Re­cons­truir un país

Notitarde - - Ciudad - Vicente Lo­zano

Un país co­mo Ve­ne­zue­la, que ha caí­do a ni­ve­les de los paí­ses más po­bres del mun­do, le se­rá muy di­fí­cil res­ca­tar su eco­no­mía, si an­tes no se im­plan­ta un ver­da­de­ro plan de reac­ti­va­ción del sec­tor pri­va­do, que jun­to al sec­tor pú­bli­co, lo­gró lu­ga­res en­vi­dia­bles en La­ti­noa­mé­ri­ca por su pros­pe­ri­dad y rit­mo de cre­ci­mien­to por mu­chos años. Fue, esa du­pla lo que hi­zo po­si­ble que flu­ye­ran los ca­pi­ta­les ha­cia in­ver­sio­nes en to­dos los sec­to­res de la eco­no­mía. Ve­ne­zue­la, su pue­blo y sus ins­ti­tu­cio­nes, es­ta­ban jun­tos ha­cia el lo­gro de un país ca­da día me­jor. Ha­bía, un tre­cho lar­go que tran­si­tar pa­ra lo­grar un pleno desa­rro­llo, pe­ro ha­bía un am­bien­te atrac­ti­vo pa­ra los in­ver­sio­nis­tas y un go­bierno con cla­ra dis­po­si­ción de apo­yar sus ini­cia­ti­vas. Las or­ga­ni­za­cio­nes sin­di­ca­les y em­pre­sa­ria­les se sen­ta­ron en la mis­ma me­sa de dis­cu­sión, pa­ra el lo­gro en sus as­pi­ra­cio­nes, con el fir­me pro­pó­si­to de su­pe­rar los es­co­llos de la siem­pre as­pi­ra­ción de ca­da una de las par­tes. Ese, fue el am­bien­te que im­pe­ró por mu­chos años en de­mo­cra­cia. Hu­bo dia­lo­go, con un sec­tor pú­bli­co que es­ta­ba aten­to pa­ra co­rre­gir las di­fe­ren­cias y ga­ran­ti­zar las me­jo­res vías de en­ten­di­mien­to. Esa Ve­ne­zue­la des­apa­re­ció, aho­ra vi­vi­mos tiempos dis­tin­tos don­de los ob­je­ti­vos po­lí­ti­cos del go­bierno se im­po­nen so­bre el res­to de los sec­to­res eco­nó­mi­cos, gremiales, edu­ca­cio­na­les, cien­tí­fi­cos, cul­tu­ra­les y otros de me­nor par­ti­ci­pa­ción. El re­sul­ta­do de to­do eso lo ve­mos a dia­rio con la es­ca­sez, la de­va­lua­ción, la in­fla­ción des­bo­ca­da, la in­se­gu­ri­dad y el pé­si­mo es­ta­do de los ser­vi­cios pú­bli­cos. Lo más la­men­ta­ble de to­do eso, es la di­fí­cil si­tua­ción en la cual vi­ven las fa­mi­lias más po­bres. No tie­nen es­pe­ran­zas en los tiempos que vi­ven y los jó­ve­nes no ven un fu­tu­ro pro­mi­sor. Ca­da día, cre­cen sus ga­nas por ir­se del país. Ya se han ido no­ta­bles ce­re­bros, que hoy ocu­pan im­por­tan­tes car­gos en don­de pres­tan sus ser­vi­cios. Qué pe­na. Mien­tras to­do eso es­tá pre­sen­te, el pre­si­den­te pro­me­te un res­ca­te en és­te año 2017. Di­ría cual­quier ciu­da­dano y co­mo, de don­de, pa­ra cuan­do. Re­cu­pe­rar és­te país tar­da­rá años, qui­zás mu­chos si se man­tie­nen los pre­cios del pe­tró­leo por de­ba­jo de los 70 dó­la­res. Por otro la­do, que no re­quie­re ma­yo­res in­ver­sio­nes co­mo el sec­tor pe­tro­le­ro y ener­gé­ti­co, es­tá el sec­tor agrí­co­la que ha su­fri­do la ma­yor des­gra­cia por el aban­dono de las tie­rras cul­ti­va­bles. Hoy no se pro­du­ce en el cam­po, los ali­men­tos y la ma­te­ria pri­ma pa­ra la in­dus­tria, que se pro­du­cía en la dé­ca­da de los años 70. Ha ha­bi­do aban­dono y de­sola­ción. La in­dus­tria en és­ta ciu­dad de Va­len­cia, co­mo un ejem­plo, no es ni la som­bra de lo que fue a finales del si­glo pa­sa­do. Por ello, la re­cons­truc­ción de és­te país tar­da­rá años y si ca­da día ve­mos más in­cer­ti­dum­bre, me­nor se­rá la es­pe­ran­za de ver una Ve­ne­zue­la prós­pe­ra. En las ma­nos del go­bierno, es­tá la de­ci­sión de un cam­bio y de no ser así, nos es­pe­ran días de mu­chas di­fi­cul­ta­des pa­ra to­dos los que hoy vi­vi­mos en és­ta que­ri­da Ve­ne­zue­la.

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