, y por­que su pa­la­bra es con­fir­ma­da por lo que Él mis­mo ex­pe­ri­men­tó: re­su­ci­tó al ter­cer día y con es­to des­tru­yó el po­der de la muer­te.

En el evan­ge­lio de hoy apa­re­cen los sa­du­ceos, que a di­fe­ren­cia de los fa­ri­seos, no creían en la re­su­rrec­ción de los muer­tos, sus miem­bros pro­ve­nían de las fa­mi­lias sa­cer­do­ta­les ju­días y gen­te de la aris­to­cra­cia de en­ton­ces; se aco­mo­da­ban al po­der pa­ra lo­grar sus in­tere­ses, en ese mo­men­to al im­pe­rio ro­mano. Pa­ra­dó­ji­ca­men­te, aun­que se dis­tan­cia­ban en creen­cias y doc­tri­na de los fa­ri­seos, se alia­ban con es­tos pa­ra en­fren­tar a Je­sús. Te­nían do­mi­nio so­bre el Sa­ne­drín (au­to­ri­dad su­pre­ma en te­mas re­li­gio­sos, pre­si­di­do por el Su­mo Sa­cer­do­te), ya que de su seno era ele­gi­do el Su­mo Sa­cer­do­te. Pues bien, un gru­po de sa­du­ceos quie­re ri­di­cu­li­zar a Je­sús con el te­ma de la re­su­rrec­ción pre­sen­tán­do­le el ca­so de una mu­jer que fue en­viu­dan­do y lle­gó a ca­sar­se sie­te ve­ces; ¿de quién de ellos se­rá es­po­sa en la vi­da eter­na? Je­sús afir­ma ro­tun­da­men­te la re­su­rrec­ción de los muer­tos y de­ja cla­ro que en la vi­da fu­tu­ra ya no se­rá im­por­tan­te la vi­da en pareja, co­mo su­ce­de en es­te mun­do, los re­su­ci­ta­dos se­rán co­mo ángeles y fren­te a la ma­jes­tad de Dios que con­tem­pla­rán eter­na­men­te to­do que­da re­la­ti­vi­za­do, to­do lo lle­na­rá ese ver a Dios que es la cum­bre de la fe­li­ci­dad del ser hu­mano.

IDA Y RE­TORNO: 13 de No­viem­bre día de nues­tra Pa­tro­na.

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